Construyendo independentistas: el Prusés


En 2014 escribí un artículo titulado Cataluña y España: ¿son ellos, somos nosotros, o son los de siempre? Bueno, pues son los de siempre, nuestros inefables pirómanos españolísimos, a punto de chocar con la obcecación de los líderes cerriles de un Prusés descarrilado.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? La respuesta no es sencilla si no enfocamos el fenómeno independentista como lo que es, un proceso (en eso tienen razón) dinámico, que nace en 2006. Pero no se trata sólo de un fenómeno producido por intereses espurios (adjetivo que la RAE traduce por falsos y bastardos), que los hay, también hay un importante trasfondo irracional. Es necesario comprender el papel que juegan las ideologías, cargadas de creencias, y los sentimientos colectivos. Por esta razón incluyo dos relatos, uno es un mero repaso de hechos ocurridos en la década que empezó en 2005, el segundo un relato de emociones vividas desde la catalanidad. Es el otro punto de vista, ese que rara vez se escucha fuera de Cataluña.

Como decía, hay que retroceder a 2006, cuando el jefe de los pirómanos se jactaba de haber recogido 4.020.000 firmas en contra del Estatuto de Catalunya con una pregunta tramposa:

Recogida de firmas del PP contra el Estatut de 2006
Leed atentamente la pregunta. No se menciona el Estatuto catalán, y es difícil negarse al planteamiento de la pregunta. Así se entiende que más de 4 millones de españoles firmaran.  Recientemente el ex-ministro Margallo ha reconocido que tanto el recurso al Constitucional como la recogida de firmas fueron un error. No se espera que Rajoy reconozca nada.

¿Por qué considero a Rajoy un pirómano? En realidad, no. Para ser más preciso, lo considero el jefe sociópata de la cuadrilla de bomberos pirómanos, pero los hay en todos los lares: desde la guerrera Rosa Díez que tira de espada, pasando por esa cuadrilla de retroprogresistas que son y han sido Alfonso Guerra, Bono (el de U2 no, el otro), Rodríguez Ibarra, Lambán, Fernández Vara, etc. No incluyo más enlaces, pero sus barbaridades son fáciles de encontrar en Google: sólo poned el nombre del individuo y Cataluña.

Pero mejor no os lo cuento, os lo pinto:

Evolución del voto independentista
Hasta 2012 la gráfica recoge el voto al único partido autodeclarado independentista, ERC. A partir de 2012 el salto refleja la creación de Junts Pel Sí (JxS) y el advenimiento de la CUP.  Un extraño totum revolutum independentista de pequeña y alta burguesía, con el sorprendente apoyo explícito de los hijos de la tradición anarquista catalana.

Los hechos.

Para situarnos en el contexto temporal, el voto a ERC – insisto: hasta 2012, el único partido independentista – se mantuvo estable hasta que estalla la corrupción de CiU en el caso Roma. Más tarde, gobernando el PP de José María Aznar con mayoría absoluta desde marzo del año 2000, ERC duplicará su peso en Cataluña, pasando del 8,8% en 1999 al 16,6% de 2003. En medio, lo que los catalanes consideraron un ataque a su patrimonio con el Plan Hidrológico Nacional (PHN) de 2001.

En 2006, bajo gobierno socialista en minoría, se tramita el borrador del llamado Estatuto del Consenso bajo la inspiración de Pasqual Maragall. Durante este trámite, las críticas desde el propio PSOE fueron abundantes, y en ocasiones descalificadoras: Felipe González dijo que Maragall se está inventando Cataluña, Alfonso Guerra afirmó alegremente que se habían cepillado el borrador en Comisión, el Partido Popular recogiendo firmas al grito de se está reformando la Constitución por la puerta de atrás, etc.

Finalmente, el 21 de enero de 2006 Mas y Zapatero alcanzan un acuerdo in extremis, ninguneando al Govern Tripartito. Una tremenda bofetada a Maragall, al President de la Generalitat de Catalunya, y a las propias instituciones catalanas.

