El Prusés desde la perspectiva sociológica


Al escribir el artículo anterior sobre el Prusés, el objetivo era demostrar que en este fenómeno de desafío al Estado existen al menos dos grandes tipos de discurso – el objetivo y el subjetivo – y que ambos son inseparables.

El primero se escribe desde la descripción política, el segundo desde la etnografía. Pero faltaba el punto de vista sociológico. Esta es la finalidad de este artículo, complementario al que le precede y sensiblemente más técnico. No es ni pretende ser un trabajo académico, pero sí tan riguroso como lo permite el espacio.

Intentaremos dar respuesta a esas preguntas cuya respuesta ignoran muchos de nuestros políticos españoles, y otros acaban de descubrir: ¿qué es una nación? ¿Lo es Cataluña? ¿Y España? ¿Puede todavía resolverse este conflicto? Con ello acabo esta mini-serie.

Y no, no creo que esta bocachanclada tenga nada que ver…

La nación…

En política se utilizan predominantemente dos definiciones de nación. La primera, que acostumbran a manejar las ideologías de tipo centralista, procede de la ilustración francesa. Lo habían planteado Voltaire y Montesquieu, pero encuentra su máxima expresión en Rousseau: los ciudadanos deben subordinar sus intereses al bien común. En esta visión, la nación la constituyen quienes desean convivir en una única comunidad política, cualquiera que sea su origen, religión, etnia, etc. Es consecuente con un estado jacobino centralizado como el francés, pero ¿se adecua a la realidad política española?

Con frecuencia, la formación de la organización política y administrativa del Estado precede a la formación del sentimiento nacional, que es desarrollado desde arriba por imposición. Esta es la visión de nación promovida por los diferentes gobiernos españoles, y consolidada en la Constitución:

Artículo 2.- La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.

El segundo concepto procede de la tradición alemana, actualmente una república federal, donde se creó una nacionalidad común para territorios de diferentes culturas y tradiciones. Quienes participan de determinados rasgos culturales – idioma, etnia, tradición política, religión, etc. – y además comparten un sentimiento de comunidad histórica, conforman una nación. En esta perspectiva, la nación precede necesariamente al estado. Es la definición que tradicionalmente se ha venido utilizando en los discursos nacionalistas de Cataluña o País Vasco.

Notad, sin embargo, que el artículo 2 de la Constitución Española no dice que España sea la única nación, tan sólo habla de un modelo estatalizado de nación, la española. Por tanto, cuando se afirma que España es una nación de naciones, se está intentando refundir ambos conceptos: las naciones culturales se integrarían en una gran nación política, que sería la nación española. Por tanto, no se trata en absoluto de inventar nada nuevo, ni tampoco de reventar el Estado-nación, tan sólo de acomodar el contexto jurídico a la realidad política.

Queda por tanto claro que, de acuerdo con la tradición alemana, hoy por hoy Cataluña es una nación sin estado. Como también lo es la nación kurda, por poner un ejemplo que Rajoy no pueda llevar al Tribunal Constitucional.

Potencialmente podrán optar a esta identidad nacional los colectivos que se sientan partícipes de tradiciones culturales, jurídicas e históricas, marcadamente diferenciados de sus comunidades vecinas. Pero en realidad, de todas las anteriores, sólo adquirirán una identidad nacional efectiva aquellas comunidades se reconozcan como tal. Y hoy por hoy, sólo se me ocurren tres, las mismas a las que alude Pedro Sánchez después de haberse estudiado la lección:

En cambio, la ambición que muestra en este vídeo Susana Díaz sólo puede interpretarse desde la estrategia del culo veo, culo quiero, o su versión marxista: lo que tengan los catalanes, ¡y dos huevos duros!

Disculpadme si me sublevo, pero ¿desde cuándo una identidad, un sentimiento colectivo, es una prebenda que se pueda reclamar? Qué vergüenza me hacen pasar a veces los míos…

…y el nacionalismo.

