El desequilibrio de género en la investigación científica


En un estudio de sociología se nos pidió analizar una política de equidad para mujeres investigadoras científicas de la Generalitat de Catalunya. En sí la política carecía de relevancia, pero al iniciar la recopilación documental empezaron a aparecer rasgos de discriminación por género que no desmerecen en absoluto de los que podemos encontrar en cualquier otra área. 

Por ejemplo, sólo dos mujeres han recibido el nobel de Física desde 1901, y ambas lo compartieron con un hombre. La medalla Fields, el equivalente al Nobel de matemáticas, sólo ha sido otorgado a una mujer desde su institución en 1936, y ocurrió en la última edición de 2014.

Pero no se trata tan solo de la actividad investigadora per se. Según el barómetro de la Obra Social de La Caixa, en 2013 sólo un 21% de las personas que alcanzan una cátedra universitaria o el estatus de profesor emérito, son mujeres. No parece una deficiencia que quepa limitar en el espacio, el tiempo o un ámbito del saber, sino en un paradigma patriarcal globalizado.

La igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres a examenDentro de la propia profesión científica se minimiza el problema: mayorías significativas opinan que la equidad se alcanzará con el tiempo, que el acceso a cargos de responsabilidad es una simple cuestión de esfuerzo, que la ciencia no discrimina… Incluso una mayoría de mujeres participa de este consenso, sin base objetiva. Existe un sesgo heurístico, invisible y marginado de la Historia, que favorece estas perspectivas dóxicas, ese sentido común del discurso hegemónico, compuesto de ideologías y consensos que ya nadie cuestiona.

Desde el atomizado sistema político de decisiones se ejercen acciones incentivadoras que, además de su condición de asistémicas, tienden a enfocar los síntomas sin profundizar en las raíces sociológicas del problema.

Si en uno de los estratos más altos del pensamiento humano se producen estos sesgos, ¿cómo esperar una solución en los más bajos?

El objetivo de este artículo es analizar críticamente la situación de las mujeres en la ciencia, y describir el contexto en el que se desarrolla la desigualdad. Enfocaré el tema del desequilibrio de género en la ciencia desde una perspectiva de relaciones de poder, dentro del actual modelo global de sociedad red. El objetivo final de este trabajo es, partiendo de la identificación del problema sociológico, localizar las potenciales opciones igualadoras al alcance del colectivo discriminado.

Introducción

En julio de 2017 el Instituto Catalán de la Mujer (ICD) y Centros de Investigación de Cataluña (CERCA)[1] firmaron un convenio de colaboración para visibilizar “el talento femenino y las aportaciones de las mujeres en el campo de la ciencia y la tecnología”.

Los objetivos del convenio son “promocionar las mujeres investigadoras” y “proporcionar modelos de mujeres científicas a las mujeres jóvenes” mediante el “impulso de las vocaciones científicas y tecnológicas de las mujeres haciendo visibles sus aportaciones”. En otras palabras, facilitar la oferta de mano de obra femenina en las áreas punteras, científicas y tecnológicas.

La iniciativa se justifica porque “las mujeres representan un 37% del personal investigador… y sólo un 25% de los responsables de grupos de investigación”.

La perspectiva política

En las metodologías de resolución de problemas más habituales los objetivos son paliar, curar y prevenir recurrencias. ¿Qué tipo de política pública comunica la nota de prensa?

De momento podemos establecer que se trata de una política paliativa que reacciona frente a un problema social, en un entorno participativo que implicará a diversos agentes: la administración pública, empresas, centros de investigación, personal cualificado femenino.

Hasta aquí la perspectiva política, ahora toca elucidar el posible problema sociológico.

Ámbito problemático

El primer paso de un análisis crítico es verificar si existe un problema desde la perspectiva sociológica, y en ese caso definirlo y acotar su contexto. Empecemos comprobando si la sociedad cree que es un conflicto que requiera de soluciones políticas.

Conocimiento público del área del problema

Ni la discriminación de la mujer, ni la investigación científica en general, son considerados problemas por la sociedad española a tenor del barómetro del CIS de septiembre 2017: los problemas relacionados con la mujer obtienen, en una primera respuesta, una puntuación de 0,1 al igual que la falta de inversión en I+D. Este resultado es muy similar tanto si la respuesta procede de un hombre o mujer.

Por tanto, el posible conflicto es una realidad[2] minoritaria, no interiorizada por la mayoría social. Veamos si son ciertas las carencias expuestas en la presentación del convenio.

Promoción de mujeres investigadoras

Empecemos por el mayor centro investigador público estatal, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Géneros investigadores del CSIC entre 2005 y 2015
Fuente Mujeres y Ciencia, web del CSIC: http://www.csic.es/mujeres-y-ciencia

Aunque la desigualdad se ha reducido ligeramente entre 2005 y 2015, del gráfico se deduce que la oferta de personal investigador femenino supera a la masculina inicialmente, para invertirse inmediatamente y divergir a medida que se desarrolla la carrera en el CSIC.

Podríamos pensar que es un sesgo de género de la política de personal del CSIC, pero es fácil comprobar que se repite a nivel universitario, tanto en España como en la media de UE, según los niveles de titularidad del profesorado[3].

Géneros en la universidad española
Anna Villarroya, Barómetro de la Obra Social la Caixa. Fuente https://observatoriosociallacaixa.org/dosiers

Un último ejemplo de fuerza simbólica ejercida por el patriarcado. En el mundo académico, son las publicaciones científicas quienes proporcionan visibilidad y prestigio. De nuevo las mujeres quedan en segunda posición: tan sólo en Rumanía (59,67%) superan a los autores varones, y en un puñado de estados se acercan a ellos.

Autoría femenina de publicaciones 2011
Fuente: http://www.oecd.org/gender/data/women-in-scientific-production.htm

Modelos de mujeres científicas

Veamos ahora si existen modelos de científicas para las jóvenes. En ciencias, la plataforma que otorga la mayor visibilidad global es el premio Nobel. Para las matemáticas las Medallas Fields y los premios Abel.

Mujeres que recibieron el nobel en el siglo XX
Elaboración propia, fuente Wikipedia. La única mujer que obtuvo la Medalla Fields la recibió en 2014. Los premios Abel se instituyeron en 2003, ninguno ha recaído todavía en una mujer.

Ocho de 468 en el siglo pasado. ¿Y ahora? En los últimos diez años una mujer ha recibido, por primera y única vez desde que se creó, la Medalla Fields, y 5 mujeres el Nobel de Medicina de un total de 25 premios entregados.

Por tanto, sólo en Medicina, ligada al cuidado de la familia y por tanto más cercana al rol de género femenino, la mujer es un poco mejor valorada, aunque todavía lejos de la igualdad. E incluso con esa ligera corrección en el área de la investigación sanitaria, la discriminación permanece en nuestro siglo. No es coyuntural, sino estructural.

¿Cómo interpreta el personal del CSIC esta aparente evidencia?

No es problema de la ciencia, sino de la sociedad

En 2006 el Instituto de la Mujer (García de Cortázar, y otros, 2006, pág. 148) se lo preguntó. Éste fue el resultado:

Encuesta (I)
(García de Cortázar, y otros, 2006, pág. 148)

Siguiendo a Bourdieu (2000), los hombres que responden a la encuesta aplican una fuerza dominadora simbólica, suave e invisible, y las dominadas que han alcanzado el éxito profesional han acabado por adoptar el punto de vista del dominador. El caso es que los profesores investigadores de ambos sexos – el puesto de mayor responsabilidad encuestado – coinciden en que es un tema de esfuerzo, y no de discriminación en el mundo de la ciencia (ellos están de acuerdo en un 73.7%, ellas en el 70%).

Y sin embargo la percepción por géneros cambia cuando se trata de opinar por la igualdad del acceso a los cargos directivos:

Encuesta (II)

Encuesta (III)
(García de Cortázar et al., 2006: 156 y 157)

El problema es invisible para los hombres, el sesgo de género ha sido internalizado: existe una realidad diferenciada para hombres y mujeres en el universo simbólico de la ciencia.

Pero quizás no sea una diferencia de género, sino de sexo. Veamos.

La ciencia es una vocación masculina

Dentro de la doxa[4] del conocimiento[5] mayoritario, la violencia simbólica[6] del lenguaje sostiene que las mujeres están menos capacitadas para la ciencia, que su vocación científica es inferior, o que no desean puestos de responsabilidad. Comprobémoslo.

La tercera proposición queda descartada por el estudio ya citado:

Encuesta (IIII)
(García de Cortázar et al., 2006: 158)

La vocación es tanto o más fuerte en las mujeres que en los hombres en la profesión investigadora: ya hemos comprobado que al inicio de la carrera científica ellas son mayoría. Otro tanto ocurre en las universidades, en estudios relacionados con ciencias o ingenierías: 54,9% de media en EU-28, 53,6% en España[7].

Queda la idea de que las mujeres están biológicamente menos capacitadas que los hombres para el estudio científico. Sin embargo, esta afirmación es, como mínimo, dudosa: si bien en general las chicas sacan peor nota que los chicos en ciencias – el promedio de resultados OCDE en PISA 2015[8] fue de 489 ellas, 498 ellos – al desglosar las variables predominan unos u otras según la subcategoría de la prueba.

No hay correlaciones significativas entre sexo y temáticas cuando desglosamos excepto en un apartado: conocimiento de contenidos, con una ventaja de 499 a 487 para los chicos.

El informe de la OCDE de 2015, página 6, concluye: “Las diferencias de género en la aproximación a la ciencia o en las expectativas laborales parecen vinculadas a las distintas percepciones que chicos y chicas tienen sobre lo que se les da bien y es bueno para ellos, y no en lo que realmente son capaces de hacer.” Recordémoslo, porque estos estereotipos volverán a surgir en el área tecnológica al hablar de las brechas digitales.

Descartada la diferenciación por sexo, el factor significativo tiene que ser el género.

El patriarcado en su contexto

Partiendo de algunos hechos comprobados, como la percepción más favorable del sistema que tienen los hombres, y la generalidad de la brecha de género en nuestra cultura, tendremos que considerar que hemos interiorizado un sesgo heurístico androcéntrico[9] (Kahneman, 2012). Llamémosle sesgo patriarcal.

Rectores de las Universidades públicas andaluzas en 2015. Pista: una de las dos mujeres en la foto tardó diez años en licenciarse en derecho. Fuente: https://www.upo.es/diario/institucional/2015/02/susana-diaz-se-reune-con-los-rectores-de-las-universidades-publicas-andaluzas/

Castells (2003, pág. 223) define el patriarcado como una estructura básica de todas las sociedades contemporáneas, que se caracteriza por una autoridad impuesta desde las instituciones sobre las mujeres. “Para que se ejerza esta autoridad, el patriarcado debe dominar toda la organización de la sociedad”.

Sociedad red

Pero nada de esto ocurre en el vacío, sino en un modelo concreto de sociedad. Se la denomina de diversas formas: Sociedad de la Información, del Conocimiento, … A efectos del análisis de las relaciones de poder será más útil la definición de Sociedad Red de Castells (2006, págs. 27,70), donde la estructura social viene definida por acuerdos organizativos, expresados mediante una comunicación codificada por la cultura y potenciada por las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

Es importante recalcar que las redes trabajan de forma binaria: los nodos sólo pueden estar incluidos o excluidos (Castells, 2006, pág. 28). Es el fundamento del poder en la Sociedad Red, que ha sustituido a la élite autoritaria: facilita que el sesgo patriarcal se introduzca en las instituciones coordinadamente.

Pero veamos qué es el poder en este entorno.

El poder en la sociedad red

Foucault definía el paradigma estratégico del poder como una relación que no se posee, se ejerce (Feliu i Samuel-Lajeunesse, 2008, pág. 85).

Esta definición es aplicable a las redes sociales, en las que el valor de los nodos depende del número y tipo de las relaciones establecidas, y el poder es la capacidad de (re)programar los objetivos de cada red, o simplemente excluirlos. Quienes lo ostentan son sujetos colectivos, formando a su vez redes con unos valores, cuando los hay, dirigidos a objetivos concretos por el medio más eficiente. Son retículas de nodos de poder, donde los medios de comunicación actúan como soporte de códigos.

Estos códigos están relacionados con lo que Bourdieu denomina violencia simbólica. Por ejemplo, los médicos varones tienden a negar el apelativo de doctor a sus colegas femeninos. El resultado es que la codificación de la superioridad profesional de los hombres en la red sanitaria lleva a los pacientes a presumir que las mujeres tienen trabajos auxiliares (Khullar, 2017).

La resistencia al poder utiliza los mismos mecanismos. Serán actores en red que tratarán de introducir nuevos códigos en los programas, o bloquear conexiones sustituyéndolas por otras adecuadas a los objetivos propios (Castells, 2006, págs. 59-65).

En esta estructura es dudoso que el estado-nación impulse el cambio. En el mundo de la Sociedad Red, en palabras de Baumann (2007), se ha producido un divorcio entre poder y política. El estado-nación, atrapado en el trilema de Rodrik[10] (2007), es incapaz de controlar la globalización. Enfrentado a los riesgos para el mantenimiento de su soberanía – incluso de su propia existencia – no es probable que las instituciones asuman riesgos de cambio.

Pero el Estado, aunque debilitado, todavía conserva suficiente capacidad de control para sustentar procesos fundamentales para el mantenimiento institucional.

La brecha digital en el proceso de socialización

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El poder incluye la capacidad de determinar los procesos de socialización, creando realidades (Berger & Luckmann, 2015, pág. 169) en las que existen disciplinas y cargos duros, para los que la visión dominante es que “las mujeres se ven incómodas dando órdenes a hombres”, o manipulando objetos técnicos y máquinas (Bourdieu, 2000, págs. 116-117).

Consecuentemente, las instituciones actúan sobre el manejo de las herramientas TIC, imprescindibles para la competencia y la gestión de redes. Los procesos de socialización dirigen hacia los muchachos la habilidad digital –  buscar y seleccionar contenidos de valor – fortaleciendo la jerarquía de género (Castaño, 2007). Es la segunda brecha digital, la que frena la competitividad femenina en un mundo interconectado e interdependiente, que, en parte, explica por qué las chicas obtienen peores puntuaciones en PISA en relación con los contenidos científicos. La diferenciación de género también está profundamente codificada en el proceso de socialización.

Pero para buscar posibles soluciones es necesario entender sobre qué clases sociales, se ejercen los códigos.

El entorno socio-laboral

Para quienes practican un feminismo práctico[11], sin identidad colectiva ni adversario identificado, concluye Castells (2003, págs. 255, 258) que la tasa de participación en el mercado laboral no depende de la tasa de empleo y de la demanda, sino de la vinculación social con el género de las labores realizadas. Más claro, dependiendo sobre todo de la vinculación de la profesión a las funciones domésticas tradicionales (Bourdieu, 2000, pág. 117).

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Fuente: https://www.pinterest.es/pin/422282902546726399/

Podrían darse grupos politizados de científicas y tecnólogas, pero no se construirán identidades movilizadas (Sabucedo, 2010). En buena medida porque las científicas jóvenes pertenecen a un estrato laboral sin conciencia identitaria: el precariado (Standing, 2011). Hablamos de un tipo ideal, en metodología de Weber, englobado en un grupo socio-económico heterogéneo sumergido en un mundo líquido, donde la única certeza es la incertidumbre (Baumann, 2007).

El precariado no es una clase social puesto que no se reconoce todavía como tal, sus relaciones con el capital y la empresa son débiles, su estatus es volátil, sus identidades múltiples y situadas: hoy pueden servir hamburguesas, mañana investigar el origen del universo, o asumir ambos roles simultáneamente.

Conclusiones

La supremacía masculina es la forma de dominación más antigua y básica. Todas las demás formas de explotación y opresión (racismo, capitalismo, imperialismo, etc.) son extensiones de la supremacía masculina: los hombres dominan a las mujeres, unos cuantos hombres dominan al resto.” Manifiesto feminista de Redstocking, 1969[12]

Han quedado descartadas las razones geográficas, coyunturales o específicas que pudieran justificar la existencia de la desigualdad de género en el ámbito científico. Los indicadores de inequidad recogidos, salvo matices y algunas excepciones, son propios de la cultura occidental.

Teniendo en cuenta algunas de las características observadas en el análisis, cabe afirmar que estamos ante una realidad institucionalizada, internalizada desde la socialización primaria por la familia y la escuela – en las que incide directa o indirectamente la Iglesia – y sostenida por el Estado, mantenedor del patriarcado público.

La brecha se legitima mediante consensos dóxicos reificados[13]  – las mujeres no están interesadas en promocionar, la ciencia no es una profesión femenina, etc. – y la equidad se procrastina indefinidamente, dejándola al albur del tiempo.

Estos significados de dominación son históricamente invisibles porque “son el producto de un trabajo continuado (histórico, por tanto) de reproducción al que contribuyen unos agentes singulares (entre los que están los hombres, con unas armas como la violencia física y la violencia simbólica) y unas instituciones: Familia, Iglesia, Escuela, Estado…” (Bourdieu, 2000, pág. 51).

Si bien se está produciendo un cambio en el reconocimiento de la institución familiar – principalmente opciones sexuales distintas a la heterosexualidad, y nuevas formas de familia – los cambios por esta vía, si los hubiera, serán lentos y azarosos.

Por otra parte, como afirma Bourdieu (2000, pág. 55), “es completamente ilusorio creer que la violencia simbólica puede vencerse exclusivamente con las armas de la conciencia y de la voluntad”. Tampoco las científicas disponen de nodos que les permita cambiar códigos y programación de las redes de poder, como han hecho otras modalidades de feminismo más movilizado.

Cualquier alternativa supondrá enfrentar el poder formando redes desde una identidad de resistencia, que impulsase un imaginario social instituyente (Aceros, págs. 17-20). Es condición previa para la formación de identidades grupales la superación de brechas de clase y profesión, y la inclusión de códigos simbólicos positivos.

Difícilmente se creará una identidad colectiva capaz de movilizarse mientras se considere que es tan solo una cuestión de esfuerzo, o de tiempo. Aún más cuando la sociedad en general ignora la realidad del universo científico, e infravalora los problemas de discriminación femenina.

En cualquier caso, no aportará mucho al cambio el registro de candidatas en una base de datos pasiva, si ésta no facilita la interacción entre las participantes y la creación de redes que lleven a una identidad proyecto (Castells, 2003, pág. 36).

Mientras tanto, seguirá siendo válida la cínica lógica lampedusiana:

“¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado… una de esas batallas que se libran para que todo siga como está “[14].

Resultado de imagen de año judicial en españa
Apertura del año judicial 2015/2016. Cuenten las mujeres presentes, es fácil. Fuente: http://www.casareal.es/ES/Actividades/Paginas/actividades_actividades_detalle.aspx?data=12507

PD: Con admiración y cariño, para la primera mujer que habló de desigualdad de género en este blog.


Bibliografía y referencias

Aceros, J. C. (s.f.). Les institucions socials. Estructures socials y realitats objectives. Barcelona: UOC.

Barómetros. (s.f.). Recuperado el 27 de noviembre de 2017, de CIS: Centro de Ivestigaciones Sociológicas: http://www.cis.es/cis/opencm/ES/11_barometros/index.jsp

Baumann, Z. (2007). Tiempos líquidos, Vivir en una época de incertidumbre. México D.F.: Tusquets Editores México.

Berger, P. L., & Luckmann, T. (2015). La construcción social de la realidad (24ª reimpresión, 1ª ed.). Buenos Aires: Amorrortu.

Bourdieu, P. (2000). La dominación masculina. Barcelona: EDITORIAL ANAGRAMA, S.A. Recuperado el 26 de noviembre de 2017, de https://sociologiaycultura.files.wordpress.com/2014/02/bordieu-pierre-la-dominacion-masculina.pdf

Castaño, C. (2007). La segunda brecha digital y las mujeres. Obtenido de Mujeres en Red. El periódico feminsita.: http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1567

Castells, M. (2003). LA ERA DE LA INFORMACIÓN VOL 2: el poder de la identidad. Madrid: Alianza Editorial, SA.

Castells, M. (2006). Informacionalismo, redes y Sociedad Red: una propuesta teórica. En M. (. Castells, LA SOCIEDAD RED: una visión global. Madrid: Alianza Editorial, SA.

Comisión mujeres y Ciencia-CSIC. (2016). Hacia la igualdad en la investigación. Recuperado el 27 de noviembre de 2017, de http://documenta.wi.csic.es/alfresco/downloadpublic/direct/workspace/SpacesStore/ffa9a824-3bd3-47f2-9154-011b276ac7d3/MUJERES_Y_CIENCIA.pdf

Feliu i Samuel-Lajeunesse, J. (2008). Influencia, conformidad y obediencia. Las paradojas del individuo social. Barcelona: UOC.

García de Cortázar, M. L., Arranz, F., Del Val, C., Agudo, Y., Viedma, A., Justo, C., & Pardo, Pilar. (2006). Mujeres y hombres en la ciencia española: una investigación empírica. (I. d. (MTAS), Ed.) Recuperado el 30 de noviembre de 2017, de Instituto de la mujer y para la igualdad de oportunidades: http://www.inmujer.gob.es/areasTematicas/estudios/serieEstudios/docs/mujeresYHombresCiencia.pdf

Kahneman, D. (2012). Pensar rápido, pensar despacio. Barcelona: Círculo de lectores, SA.

L’Institut Català de les Dones i CERCA col·laboren per visibilitzar dones investigadores a través del Cercador d’Expertes. (25 de julio de 2017). Obtenido de Generalitat de Catalunya: http://premsa.gencat.cat/pres_fsvp/AppJava/institut-catala-les-dones/notapremsavw/302527/ca/linstitut-catala-dones-i-cerca-collaboren-per-visibilitzar-investigadores-traves-cercador-dexpertes.do

OCDE. (2015). PISA 2015: Resultados clave. Recuperado el 30 de noviembre de 2017, de OECD – PISA Programme for International Student Assessment: https://www.oecd.org/pisa/pisa-2015-results-in-focus-ESP.pdf

OCDE. (marzo de 2016). Women in scientific production. (O. f.-o. (OECD), Editor) Recuperado el 27 de noviembre de 2017, de Gender equality: http://www.oecd.org/gender/data/women-in-scientific-production.htm

Rodrik, D. (27 de junio de 2007). The inescapable trilemma of the world economy. Recuperado el 18 de marzo de 2017, de Dani Rodrik’s weblog: http://rodrik.typepad.com/dani_rodriks_weblog/2007/06/the-inescapable.html

Sabucedo, J. D. (2010). Identidad colectiva movilizada. Revista de Psicología Social, 25(2), 189-202. Recuperado el 8 de abril de 2017, de https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3193452