Lo que sale de las Cortes Españolas es, por tanto, un texto tan devaluado que incluso ERC, ponentes del Estatuto desde el inicio del proceso, vota en contra en el Congreso.

Cinco meses más tarde se convoca el referéndum de ratificación, para el que se posicionan en contra ERC (por escaso) y PPC (por excesivo). La Junta Electoral Central había prohibido a la Generalitat hacer campaña para fomentar la participación, de modo que la abstención superó el 50%. El resultado fue una votación descafeinada para un Estatuto descafeinado. Pero es aprobado, mal que bien, con el voto favorable del 73,9% de los electores que tuvimos moral para acercarnos a las urnas.

Fue un trámite tan decepcionante para quienes lo apoyaron, que se deshace el Tripartito PSC-ERC-ICV. El heterodoxo Maragall anuncia que se marcha, para gran alivio de su propio partido.

En julio de ese mismo año, el Partido Popular presenta un recurso ante el Tribunal Constitucional. Era de prever, pero también lo hacen las autonomías de Aragón, Baleares, Valencia, Murcia y La Rioja. Sin embargo, eso no impide que Valencia (2006) y Andalucía (2007) reformen sus Estatutos “inspirándose” en el modelo catalán, sin que nadie se rasgue las vestiduras, ni recurra al Constitucional.

Mal que bien, la política se va normalizando. En las elecciones autonómicas de 2010 ERC obtiene un pírrico 7,2% de los votos a candidaturas. Tras tres años de aplicación del Estatuto de 2006, el Ebro sigue sin oler a azufre, no se ha abierto ninguna grieta en la frontera de Tarragona, … Parecería que la política catalana sigue siendo un oasis, pero algo ha cambiado poco antes: el 28 de junio de 2010 el Tribunal Constitucional, por ocho votos contra dos, declara inconstitucionales 14 artículos, y otros 27 sujetos a la interpretación del Tribunal. Se anula o rebajan las menciones al carácter nacional, se limita el uso del idioma catalán, se retiran las competencias acordadas en materia de financiación, y un largo etcétera. Es un mazazo para la sociedad catalana comprobar que el criterio de las Cortes Españolas y el Tribunal Constitucional prevalecen sobre su voto.

El 10 de julio de 2010 se produjo una manifestación, posiblemente la más multitudinaria de la historia reciente de Catalunya, bajo el lema Somos una nación, nosotros decidimos. Un lema ya soberanista, subiendo un significativo grado el nivel de reivindicación.

En esta ocasión, los participantes muestran su enfado y decepción con sus propios dirigentes. En un determinado momento el propio President Montilla tiene que retirarse por motivos de seguridad.

Montilla tiene que abandonar la manifestación JUL10

Organiza la manifestación Ómnium Cultural, hecho que en su momento pudo pasar desapercibido, pero es trascendente para esta historia. Esta entidad cultural, creada inicialmente para promocionar el uso de la lengua catalana, tiene una profunda raigambre nacionalista que se reorienta hacia el independentismo. Y es que esa desafección de la que habla Montilla, empuja a la ciudadanía hacia organizaciones civiles, obviando las instituciones políticas. Hay que recordar al respecto que la sociedad civil en Cataluña tiene un significativo peso político.

En los años siguientes crecen, pausada pero continuadamente, las organizaciones de cariz netamente independentista. Por ejemplo, la Asamblea Nacional Catalana (ANC), cuyo objetivo estatutario es alcanzar la independencia de Cataluña, pasa de los 1.500 socios aproximadamente de 2011 a los 80.000 de 2015.

Fue precisamente la ANC, la responsable de acciones de gran visibilidad como la cadena humana de 2013, la encargada de organizar una de las Diadas más concurridas desde 1977 bajo el lema Cataluña, nuevo estado de Europa. Ya no es sólo soberanismo, se explicita el deseo de independencia.