No subestimemos una de las ideologías más poderosas de la modernidad. Se basa en el carácter incuestionable (es decir, construido como dogma) de la nación, y en la fuerza que adquiere en la defensa de una identidad. Ambos factores involucran emociones elementales.

Una vez aplicamos el concepto de nación a la dinámica de grupos, estaríamos en lo que Benedict Anderson llamaba “una comunidad política imaginada”, que no por imaginada es menos real para quienes la incorporan a su identidad social. Cuando este ideario simbólico se consolida institucionalmente, los individuos se ven obligados a situarse políticamente frente a la nación, bien integrándose, bien rechazándola. Tanto en uno como otro caso, no por ello sus oportunidades de desarrollo dejan de estar ligadas a la evolución histórica de la comunidad, que se convierte en los cimientos del orden social.

Consecuentemente, cualquier amenaza a la nación debe ser combatida con todas las armas al alcance de la sociedad. Y esta reacción frente a las amenazas a la nación implica tanto a quienes defienden un concepto de nación, como al opuesto. Es decir, no estoy hablando sólo del bloque nacionalista catalán, también del españolista a ultranza. Sólo desde esta perspectiva se entiende la ausencia de diálogo entre los dos gobiernos del Estado, el central y el catalán.

A lo largo de este artículo ya he mencionado varias veces el concepto de identidad. Hablemos de ello, partiendo de lo más elemental en esta materia:

Las identidades sociales siempre son construidas.

Claro, que Cataluña tiene otra vía para ser reconocida como nación, y es la que señala el propio Rajoy: cuando una nación tiene estado propio, los enfoques arriba-abajo y viceversa se superponen. Por tanto obtengamos un estado, redactemos su constitución, y adelante. ¿Cómo se consigue movilizar un colectivo en esta dirección? Para entenderlo hay que partir de la clasificación de los diferentes tipos de identidad, y lo haré basándome en Manuel Castells (2003, p.36-38).

Las identidades legitimadoras son promovidas desde las instituciones dominantes, desde el poder político. Su función es construir instituciones y organizaciones de dominio, y consolidarlas en el imaginario social. Esto es, crear un determinado modelo de sociedad civil. La legitimación las objetiva convirtiéndolas a nuestros ojos en cosas inmutables, y por tanto aceptamos – con mayor o menor entusiasmo, eso sí – su derecho a ejercer la coacción. Por este motivo es tan poderoso el desafío actual de las instituciones catalanas: niegan la legitimidad de las instituciones españolas (tribunales, leyes, gobierno, …). Es algo que el estado español no puede aceptar bajo pena de desaparecer, y no estoy exagerando.

El colectivo catalán, hasta 2010, compartía una identidad de resistencia, que conduce a la formación de comunidades. Son formas colectivas contra la opresión – tanto sea ésta real o percibida – construidas sobre diferenciaciones étnicas, históricas, geográficas, … Estas características diferenciadoras marcan las fronteras del grupo produciendo la “exclusión de los exclusores por los excluidos”, en palabras de Castells. Así es como se genera una visión del colectivo español frente al catalán, cuando jurídicamente tan español es un madrileño de nacimiento (alguno habrá) como alguien que nunca haya salido de Barcelona.

Bajo determinadas circunstancias, puede producirse el paso de una identidad de resistencia a una identidad proyecto, más adecuada para construir un nuevo contexto vital. Un movimiento social que se expande hacia la transformación de la sociedad. Para entenderlo nos resultará muy útil el concepto de identidad movilizada, extraído de la teoría propuesta por Sabucedo, Durán y Alzate en su artículo publicado en la Revista de Psicología Social de 2010, Identidad colectiva movilizada.

De identidad politizada a identidad movilizada.

Los grupos analizan su situación y los factores que la configuran. Tarde o temprano llegarán a la conclusión de que su situación como colectivo no es independiente de las relaciones de poder en las que interviene. Hablaremos en ese caso de una identidad politizada.