Standing, G. (2011). The precariat. The new dangerous class. Londres y Nueva York: Bloomsbury Publishing Plc. Recuperado el 9 de abril de 2017, de https://www.hse.ru/data/2013/01/28/1304836059/Standing.%20The_Precariat__The_New_Dangerous_Class__-Bloomsbury_USA(2011).pdf

Villarroya, A. (Septiembre de 2017). Investigación e innovación: ¿qué nos jugamos? Observatorio Social de la Caixa(03), 14. Recuperado el 27 de noviembre de 2017, de https://observatoriosociallacaixa.org/dosiers


Notas y comentarios

[1] La misma noticia se publicó en las webs de la Generalitat de Catalunya y de CERCA

[2] Realidad entendida como “cualidad propia de los fenómenos que reconocemos como independientes de nuestra propia volición” construida socialmente (Berger & Luckmann, 2015, pág. 11).

[3] Son evidentemente tendencias generales, porque hay excepciones notables: Noruega parte de niveles similares al español, pero fomenta mucho la productividad femenina en investigación; los países del Este de Europa con una participación inicial muy alta, aunque baja productividad, etc. No he profundizado más porque no es éste el tema específico del trabajo.

NOTA: para medir la productividad he elegido el indicador más utilizado en los estudios consultados: la participación en publicaciones especializadas.

[4] En el sentido planteado por Bourdieu (2000, pág. 49): ese sentido común del discurso hegemónico, compuesto de ideologías y consensos no cuestionados.

[5] El conocimiento se interpreta como “como la certidumbre de que los fenómenos son reales y de que poseen características específicas.” (Berger & Luckmann, 2015, pág. 11)

[6] En la definición de Bourdieu (2000, pág. 12): “violencia amortiguada, insensible, e invisible para sus propias víctimas, que se ejerce esencialmente a través de los caminos puramente simbólicos de la

comunicación y del conocimiento o, más exactamente, del desconocimiento, del reconocimiento o, en último término, del sentimiento.

[7] Fuente Eurostats, [tps00063] – Share of women among tertiary students – Total – science, mathematics and computing – engineering, manufacture and construction (%) 2012:

 http://ec.europa.eu/eurostat/web/education-and-training/data/main-tables

[8] Fuente OCDE Skills Surveys: http://pisadataexplorer.oecd.org/ide/idepisa/report.aspx?p=1-RMS-1-20153-PVSSPH-ST004301-IN2,IN3,ESP-MN_MN-Y_J-0-0-37&Lang=1033

[9] Relaciono la ceguera de los hombres – pero no solo ellos – ante la inequidad con los sesgos heurísticos porque considero que de este modo se explica mejor que personal familiarizado con el método científico sostenga opiniones que no soportan la verificación empírica. Es decir, la interiorización de los universos simbólicos ha llevado a la creación de sesgos heurísticos integrados en el Sistema1 de Kahneman por la experiencia como mecanismo de ocultación – Bourdieu habla de ahistoricidad – de las imposiciones institucionales.

[10] Versión política del conocido trilema de Rodrik para la economía, afirma que tres variables – democracia, soberanía estatal e integración económica global – son incompatibles entre sí, sólo dos de ellas pueden darse simultáneamente.

[11] Término utilizado por Castells (2003, pág. 290): colectivo formado por mujeres que no reconocen la etiqueta feminista, ni necesariamente tienen una conciencia clara de oposición al patriarcado.

[12] (Castells, LA ERA DE LA INFORMACIÓN VOL 2: el poder de la identidad, 2003, pág. 267)

[13] Es decir, las justificaciones para la desigualdad de género son consideradas objetos inmutables, externos a la voluntad de los individuos e independientes de la actividad humana.

[14] Es la paradoja expuesta por Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957) en su novela Il Gattopardo a partir de la conocida frase “Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi

Gracias por dejar un comentario. Nota que no se aprobarán aquellos que superen las 250 palabras, o contengan afirmaciones no demostradas. Por ejemplo, si afirmas que la madre de algún miembro del gobierno ejerce la prostitución, tendrás que aportar pruebas.

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