Sospecho que fue en ese momento cuando los herederos de Jordi Pujol, en una CDC acosada por las noticias de corrupción, vieron que sólo podían elegir entre liderar el movimiento, o desaparecer arrollados. Dos días más tarde, la presidenta de ANC Carme Forcadell, actualmente Presidenta del Parlament de Catalunya, y otros cuatro miembros hablaron durante una hora con Artur Mas en una recepción oficial. En esa reunión ya le proponen al President elecciones plebiscitarias, que finalmente se convocarán en 2015.

En estas elecciones, CDC (ya sin Unió, se había roto CiU) se presenta entrelazada en la plataforma electoral Junts pel Sí (JxS, Juntos por el Sí) con las asociaciones  independentistas más importantes, y ERC. La CUP declinó entonces la oferta, aunque desde fuera ha continuado apoyando – yo incluso diría que empujando – a JxS.

Los sentimientos.

Hasta aquí la secuencia de acontecimientos, que seguramente habrán dejado en el lector algún poso de incomprensión. ¿Por qué se le dio tanto peso al Estatuto de 2006? ¿Tanto destrozo causó el Constitucional? Si lo analizamos racionalmente, probablemente no sea así, pero no es un tema racional sino de emociones, de identidad personal y colectiva.

Os propongo un pequeño ejercicio de imaginación. Para ello, recordad que nadie elige dónde nace.

Imaginad por un momento que visteis el sol por primera vez en algún lugar de Cataluña. Las primeras voces que oísteis os hablaron en catalán, en catalán fueron las nanas que os cantaba vuestra madre, y catalán fue el único idioma que escuchasteis hasta llegar al colegio. A esos denostados colegios en los que aprendisteis castellano como un segundo idioma. Es decir, correctamente. Aunque como en todas partes, la gramática parda, insultos y tacos en español os los enseñaron vuestros compañeros hijos de inmigrantes. Fuisteis creciendo. Y fue en catalán cuando confesasteis vuestro primer amor diciendo t’estimo.

Imaginad ahora que obtenéis el carnet de conducir y decidís viajar por España para estrenarlo. Os sorprenderá encontrar por doquier autovías gratuitas, mientras pagáis diariamente más de 6€ para recorrer los 35 km entre Sitges y Barcelona. Escucháis en las noticias que Andalucía proporciona servicios sanitarios que el sistema de salud catalán no puede ofrecer. De fondo escucháis un clamor de vuestros representantes políticos reclamando conocer las balanzas fiscales entre comunidades autónomas, pero el gobierno se niega. ¿Qué esconden? De hecho, los saldos fiscales no se publicarán hasta julio de 2008.

Con frecuencia os han hecho sentiros diferentes en otros lugares de España. Esa farmacia que se niega a daros un medicamento porque la receta viene en catalán, siendo el nombre del preparado idéntico. Los desconocidos que escuchan vuestro acento y arrancan a insultar a Cataluña, y de paso a vosotros. Los graciosos que cuentan chistes impertinentes que os ofenden. Los idiotas que se empeñan en haceros saber lo que opinan de los separatistas (pese a que vosotros no conocéis personalmente a ninguno). Si encontráis a un conocido en Madrid, no se os ocurra hablar catalán en público: no habrá problema si os comunicáis en inglés o francés, incluso en murciano, pero en catalán ni se os ocurra que os tacharán de maleducados…

Cuando finalmente regresáis y cruzáis el Ebro sentís alivio, la sensación de haber llegado a casa, a vuestro hogar.

Estas experiencias visibilizan y fortalecen la sensación de comunidad. Os volvéis creyentes cuando os dicen que Cataluña es una nación. No sabéis muy bien qué significa eso, pero lo adoptáis como una parte de vuestra identidad. No es, ni mucho menos, una identidad exclusiva: si os preguntan si sois españoles, la respuesta es obvia. Pero si os preguntan de dónde sois, responderéis también sin dudar que catalanes, y no entendéis por qué eso enfada a otros españoles. ¿Por qué deberíais limitaros a ser o españoles, o nada, pudiendo serlo todo?

En estas circunstancias llega un chiflado maravilloso llamado Pasqual Maragall y consigue lo que parecía imposible: unir a tres cuartas partes del Parlament en la redacción de un estatuto nuevo. Un documento en el que Cataluña se reconoce como nación (sigues sin saber lo que es, pero te gusta como suena), mejora la financiación, blinda aquello que funciona.

Mucha gente diría entonces que nadie había pedido un nuevo estatuto, que no beneficiaba a nadie. Así lo dijeron en Madrid, Andalucía y Extremadura gentes muy diversas. Casi nadie lo dijo en Cataluña, excepto el PPC. Era necesario un revulsivo contra un malestar creciente, como los Juegos Olímpicos lo fueron para la ciudad de Barcelona. Por eso has participado en la redacción del también llamado Estatuto de Todos, como otros miles de conciudadanos. Por primera vez has sentido que la política se refería a ti, te incluía.

Pero vas leyendo cómo el PP, con Rajoy al frente, hace todo lo posible para denigrar ese Estatuto que has hecho tuyo. Incluso recogiendo más de cuatro millones de firmas, sin saber qué te duele más, si la recogida de firmas o que cuatro millones de supuestos compatriotas lo hayan apoyado. También se habla de un recurso ante el Tribunal Constitucional, pero a esas alturas ya hay poco que te sorprenda. Tu capacidad de asombro se agotó viendo el acto anti-estatuto promovido por el PP, y recuerdas las palabras recientes de Carod-Rovira: “Sean conscientes de que si ahora nos cierran esta puerta, ¿qué otra puerta dejarán abierta?”

Acto contra el Estatuto de 2006 organizado por el Partido Popular
Fue un acto del más rancio tradicionalismo, Rajoy afirmó “hay una única nación, la española”, que no se puede “dividir en parcelas” y que “no está sometida al dictado de un tirano, de un partido totalitario o de un credo nacionalista obligatorio”.

Pero sigues teniendo esperanza, porque Zapatero ha prometido apoyar ese Estatuto. Estás delante del televisor cuando Carod-Rovira, en un perfecto gallego y con no poca retranca, le da las gracias a Rajoy porque sin él ERC no podría haber crecido tanto. Y empiezan los debates y las noticias. Escuchas a los bocachanclas de uno y otro lado soltar gracias y ofensas. Pero aguantas, porque crees que por duro que sea, habrá valido la pena. Y sigues aguantando cada vez con menor esperanza cuando escuchas un cínico Alfonso Guerra reírse al decir que se ha cepillado al Estatuto, y compruebas dolido como el PSOE le ríe la gracia.

Ya estás más que cabreado a esas alturas, pero sigues aguantando. Aún confías en tus dirigentes electos. Y en estas que asistes ojiabierto al cierre de este penoso trámite parlamentario con el humillante acuerdo entre Mas y Zapatero, a espaldas de Maragall y compañía. Ya no queda entusiasmo, desaparece el cabreo, queda tan sólo resignación. La dolorosa sensación de haber sido humillado públicamente por tus compatriotas, que en ese momento no lo son tanto.

Cuando se convoca el referendo de ratificación, comprendes perfectamente que más de la mitad del censo pase de acudir a votar ese Estatuto que antes llamaban de Todos, pero ya no.  Es la desafección que proclama tu nuevo Presidente, el Presidente Montilla. Pero tú aprietas los dientes y acudes al colegio electoral, porque no has llegado hasta aquí para rendirte ahora.

Va pasando el tiempo, poco a poco vas superando la humillación. Maragall ha renunciado, abatido por el fuego amigo. Ya sólo quedan los políticos de siempre, parece que todo regresa por donde solía. Mientras tanto se han conocido las balanzas fiscales, y efectivamente algunas autonomías están sacando tajada de tus impuestos, aunque parece que no tanto como de Baleares, flaco consuelo. Sin embargo te llegan noticias de que la financiación prevista en el Estatuto está funcionando algo mejor. Algo es algo.

En ese contexto llega el golpe que ya nadie esperaba: el Tribunal Constitucional no sólo ha tumbado algunas mejoras, sino que incluso ha tocado sectores que dabas por garantizados, y funcionaban sin problemas: la lengua, la escolarización, … De pronto te das cuenta de que no hay esperanza alguna de progreso dentro de España. Las opciones ya se han reducido a dos: aceptar la situación actual sin esperanza de mejora, o ser eso que llevan décadas diciendo que eres sin serlo, un separatista.

Pues muy bien, si no te quieren te vas, que la desafección ya es pura rabia. Has pasado del seny (serenidad) a la rauxa (furia). Mucha otra gente como tú, que jamás pensó en serio en eso de la independencia – que achacabais a cuatro nostálgicos trasnochados – empieza a organizarse en foros y asociaciones, al margen de los partidos. Hay una manifestación, y acudes. En la Diada siguiente te encuentras rodeado de banderas esteladas. Alguien te tiende una, y la coges.

Oyes a un tal Pablo Iglesias reclamar desde Madrid un referéndum legal que, a estas alturas, sabes que nunca ocurrirá. Y sospechas que, al igual que la mayoría de los dirigentes españoles, él también lo sabe. El Govern dice que lo intentará, no te lo crees pero tampoco importa.

Y llegan las elecciones de 2015, gana una mayoría de diputados que apoyan la independencia, pero ves allí las mismas caras que antes defendían lo contrario, excepto ERC. Desconfías de las instituciones, pero ya da igual. Tú, como ciudadano transformado por esta década, has tomado tu decisión. Quieres, necesitas un futuro distinto. Cueste lo que cueste.

4 comentarios sobre “Construyendo independentistas: el Prusés

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  1. La pregunta de la recogida de firmas del PP tiene tela, no me acordaba yo de eso.

    Lo de las autovías, vale, pero en lo de “Escucháis en las noticias que Andalucía proporciona servicios sanitarios que el sistema de salud catalán no puede ofrecer”, imagino que algo habrán tenido que ver también los chorizos que han tenido dirigiendo el cotarro catalán durante décadas, y que sin embargo son tratados ahora como mártires e ídolos de la revolución (léase Artur Mas, por ejemplo).

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    1. Buenos días Salva. Recuerda que no se trata de comportamiento racional, sino de sentimientos y emociones, que son previos a éste. En esta visión simbólica, efectivamente los dirigentes – y yo citaría a Jordi Pujol como precursor, Artur Mas sólo aplicó lo aprendido – apelan a las emociones relegando otras perspectivas a un segundo plano.
      Esto es algo que domina el Partido Popular a la perfección. De ahí que la corrupción apenas les impacte tapada por el grito de “¡Se rompe España!“. Esta humareda es un favor de JxS que los dirigentes del PP no podrían pagar, un favor de los que hacen época y que se refuerza mutuamente.
      Te recomiendo la Masterclass de Manuel Castells al respecto. Te he puesto el enlace en el punto en que habla de este tema, pero toda la charla es interesante.
      Este mismo mecanismo hace que lo que ocurre en un momento dado no tenga repercusiones a corto plazo. Por ejemplo, recuerda el 15M y las elecciones posteriores, o que la trifulca actual no haya variado un ápice las intenciones de voto.
      Saludos, V.J.

      Le gusta a 1 persona

Gracias por dejar un comentario. Nota que no se aprobarán aquellos que superen las 250 palabras, o contengan afirmaciones no demostradas. Por ejemplo, si afirmas que la madre de algún personaje público ejerce la prostitución, tendrás que aportar pruebas.

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