Pero no necesariamente una identidad politizada decidirá pasar a la acción. Si se considera que la lucha es inútil porque el exogrupo – llamémosle en este caso español – tiene gran capacidad de coacción sobre el grupo propio – al que llamaré catalán -, posiblemente acabe cayendo en el fatalismo. Es decir, caiga en el conformismo propio del victimismo. Ése sería el objetivo del gobierno español, conseguir que la sociedad catalana aceptase el estatu quo, como resultado de un proceso de conformidad forzada.

Sin embargo, también es posible que éste se supere, avanzando hacia la creación de una comunidad de proyecto. Para que esto ocurra, un paso necesario es que los miembros comprendan que sufren agravios e injusticias precisamente por su pertenencia al grupo. Tanto si éstas son reales como percibidas, pero siempre como consecuencia del poder coactivo que se ejerce desde el exterior.

Es decir, el colectivo catalán debe percibir que ha sido agraviado de forma continuada e intencionada por el colectivo español, y no existe una alternativa institucional a la acción dentro de las normas vigentes. Podemos llamarle rebeldía, insumisión, negación, pero en todo caso la creación de asociaciones cuyo objetivo es la independencia, así como la altísima participación en movilizaciones, es sin duda fruto de una movilización para la acción.

Cuando la identificación con el grupo propio es los suficientemente fuerte, el individuo creerá que, en caso de éxito, el beneficio colectivo es mayor que los riesgos personales como fruto de su acción. En estas circunstancias, se sentirán impulsados a actuar en el nombre de su comunidad, asumiendo las posibles – y aún, probables – consecuencias.

Resumiendo, para que exista una identidad movilizada dispuesta a actuar a pesar de los riesgos, es indispensable la percepción de una situación de agravio extremo y continuado. Adicionalmente, debe entenderse que este contexto de opresión sólo puede ser resuelto mediante la movilización social, al carecer de vías institucionalizadas alternativas a su alcance.

A satisfacer estos requisitos se ha dedicado con extrema dedicación y empeño buena parte de la élite política española, esforzándose con especial denuedo nuestro presidente del gobierno.

¿Cómo puede resolverse este conflicto, sin llegar a la confrontación?

De entrada, veamos qué no va a funcionar.

Es improbable que el jefe sociópata de los bomberos pirómanos – léase Mariano Rajoy – vaya a cambiar de estrategia, ocurra lo que ocurra. Porque a él le va estupendamente así, y de paso se desvía el impacto político de la corrupción.

Mientras se mantenga la amenaza de conflicto y se renuncie a una negociación efectiva, con agentes creíbles, el conflicto no puede sino empeorar. Por ejemplo, para activar el artículo 155 de la Constitución Española que permite al Gobierno tomar medidas para obligar el cumplimiento forzoso de la normativa autonómica, sólo se requiere mayoría absoluta en el Senado. ¿Alguien duda que el gobierno español se atreva a hacerlo? Porque poder, puede. Sería una segunda versión de lo que ocurrió en 1934 al declarar el entonces President Companys la República Catalana, y la cosa acabó con intervención militar.

Olvidémonos del referéndum de independencia. Sólo puede autorizarlo el gobierno, y el actual no lo hará. La ley orgánica 2/1980 sobre regulación de las modalidades de referéndum establece toda una serie de limitaciones para las autonomías que lo hace altamente improbable, cuando no imposible.

Por otra parte, no es posible efectuar una pregunta contraria a la propia Constitución, y aquí tropezamos con el artículo 2, ya mencionado. Tampoco creo que los catalanes, en este momento, aceptasen una pregunta negociada que no incluyese la autodeterminación, a menos que se les ofrezca una alternativa viable y motivadora.

Es decir, recordemos, por ejemplo, que si suprimimos la opción independentista del texto de la pregunta y extendemos el ámbito al estatal, el referéndum sigue siendo extremadamente difícil, pero ya no imposible. Es decir, ¿por qué no preguntarnos todos los españoles si queremos seguir como estamos, u optamos por un sistema federal?

¿Qué puede debilitar el conflicto, o incluso detenerlo?

