El mítico Club de la Estupidez Humana: concluyendo


En el primer capítulo de esta serie definí lo que considero un Club mítico: el de la Estupidez Humana. Es un Club porque admite miembros e impone reglas, es mítico porque todas las instituciones niegan su existencia, desde el propio Club hasta la Iglesia, pasando por la escuela, la familia, el estado, …

En el segundo capítulo expliqué cómo recluta a sus miembros el Club desde la más tierna infancia. Lo hace con el mismo fin que las religiones aceptadas socialmente, sin voluntariedad alguna por parte del recién llegado: basta con asegurar que éste construye su mundo incluyendo el entorno que interesa. Si la familia es miembro del Club de la Estupidez Humana, es altamente probable que sus hijos también lo sean, entre otras cosas porque habrán incorporado las normas y valores del Club sin crítica alguna durante sus primeros años en sociedad. Lo mismo que podríamos decir de las religiones institucionalizadas.

Corresponde ahora situar la actividad del Club en nuestra sociedad actual, donde el poder se ejerce mediante redes y las relaciones vienen condicionadas por eso llamado redes sociales.  Si bien todo ello ha existido desde que existen sociedades, nunca había sido tan rápido e intenso, y sobre todo: nunca había ocurrido con dosis tan altas de colaboración de los propios sujetos.

Sobre la influencia de la Sociedad Red en el control de las actividades de sus súbditos habría mucho, pero mucho, que hablar. No es posible dar aquí una visión amplia, me limitaré por tanto al ámbito socializador. Lo suficiente para comprender qué ha ocurrido con las imágenes del antes y el después de la foto de cabecera, y con ello dar por concluida la serie.

En el capítulo de cultura y sociedad de la serie Construyendo Electores mencioné las culturas políticas identificadas por Almond y Verba. Repito aquí aquel párrafo:

  • Cívica o participativa, compartida por individuos con tendencia a someter sus demandas al sistema político, a intervenir en éste y a influir sobre los gobernantes. Se trata pues de individuos interesados en aportar inputs al sistema político.
  • Súbdita, compartida por individuos atentos a las decisiones de las instituciones que les afectan, pero poco conscientes de su capacidad para intervenir en ellas. Se orientan por tanto hacia los outputs del sistema.
  • Localista o parroquial, típica de los sujetos que tienen una vaga referencia sobre la existencia de una estructura política diferenciada o que incluso ignoran todo lo que se refiera a ésta. No establecen la relación entre los hechos cotidianos y el ámbito político, permaneciendo marginales, indiferentes o apáticos al respecto.

En la práctica Almond y Verba advierten que cada sociedad forma un híbrido en el que se entrelazan las culturas políticas en distintas proporciones y distribuciones espaciales, pero que allá donde predomina la cultura política cívica, el sistema político y sus instituciones gozan de mayor estabilidad y calidad de servicio.

Bien, de lo que tratamos aquí es de cómo el sistema institucional trabaja con todo su empeño para minimizar las culturas cívicas – justo aquello que en su momento pareció encender el movimiento 15M – y, si me apuran, silenciar también las súbditas por lo que tienen de reivindicativo respecto de los outputs.

Rouco y el PSOE
Ejemplo de cooperación transversal entre instituciones, obviando la ideología: representantes de las corporaciones municipal, provincial y autonómica de PP y PSOE, así como de las fuerzas armadas, en una reunión con monseñor Rouco Varela durante la Semana Santa de 2017.

¿En qué ha cambiado todo esto con el advenimiento de las redes sociales y los teléfonos (supuestamente) inteligentes? De los cambios en la esfera pública ya he hablado, aquí me centraré en el comportamiento en las redes sociales de los adolescentes (de cualquier edad) respecto del poder.

En la Sociedad Red las instituciones se estructuran en redes de poder, que consiste en codificar las comunicaciones, supervisar los nodos, y en caso de desviación aislar el nodo o la red en cuestión. Ya advertía Manuel Castells a principios de siglo que “no es Internet lo que cambia el comportamiento, sino que es el comportamiento el que cambia Internet”. Por tanto, no cabe esperar nada nuevo en el fondo, aunque sea revolucionario en las formas. Quienes detentan el poder efectivo – que no debe confundirse con el cargo o la autoridad oficial – siempre han intentado introducir sus orejas por un medio u otro en los grupos sospechosos de disidencia, y reprimir cualquier peligro de cambio en el statu quo. La diferencia ahora es cómo lo logra, y la inmediatez de la represión.

La codificación de la red se refiere al etiquetaje de las ideas. Los miembros del Club de la Estupidez Humana finalizarán su etapa de socialización primaria con unos significados claros y concisos de los objetos sociales. Así, valorarán como golpistas a quienes solicitan mayor democracia, elevarán el marco legal existente – la Constitución, por ejemplo – al nivel de dogma sagrado, y apreciarán positivamente cualquier acción de las autoridades en su contra. Porque el lenguaje del poder es su lenguaje, totalmente coincidente con sus valores, que a su vez serán transmitidos por los medios de comunicación ortodoxos – y cualquier que no lo sea tendrá difícil su supervivencia – dentro y fuera de Internet.

Condenas
De izquierda a derecha y de arriba abajo: condenado a 480€ de multa por poner su cara a Cristo, titiriteros en Madrid que pasaron cinco días en prisión preventiva con incautación de todos los materiales, un año de prisión y siete de inhabilitación por burlas a Carrero Blanco (asesinado en ¡1973!), un año de cárcel y seis y medio de inhabilitación al líder de Def Con Dos tras el recurso del fiscal al Tribunal Supremo, dos años de cárcel a los raperos de La Insurgencia.

Pero sólo en escasas ocasiones es la autoridad la que interviene públicamente sancionando, ahora la sociedad hegemónica dispone de otra arma: estigmatizar en las redes sociales aislando al nodo desviado. Porque no hay mayor tragedia para determinados colectivos que permanecer incomunicado. Esto aplica a los adolescentes en su etapa de socialización entre pares, pero también a profesionales, políticos, científicos, … ¿Qué futuro tiene un científico que no accede a las redes en las que puede mantenerse al día e informar de sus publicaciones? ¿Y qué presente un político al que se le cierra su red de contactos?

En cuanto a los sujetos de la red, la mayoría nodos con escaso o nulo poder, colaboramos activamente para que así sea. Esto ocurre porque a través de la socialización entre pares se aprende a evitar la incomunicación, a seguir líderes, a participar en grupos populares, … No hacerlo implica situarse también fuera del tiempo, porque las redes sociales ya han eliminado el espacio. No hay espacio ni tiempo en la permanente conexión, sólo aparece este último cuando se está desconectado y se leen mensajes de unas horas o unos días atrás. Cuando ya se está fuera de la esfera de comunicación inmediata.

El resultado es que las normas sociales, los valores oficiales, se fijan antes y con mayor profundidad si el sujeto está conectado, y aparece una nueva forma de marginación que se suma al lenguaje y al don que mencioné en el artículo anterior. Si la escuela impartía su currículo oculto en horario lectivo, ahora lo extiende más allá, porque la conexión debe ser permanente, o aparecerá el factor tiempo.

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Otro factor colaborativo en la admisión al Club es la tendencia a aceptar la pérdida de intimidad como una consecuencia obvia de la popularidad en redes. Se cuantifica la aceptación bajo el número de amigos o followers, y la privacidad pasa a un segundo plano. La supervisión de las redes por parte del poder se vuelve mucho más sencilla e inmediata, por mucho que siga existiendo el mito del anonimato.

Esta misma tendencia cuantitativa permite que las redes sociales faciliten la agregación de relaciones débiles, con frecuencia de pura conveniencia momentánea, mientras la necesidad de estar permanentemente en línea dificulta las relaciones fuertes. Simultáneamente, las relaciones casuales que establecían los vínculos débiles de Granovetter han prácticamente desaparecido por esa necesidad de permanencia a la escucha online: las conversaciones con extraños en un tren, las charlas en las salas de espera, …

Habría mucho que hablar de este fenómeno, pero para no extenderme en exceso sólo mencionaré un último efecto favorecedor del fortalecimiento del Club: gracias a las redes sociales e Internet, ahora es más fácil evitar cualquier información que se oponga al universo simbólico resultante de la socialización. Ahora podemos limitar los inputs hacia nuestros nodos mediante el bloqueo de las desviaciones (y de los desviados que las sustentan), de modo que tan sólo veamos y escuchemos aquella información que refuerza nuestras creencias.

Y en la dirección contraria podemos atacar cualquier desviación con práctica impunidad… si ello conviene al poder establecido, por supuesto. La consecuencia es el alud de demandas contra todo aquello que molesta al Club de la Estupidez Humana – obispos bebiendo, cristos demasiado humanos, humor que hace pensar, … – y el intento de transformar el pasado en aquello que es políticamente correcto hoy. Si Bogart fumaba, fuera Bogart, si los cuadros de desnudos me escandalizan, fuera los cuadros de desnudos, silenciar la guerra civil española en aquello que resulte molesto para el poder, y un largo etcétera que sin duda podréis completar por vuestra cuenta.

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El éxito de un proceso de socialización primaria exitoso es una persona con un nivel moral en la escala de Kohlberg de 3, o inferior, que cree firmemente en aquello que es de sentido común – es decir heurístico, aceptado por el sistema1 de Kahneman –  y no lo desafía, pero rechaza con fuerza cualquier idea que se oponga al universo simbólico institucionalizado, … En resumen, un miembro orgulloso del Club de la Estupidez Humana. Del mítico Club de la Estupidez Humana, porque oficialmente no existe, ni aparecerá jamás en los textos del currículo público de las escuelas.

Acabo la serie con un último consejo: cuando os encontréis con una persona que decide en contra de sus propios intereses, argumenta con lugares comunes y frases hechas, y está dispuesta a estigmatizar a quién opinase de forma diferente, no os riáis. No es bueno reírse de quien apoya al poder, porque el poder os puede caer encima con todas sus fuerzas.

De hecho, lo realmente estúpido es reírse del Club de la Estupidez Humana y de sus miembros. Es algo muy serio.


Referencias

Almond, G. A., & Verba, S. (1963). La cultura política. Obtenido de Universidad Complutense – Madrid: http://webs.ucm.es/info/cpuno/asoc/profesores/lecturas/almondverba.pdf

Ballesteros Guerra, J. C., & Megías Quirós, I. (13 de mayo de 2015). Jóvenes en la red: un selfie. Obtenido de Madrid: Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, FAD; 2015: http://adolescenciayjuventud.org/que-hacemos/monografias-y-estudios/ampliar.php/Id_contenido/73894/tipo/all/

Barra Almagiá, E. (1987). EL DESARROLLO MORAL: UNA INTRODUCCION A LA TEORIA DE KOHLBERG. Obtenido de redalyc.org: http://www.redalyc.org/pdf/805/80519101.pdf

Castells, M. (2001). Internet y la sociedad red. Obtenido de UOC – IN3: http://www.uoc.edu/web/cat/articles/castells/castellsmain.html

Granovetter, M. S. (1973). LA FUERZA DE LOS VÍNCULOS DÉBILES. Obtenido de Red Cimas: http://www.redcimas.org/wordpress/wp-content/uploads/2012/08/m_MGranovetter_LAfuerzaDE.pdf

Megías Quirós, I., & Rodríguez San Julián, E. (2014). Jóvenes y comunicación. La impronta de lo virtual. Obtenido de Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud. FAD 2014: http://boletines.prisadigital.com/Jovenes-y-comunicacion-2014.pdf

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