Un ofrecimiento de algo radicalmente distinto al discurso imperante. A este respecto, creo que sería importante que el PSOE se distanciase del gobierno en este tema. Se necesita un interlocutor válido para plantear un nuevo modelo de relaciones, y éste no puede ser un grupo que se alinea en las fotos con los percibidos como culpables de la situación.

Por otra parte, existen propuestas alternativas en el orden federal que pueden significar, al menos, un alto para replantear opciones. Si analizamos encuestas disponibles sobre el independentismo, vemos que los resultados obtenidos son diferentes según se ofrezcan sólo las dos opciones disponibles en este momento – resignación y enfrentamiento – o se incluya una tercera.

Tomemos por ejemplo el resumen en español de la publicación de junio 2017 publicada por el Centro de Estudios de Opinión (algo así como el CIS de la Generalitat de Cataluña). A una pregunta binaria sobre independencia 41,1%% de los encuestados estarían a favor y el 49,4% en contra. En cambio, cuando introducimos una tercera opción – Estado federal – los resultados fueron de 34,7% a favor de la independencia, 21,7% optaron por un estado federal, 30,5% por la Comunidad Autónoma actual. Sigue siendo una mayoría independentista, pero mucho más alejada de la mayoría absoluta.

CEO - Relaciones Cataluña España JUN17

NOTA: Como se ve en el gráfico inferior la apuesta por la independencia ha disminuido notablemente desde 2013, y lo aún lo sigue haciendo, aunque mucho más despacio. Pero que nadie voltee las campanas: recordad que el nivel de movilización apenas ha variado, y el porcentaje de insatisfacción con la autonomía actual se mantiene estable.

Concluyendo.

Se me ocurre impulsar lo que Muzafer Sherif definía como metas supraordinadas, una de las herramientas clásicas en la resolución de conflictos. En el fondo sospecho que esto es precisamente lo que pretendía Maragall con el estatuto de 2006: el establecimiento de un proyecto que requiera necesariamente la coordinación de todos (o casi todos: el PPC se autoexcluyó) y desactivase un, entonces, posible conflicto por la financiación. Claro que conociendo un poco al personaje Maragall, también pudiera ser que simplemente echase de menos el subidón de los JJOO de 1992.

En cualquier caso, no soy quién para proponer un nuevo proyecto capaz de unir en su objetivo al conjunto de España, Cataluña incluida. Esa es una tarea para nuestros representantes políticos. Lo que sí puedo afirmar sin temor a equivocarme es que, sin rascar más que la superficie, las necesidades que afloran son muchas, y de gran calado. Desde la construcción de una vez por todas de un modelo social incluyente, la modernización de la estructura del estado, la recuperación de las instituciones, la inserción en la Europa Económica, y muchas más.

Damas y caballeros, por favor pónganse a ello y dejen de dinamitar la brecha antes de que se transforme en un abismo.


Trabajos citados

Castells, M. (2003). LA ERA DE LA INFORMACIÓN VOL 2: el poder de la identidad. Madrid: Alianza Editorial, SA.

Sabucedo, J. D. (2010). Identidad colectiva movilizada. Revista de Psicología Social, 25(2), 189-202. Recuperado el 8 de abril de 2017, de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3193452

 

Un comentario sobre “El Prusés desde la perspectiva sociológica

Agrega el tuyo

Gracias por dejar un comentario. Nota que no se aprobarán aquellos que superen las 250 palabras, o contengan afirmaciones no demostradas. Por ejemplo, si afirmas que la madre de algún personaje público ejerce la prostitución, tendrás que aportar pruebas.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

Salva Solano Salmerón

Bacineamos de to lo que se menea

Joven Furioso

Escritos, divagaciones y un chancletazo al libre albedrío.

Vota y Calla

No te metas en lo que SÍ te importa

Blog del Gran Baladre

Bacineamos de to lo que se menea

Blog de Gregorio López Sanz

Bacineamos de to lo que se menea

Colectivo Novecento

Blog de economía crítica y pensamiento político

REMEMORACIÓN

Memoria de las víctimas, Historia y Política

Economistas Frente a la Crisis

El pensamiento económico al servicio de los ciudadanos

A %d blogueros les gusta esto: