¿Guerra en Siria? Pues sí, y va para largo.


NB: en la foto de cabecera, a la izquierda refugiados sirios marchando hacia Turquía, a la derecha refugiados españoles en 1939 caminando hacia Francia, ochenta años antes.

¿Verdad que parece que la guerra de Siria haya finalizado? Ya no recibimos cientos de miles de refugiados al año, tampoco nos cuentan que el ISIS sea la amenaza del milenio. La desaparición del tema de los refugiados de la esfera pública es fácil de explicar: entre los que quedan retenidos en Turquía, y los que se ahogan en el Mediterráneo sin testigos, porque la Unión Europea ha atado corto a las ONG, llegan a cuentagotas, y a eso ya estamos acostumbrados. ¡Otro gran ejemplo de gestión de crisis de nuestros líderes continentales!

En realidad, los combates siguen, y en lo que va de año se contabilizan cientos de víctimas en la zona de Idlib (Sancha, 2019). Está lejos de ser un conflicto resuelto, entre otras cosas porque para eso habría que poner mucho dinero para la reconstrucción – unos 400.000 millones de dólares según las Naciones Unidas – pero de nuevo el problema se ha solucionado gracias a innovadoras técnicas de gestión: la Unión Europea y EEUU han sancionado a Siria para que no pueda reclamar nada, Rusia acusa a todo aquél que se mueve y no es de los suyos de terrorista, y EEUU dice que no es su problema, que ellos pasaban por ahí. Listos, problema resuelto.

Hace un par de meses escribí este ejercicio para una prueba de la Universidad, y he pensado que podría interesar a alguien más, de modo que aquí va.

Ojo: es un trabajo académico, como de costumbre ya sabéis que no habrá chistes.

Introducción a la guerra en Siria.

Por medio de los acuerdos de Sykes-Picot (1916), Francia y Gran Bretaña – dos potencias coloniales a la sazón – distribuyeron áreas de influencia y de ocupación sobre esa parte del territorio que perteneció al imperio otomano, vulnerando las promesas realizadas a los combatientes árabes de otorgarles un territorio unificado: la Gran Siria. No se tuvo en cuenta a la población, sus culturas e identidades religiosas, uniendo en un mismo espacio a grupos antagónicos.

Por tanto, en puridad, más que hablar de una guerra singular en Siria deberíamos señalar otro conflicto heredero de la Guerra Fría en los territorios de estos acuerdos. Basta con echar una mirada al mapa 1, y superponerlo sobre el mapa del conflicto (ver, por ejemplo, mapa 3) para comprobar que el territorio en lucha no es únicamente Siria, abarca también los conflictos nunca resueltos en los territorios Sykes-Picot (insisto: 1916).

sykes-picot
Mapa 1 – Distribución de territorios en Oriente Medio por los acuerdos de Sykes-Picot (1916). Puede comprobarse que los territorios donde se desarrolla la guerra de Siria pertenecen mayoritariamente a algunos de los estados definidos en el tratado: Siria, Iraq, Kurdistán.
Fuente: Wikipedia, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=545428

Pero este hecho sólo explicaría una inestabilidad endógena, sin embargo, sobre los territorios sirio e iraquí se enfrentan grupos de muy distintos origen y objetivos.

La fase inicial de la guerra es conocida: durante la primavera árabe, en 2011, se produjeron protestas pacíficas en contra del régimen de Bashar al-Asad, que fueron rápidamente reprimidas por el ejército.  El régimen reaccionó inicialmente prometiendo reformas y la liberación de presos civiles, pero finalmente sólo dejó ir islamistas, en ocasiones con amplia experiencia bélica (Álvarez-Ossorio, 2017). Poco después los enfrentamientos derivaron en guerra civil. A partir de 2013 el conflicto se internacionaliza y acaban involucrados países árabes, milicias yihadistas, europeos, Rusia y EEUU. El desarrollo de la lucha puede seguirse en esta secuencia de mapas:

Mapa guerra Siria ENE13
Mapa 2 – 2013, situación anterior al proceso de internacionalización. (MacLeod, 2019)

A principios de 2013, los rebeldes (en verde, mapa 2) controlaban algunas zonas aisladas en el entorno de Aleppo, en el norte, y a lo largo del Éufrates, en la frontera con Iraq.

Mapa guerra Siria OCT14
Mapa 3 – 2014, máxima expansión territorial del Estado Islámico, extendiéndose al norte de Iraq. (MacLeod, 2019)

En 2014 (mapa 3), el ejército sirio estaba en franca retirada. Las milicias del Estado Islámico habían ocupado buena parte de Siria e Iraq. En el norte, resisten kurdos y rebeldes.

Mapa guerra Siria MAR19
Mapa 4 – 2019, sólo queda algún reducto rebelde y de Al-Qaeda (MacLeod, 2019).

En marzo de 2019, la situación es relativamente estable (mapa 4). El gobierno sirio, apoyado, entre otros, por Rusia, controla aproximadamente dos tercios del territorio. Iraq ha expulsado al Estado Islámico, y en el norte se ha extendido la zona controlada por los kurdos sirios y turcos, apoyados por EEUU. Quedan grupos wahabitas en la frontera con Turquía. Los rebeldes tan solo controlan zonas relativamente pequeñas, aunque importantes.

Dimensiones de la guerra en Siria.

Para comprender la evolución del conflicto, y sobre todo su internacionalización, es necesario empezar por un rápido repaso a algunas de sus dimensiones.

Dimensión étnica y religiosa.

La doctrina religiosa mayoritaria en cada zona es relevante para comprender los enfrentamientos. De la misma forma que han existido diversas ramas enfrentadas del cristianismo a lo largo de la Historia, dentro del islam – religión mayoritaria en la península arábiga – encontraremos diversas identidades enfrentadas entre sí (BBC Mundo, Cuáles son las diferencias entre sunitas y chiitas, el trasfondo del conflicto entre Arabia Saudita e Irán, 2016).

Por tanto, es importante señalar que, al igual que otros países de la zona, la población siria es heterogénea (Álvarez-Ossorio, 2017), un mosaico de etnias e identidades culturales y religiosas. El poder se encuentra mayoritariamente en manos de la minoría alauí – en torno al 10% de la población -, que lo ejerce sobre una población mayoritariamente suní – más del 74% – y otras minorías como los cristianos, además de colectivos menores de judíos y drusos (Cembrero, 2011).

En Iraq, coexisten – no siempre pacíficamente – comunidades chiíes y sunníes. La identidad religiosa mayoritaria en el cercano Irán es la chií, en casi un 90%. En cambio, salvo pequeñas poblaciones chiíes, en Arabia Saudita y Qatar predomina el islam suní wahabita, una rama ultraconservadora (Wikipedia).

Esta dimensión es relevante en cuanto la ocupación de una zona por una minoría armada de una determinada confesión tiende a desplazar a otras, cuando no eliminarlas si alguno de los grupos practica el takfir [1]. De hecho, para los grupos sectarios es prioritario luchar contra los considerados musulmanes heréticos antes que enfrentar fuerzas extranjeras de origen lejano, como estadounidenses o rusos (Álvarez-Ossorio, 2017).

Dimensión económica.

La economía siria se basa en el sector primario y el petróleo. Para la agricultura, la sequía del 2006 al 2011 hundió la economía rural, un millón de campesinos perdieron sus terrenos y se vieron obligados a migrar hacia las grandes ciudades (Sanz, 2019), lo que explica, en parte, el apoyo masivo inicial a las revueltas.

La segunda pata de la economía siria, las reservas de petróleo, es modesta si la comparamos con Iraq o Irán, y muy modesta vista desde Arabia Saudita. Sin embargo, Siria es un enclave estratégico muy disputado para trazar gasoductos y oleoductos desde los yacimientos de los grandes productores – principalmente Irán, Kuwait, Iraq, Qatar, Arabia Saudita – hasta Europa.

Efectivamente, Qatar propuso en 2009 un proyecto de gasoducto a Siria para llevar su gas natural hasta la costa mediterránea. Fue rechazado porque entraría en competencia con el aliado ruso de El-Asad. Sin embargo, el mandatario sirio aprobó otro proyecto un año más tarde para llevar hasta el mediterráneo el gas iraní. Este segundo acuerdo se firmó cuatro meses después de iniciarse las protestas en Damasco. El escenario resultante – Irán y Rusia como máximos proveedores de energía relativamente barata a Europa – es una pesadilla para las monarquías sunníes y sus aliados norteamericanos (Sancha, 2016): transportar en barco gas y petróleo por el canal de Suez es un lastre competitivo, además de una vía vulnerable.

Dimensión geopolítica y subsidiaridad.

La Unión Soviética utilizó desde 1970 el puerto de Tartús, al norte de Damasco para reavituallamiento y atraque de su flota, y la base aérea de Khmeimim, a menos de una hora por carretera de Tartús. Este acuerdo le otorga actualmente al ejército ruso, como heredero del soviético, sus únicas bases militares seguras en el Mediterráneo.

Si recordamos que quien controle Siria, controlará la salida de combustibles fósiles hacia Europa, es fácil comprender por qué EEUU y Gran Bretaña han tratado de derrocar a El-Asad mediante su apoyo a rebeldes y kurdos, mientras que Rusia e Irán apoyan al gobierno sirio a toda costa. De hecho, el Estado persa participa de forma muy directa mediante unos 16.000 efectivos de la Guardia Republicana  (Álvarez-Ossorio, 2017).

Pero las potencias globales sólo participan militarmente desde su tecnología: ataques aéreos, bombardeos y asesoramiento a los aliados locales. Por eso se habla de una guerra subsidiaria[2] , típica de la época de la Guerra Fría, en la que EEUU, China y la URSS nunca se enfrentaron directamente, lo hicieron a través de terceros regionales interpuestos.

Un breve repaso a los implicados más significativos (BBC Mundo, Quién pelea contra quién en la guerra en Siria, 2016):

  • EEUU combate desde el aire, con el objetivo de cambiar al mandatario Bashar al-Asad por un dirigente más cercano a sus objetivos. Apoya a grupos rebeldes moderados y a los grupos kurdos.
  • El interés de Rusia es sostener a Bashar al-Asad a toda costa, y lucha contra todas las milicias que se le oponen, automáticamente calificadas de terroristas, o tienen el apoyo de EEUU y sus aliados de la Península Arábiga.
  • Irán, de mayoría chií, también apoya a al-Asad, y se enfrenta a cualquier insurgente que tenga un origen sunnita. Tiene, además, en su contra al Estado Islámico y las variantes salafista y wahabita de los sunníes, que consideran a los persas herejes, o incluso no musulmanes.
  • Bajo la cobertura de EEUU, Arabia Saudita, Bahréin, Jordania, Qatar y Emiratos Árabes han financiado milicias sunnitas fundamentalistas, incluidos grupos con la marca de Al-Qaeda, para enfrentarse a al-Asad. Particulares saudíes han financiado directamente al Estado Islámico[3].
  • Turquía, también de mayoría sunnita, aunque más moderada, se opone al régimen de al-Asad, pero de paso bombardea a las tropas kurdas – laicas y socialistas – a la menor ocasión porque le conviene evitar la unión de las zonas de mayoría kurda. Gracias a su control fronterizo, actúa como un filtro para el armamento de las milicias hacia el sur(Álvarez-Ossorio, 2017) y el contrabando de petróleo hacia el norte.

A los anteriores habría que sumar la presión diplomática de China, la intervención militar puntual de las viejas potencias coloniales que firmaron los acuerdos en 1916: Francia y Gran Bretaña, la necesidad energética de Alemania, el interés de Israel en bombardear a Hezbolá y desgastar a sus adversarios musulmanes, etc.

En resumen, es una guerra en la que están en juego los objetivos de muchos, que luchan mediante milicias propias o interpuestas, que financian y arman. Una guerra subsidiaria en la que EEUU y Rusia aparentemente cooperan en su lucha contra el Estado islámico, mientras buscan los unos cambiar el equilibrio en la zona, el otro mantenerlo a toda costa.

Consecuencias.

Ha sido, y sigue siendo, una guerra larga, de desgaste, entre otras razones, porque ello conviene a algunos de los involucrados, como Israel o EEUU y sus aliados. Las ciudades han sido destruidas y se han causado muchas víctimas civiles. El nivel de destrucción en Aleppo recuerda al de Alemania al finalizar la segunda guerra mundial, como puede comprobarse en la imagen 1.

Aleppo 2016 - Berlín 1945
Imagen 1 – A la izquierda, Berlín 1945. Fuente: https://es.rbth.com/cultura/historia/2017/05/04/batalla-de-berlin-el-colosal-enfrentamiento-al-final-de-la-guerra_756681
A la derecha, Aleppo 2016. Fuente: https://www.duluthnewstribune.com/news/4179220-aleppo-falling-what-happens-next-syrias-civil-war

Economía.

Según datos de la organización de las Naciones Unidas para el desarrollo humano (UNDP, por sus siglas en inglés)[4], el ingreso anual bruto (GNI) per cápita de Siria ha retrocedido más del 61%, desde los 6.086$ en el año anterior al estallido de las revueltas, hasta los 2.337$ de 2017.

El acceso al petróleo como recurso económico durante la ocupación del Estado Islámico puede justificar, aproximadamente, entre 20-25% del PIB sirio[5], pero en este momento el mayor problema para la recuperación de rentas son las sanciones impuestas que limitan el comercio con occidente y sus aliados, incluidas los países de la Liga Árabe, Europa, Japón, Turquía, y, por supuesto, EEUU (García Gascón, 2019).

La inflación se disparó en los primeros años de la guerra hasta superar el 350%, según el CATO Institute, aunque la posterior estabilización de la libra siria ha traído también una tendencia a neutralizar la inflación de guerra.

En cuanto a la destrucción en sí, las Naciones Unidas la valoran en 400.000 millones de dólares a lo largo de toda la guerra (García Gascón, 2019).

Población.

La organización Syrian Observatory for Human Rights (SOHR) cifraba en alrededor de 511.000 personas fallecidas en los siete primeros años de conflicto, de los cuales 106.390 eran civiles. Pero no sólo los enfrentamientos en tierra han causado daños. Del total de civiles asesinados, SOHR apunta que más de 10.600 lo hicieron debido a los bombardeos turcos, rusos u occidentales, y 14.751 murieron en los centros de detención y tortura del régimen sirio (SOHR, 2018).

Sin embargo, no olvidemos que estos datos están desfasados en un año en que la guerra contra el Estado islámico ha continuado, por tanto, son probablemente inferiores a la realidad actual.

¿Cómo ha cambiado la distribución de la población por edades?

Pirámides de población Siria 2010-2017
Gráfico 1 – Pirámides de población siria 2010 y 2017[6].
Fuente: https://www.census.gov/data-tools/demo/idb/informationGateway.php

En el gráfico 1 aparecen las pirámides de población del año 2010, anterior al inicio de la guerra en 2011, y 2017. Ambas gráficas reflejan el mismo estilo, moderadamente expansivas, y mostrando una leve tendencia a la contracción en la base.

Se refleja una importante pérdida de población[7]. Tanto para hombres como mujeres, la variación llega a superar el 27% en el rango de edad entre 0 y 24 años. Sólo resulta un crecimiento positivo entre 50 y 64 años. En total, han desaparecido de la pirámide casi dos millones de hombres y 1,7 millones de mujeres.

Desplazados.

En cuanto a los desplazamientos, sobre una población al inicio de la guerra de unos 21 millones, la agencia para los refugiados de las naciones Unidas (UNHCR) calcula 13,1 millones de personas desplazadas, de las cuales 6,6 millones lo son internamente y casi otro tanto se encuentra en terceros países (UNHCR, 2018).

Los refugiados sirios se distribuyen mayoritariamente por los entornos urbanos de países cercanos, alojados en instalaciones provisionales procuradas por las ONG. Sólo un 8% han sido alojados en campos estables. La mayor densidad de población realojada corresponde al Líbano, un país de 6 millones de habitantes que acoge a un millón de refugiados, todos ellos en entornos ya habitados. Algo parecido, aunque a una escala algo menor, ocurre en Jordania (población de 9,7 millones de habitantes) que acoge 655.000 refugiados (UNHCR, 2018).

En cambio, se ha frenado la acogida en Europa que, con una población de 508 millones de habitantes, según Eurostat sólo aceptó las solicitudes de asilo de 5.868.410 sirios entre 2011 y 2018, con un pico de 1,4 millones de personas en 2015[8]. Se atribuye el frenazo al legalmente dudoso acuerdo de la UE con Turquía firmado el 18 de marzo de 2016, mediante el cual el Estado turco se compromete a cerrar las fronteras y acoger a los migrantes, a cambio de 6000 millones de euros. Un acuerdo informal que vino precedido por una rebelión de los países miembros de la UE en el camino terrestre de los Balcanes (Garcés-Mascareñas & Sánchez-Montijano, 2017). Así, Turquía acogía en 2018 unos 3,3 millones de refugiados, financiados por la UE (UNHCR, 2018).

No son sólo los estados miembros de la UE quienes están rechazando asumir parte de la labor de acogida de refugiados, también los están haciendo algunos estados norteamericanos tras los ataques terroristas de París (BBC Mundo, Los estados de EE.UU. que rechazan recibir refugiados sirios tras los ataques de París, 2015).

A día de hoy, los refugiados están atrapados: no pueden regresar a sus hogares porque ya no existen, no pueden integrarse en los países de acogida porque unos no se lo pueden permitir, y otros, no se lo permitirán. Viven en un entorno de provisionalidad que ya dura en algunos casos ocho años (Agudo, 2019).

Es una espiral de desplazamientos como atestigua, por ejemplo, la fotografía de los desplazados de guerras anteriores que ahora no pueden ser ni eso siquiera:

Refugiados Palestinos en Siria
Imagen 2 – Palestinos refugiados en el campo de Yarmouk, en Siria, esperando ver procesadas sus solicitudes de asilo.
Fuente Al-Jazeera. https://www.aljazeera.com/indepth/features/2016/03/palestinian-syrians-refugees-160321055107834.html

Antes del estallido de la guerra, unos 560.000 palestinos residían en territorio sirio. En 2015, Jordania y Líbano cerraron sus fronteras para ellos, y posteriormente para todos los residentes en la vecina Siria. Según la oficina de las Naciones Unidas para Palestina (UNRWA), en 2016 más de 110.000 sirios, nacidos palestinos, habían emigrado, y unos 450.000 habían sido desplazados de sus hogares.

Estas personas carecen de pasaporte sirio, tan solo disponen de un pasaporte palestino y un permiso de circulación por Siria, por lo que frecuentemente no son reconocidos por las diplomacias de la región como refugiados del conflicto sirio. Algunos países europeos, por ejemplo, exigen un visado para los palestinos que no es necesario si el pasaporte es sirio.

Son los desplazados entre los desplazados, alienados entre los propios migrantes. Quienes menos probabilidades tienen de ser acogidos en Europa. Gente que perdió sus tierras décadas atrás y ahora son expulsados – también – de su país de acogida.

Desarrollo.

Con datos del Banco Mundial, se aprecian claramente las consecuencias de la guerra en los indicadores demográficos: la esperanza de vida al nacer cayó de 72,1 a 69,9 en 2015, la tasa de fertilidad bajó por primera vez de 3, la tasa de mortalidad a los 5 años se ha incrementado de 16 por mil a 17,2, etc. Los indicadores tenidos en cuenta para la elaboración del Índice de Desarrollo Humano (IDH) publicados por la organización de las Naciones Unidas muestran una ligera recuperación entre 2015 y 2017, pero aún así la comparación de este índice con otros países de la región es significativa (Gráfico 2).

En lo que respecta a la educación, dos de cuyos indicadores forman parte de la composición del IDH, también se aprecia un descenso importante. Por ejemplo, la expectativa de período de escolarización se redujo de 11,8 en 2010 a 8,8 en 2017. Un nivel muy inferior a los 10,3 años de 1990 (UNDP, 2018).

Pero el desarrollo no se ha frenado tan solo a nivel demográfico y social, también lo ha hecho en algunos indicadores de consumo. Por ejemplo, según el Banco Mundial el consumo medio de energía per cápita entre 2010 y 2014 se ha reducido a la mitad, tanto medido en petróleo equivalente (de 1030,50 kg en 2010, a 532,54 en 2014), como en electricidad (de 1.853,43 kWh a 949,59 kWh).

IDH Siria, Egipto y Argelia 1995-2017
Gráfico 2 – Tendencias del IDH para Siria, Egipto y Argelia 1995-2017. Fuente UNDP 2018.

El único indicador analizado que ha continuado su tendencia creciente de forma clara ha sido la adquisición de teléfonos móviles, que se ha elevado desde 55,65 dispositivos por cada 100 habitantes, hasta alcanzar los 76,39 en 2015 según el Banco Mundial. Sin embargo, estimo que más que un indicador de desarrollo, este dato representa la creciente dificultad de comunicación entre poblaciones desplazadas.

Geopolítica.

En el entorno geopolítico multipolar actual es improbable que los movimientos de las potencias se produzcan aisladamente, fuera de su contexto estratégico. Creo preferible contemplarlas como decisiones tomadas en un mundo de gobernanza global.

Así, la decisión de Rusia de anexionarse Crimea en 2014, que facilita a Rusia una apertura segura del Mar de Azov al Mar Negro, no puede desligarse del pulso con Occidente en el Mediterráneo. De hecho, en 2014 estaba en proyecto el gaseoducto South Stream, que transportaría gas a Europa a través del mar Negro, en competición con el proyecto Nabucco europeo[9]. Fue posteriormente cancelado en 2015.

Tampoco debemos olvidar las injerencias rusas en Ucrania, por donde actualmente transita una parte significativa del gas ruso hacia Alemania, aunque el proyecto North Stream II a través del Mar Báltico podría debilitar su importancia para los intereses comerciales rusos (Cohen, 2018). Recordemos que Qatar e Irán competían también por conseguir una salida al Mediterráneo a través de Siria.

En el lado occidental, es reciente la ruptura de los acuerdos de Teherán – aliado conveniente de Rusia – en 2018 por la administración norteamericana. Está por ver si Irán, paciente hasta ahora, decide reaccionar contra los intereses de occidente en la zona introduciendo más factores de desestabilización en la región.

En conclusión, no es descabellado valorar el conflicto de Siria dentro de las estrategias de las potencias mundiales, lo que sin duda dificultará aún más su resolución.

Cambios culturales.

La combinación de las llegadas masivas de migrantes que huyen de la guerra en Siria, con las imágenes transmitidas de la barbarie del Califato y los atentados terroristas que se repiten periódicamente en Europa, han creado una sensación generalizada de inseguridad, que a su vez provoca el rechazo de un sector cada vez más mayoritario de los ciudadanos europeos.

No sería razonable afirmar que la aparición de partidos xenófobos, ultranacionalistas, y fundamentalistas religiosos en Europa esté causada por la guerra siria, pero sí que colaboran en su auge mediante el cambio cultural de acentuación de miedo al otro. Basta con analizar el discurso en España del partido VOX, en Grecia la coincidencia entre las mayores oleadas de inmigración y el auge de Amanecer Dorado, o el rechazo a recibir inmigrantes en países como EEUU tras los atentados de París y Londres.

Esta tendencia ha intervenido, por ejemplo, en el proceso del Brexit, y en la suspensión temporal del tratado de Schengen en algunos países, no sólo del Este de Europa, sino incluso en Estados fundadores de la UE como Francia e Italia (Editorial El País, 2018).

En conjunto, se ha producido en Europa y EEUU un repliegue tras las fronteras nuevamente reforzadas entre Estados, una oleada de desconfianza hacia los extranjeros, y una repulsa del islamismo que fomenta un movimiento de reafirmación de la cultura propia tradicional, religión incluida.

Desde otra perspectiva, la formación del Estado Islámico, las soflamas de la Brigada Al Nusra, o, en general, las propagandas cruzadas de Siria y Rusia declarando que todo combatiente contrario a El-Asad es un terrorista (Álvarez-Ossorio, 2017), y del fundamentalismo islámico clamando por el exterminio del diferente, han convencido a miles de jóvenes musulmanes que han acabado enrolándose en el bando islámico (Antunez, 2016). Un efecto de radicalización sobre la población musulmana extranjera que probablemente tendrá consecuencias en forma de ataques terroristas, lo que impulsará la espiral de percepción de inseguridad y rechazo a la población musulmana en Occidente.

Además, no olvidemos la destrucción de los restos culturales irremplazables de nuestra civilización que estaban presentes en la región, y que las fuerzas fundamentalistas decidieron destruir.

Resultado de imagen de destrucción palmira isis
ANTES Y DESPUÉS. El templo de Bel, en 2014 y ahora. Fuente: https://tn.com.ar/internacional/asi-quedo-palmira-tras-el-paso-de-isis_662755

Otros actores en el conflicto.

Ya he explicado cual es el rol que están jugando las potencias globales en el conflicto sirio. En este apartado hablaré de otros actores, institucionales unos, no gubernamentales otros, y también de la visión de quienes son transmisores de mensajes propagandísticos en una u otra dirección.

Actores institucionales: acciones humanitarias y conferencias de paz.

El principal objetivo de las instituciones internacionales ha sido la búsqueda de programas para la finalización, o como mínimo suspensión, de la actividad bélica. Naciones Unidas y la Liga Árabe son dos de las organizaciones internacionales que han propuesto planes de paz para Siria. El primer plan fue propuesto por la Liga Árabe en marzo de 2012, contando con el exsecretario general de Naciones Unidas Kofi Annan como intermediador. Ante la falta de apoyo de las grandes potencias involucradas, y la negativa a la cooperación del presidente sirio El-Asad, Kofi Annan dio la propuesta por fracasada pocos meses después.

Ese mismo año, se produce la primera de las conferencias de paz auspiciadas por Naciones Unidas, que también nace lastrada por las imposiciones de algunos países interesados[10]. Le seguiría otra tanda de negociaciones en 2014. En 2015, tras la resolución 2254 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas[11], se inicia el proceso de Viena, con la participación de EEUU, Rusia, Arabia Saudí y Turquía, pero no se invita a otros países interesados como Irán. La conferencia, y la siguiente reunión en Riyhad, son rechazadas por El-Asad. La tercera ronda de conferencias en Ginebra se celebra en enero de 2016, pero los rebeldes acaban reclamando armas ante las posiciones contrapuestas que impiden avanzar.

Mientras tanto, en abril de 2014 la UE decreta medidas sancionadoras[12] contra el régimen sirio, que se han ido prorrogando, de momento, hasta el 19 de junio de 2019[13].

Seguirían varios intentos en las rondas de Astana, en los que se invitan todos los grupos involucrados, la última en 2018. Estas rondas se efectúan como consecuencia del boicot de Rusia, Irán y Turquía a las iniciativas suizas de las Naciones Unidas (Sanz, 2019). Todos los encuentros han ido fracasando ante la dificultad de conciliar los intereses de las grandes potencias y sus aliados, más la imposibilidad de incorporar a conversaciones de paz milicias calificadas de terroristas por la comunidad internacional, pero en la práctica dirigidas por algunos de los países involucrados.

En paralelo, agencias como el alto comité de Naciones Unidas para los refugiados (UNHCR) siguen interviniendo para financiar y entregar ayuda a los desplazados, tanto dentro como fuera de Siria.

Actores no gubernamentales: información y acción humanitaria.

Podemos encontrar organizaciones no gubernamentales en cada paso del conflicto, y de cualquier origen. El trabajo en Siria lo coordina la Syrian NGO Alliance[14] (SAN), pero también se encuentran sobre el terreno enviados de organizaciones pertenecientes a las Naciones Unidas y ONGs internacionales, como Médicos Sin Fronteras[15] (MSF) y la Medialuna Roja[16] (Arab Red Cescent).

En los campos de refugiados situados en terceros países desarrollan su labor organizaciones internacionales y locales procurando asistencia humanitaria y médica.

Otras organizaciones se han especializado en salvamentos marítimos. Es, por ejemplo, muy conocida la española Open Arms[17], MSF fletó el conocido barco Aquarius para rescatar migrantes en peligro, y así una miríada de organizaciones humanitarias que actúan desde las costas griegas e italianas, principalmente.

Un cuarto grupo de ONGs recauda fondos y proporciona recursos humanitarios. Entre estas, podemos contar a Oxfam Intermon[18] o Save The Children Federation[19].

El quinto cometido en este resumen es la observación y divulgación de análisis de carácter humanitario. Probablemente la organización más conocida sea Amnistía Internacional, que también desarrolla parte de su labor sobre el terreno, pero las podemos encontrar en cualquier lugar, como Syrian Observatory for Human Rights[20] (SOHR), OXFAM Intermon, o Human Rights Watch[21]. Algunos de los focos de información mencionados en este párrafo, muy reputados, son frecuentemente el origen de los datos más objetivos de los que dispone la audiencia global.

Sin estas organizaciones, la tragedia sería todavía mayor, y la información fidedigna mucho menor. Sin embargo, el cambio cultural que mencionaba anteriormente ha tornado su labor aún más difícil desde que, para algunos Estados europeos, el salvamento de migrantes ha sido penado, o como mínimo restringido seriamente. Vayan como ejemplos el juicio en Grecia a tres bomberos españoles de la organización ProemAid[22], la inmovilización del barco de Open Arms en el puerto de Barcelona y en Italia del barco Iuventa de la ONG alemana Jugend Rettet, o la detención de particulares que colaboran en labores de salvamento en Italia[23].

Conclusión.

Este es un conflicto con múltiples dimensiones e intereses cruzados, en el que las potencias regionales y globales juegan subsidiariamente con frecuencia, o intervienen militarmente desde la superioridad tecnológica, sin arriesgar sobre el terreno. En estas condiciones, con tantos intereses contrapuestos, una resolución definitiva del conflicto a corto y medio plazo es, como mínimo, improbable.

Actualmente, la guerra ha entrado en un estado de estancamiento militar cuando el régimen de el-Asad ha recuperado aproximadamente un 70% del país. Una amplia zona en el noreste ha quedado bajo control kurdo, y algunas plazas tomadas por grupos islamistas o rebeldes siguen resistiendo. Aunque pueda preverse un fin cercano (Sanz, 2019) a los enfrentamientos bélicos, de momento no se prevé una solución a la crisis humanitaria de la población.

La situación en marzo del año pasado puede verse en el mapa 5:

Mapa 5 – Zonas de control en Siria, marzo de 2019. Fuente: Liveuamap y elaboración propia de EL PAÍS https://elpais.com/internacional/2019/03/15/actualidad/1552645578_964662.html

El primer paso debería ser la repoblación de las zonas estabilizadas. La organización para los refugiados de Naciones Unidas (UNHCR, o ACNUR en castellano) estima que 250.000 refugiados podrán regresar a sus localidades a corto plazo (Sanz, 2019), pero hay que recordar que el número total de desplazados fuera de Siria según esa misma agencia supera los seis millones de personas (UNHCR, 2018), por tanto se trataría de un primer paso.

Al respecto hay que señalar que el contingente que ha migrado a Europa se encontrará con dificultades para regresar debido al tratado de la UE con Turquía (Garcés-Mascareñas & Sánchez-Montijano, 2017). Además, la financiación de la reconstrucción del país no está disponible, porque los potenciales prestadores al régimen de Siria – EEUU y la UE – condicionan la ayuda económica a negociaciones entre régimen y oposición, que en la actualidad están cerradas.

Teniendo en cuenta las grandes pérdidas en capital humano, el desmoronamiento de la economía de la región, la necesidad de financiación exterior para la reconstrucción, las urgentes medidas de ayuda humanitaria, y el peso de los intereses internacionales en juego, una partición del país me parece más probable que un retorno al estatus quo de 2010. Lo que tampoco sería tan grave, teniendo en cuenta que Siria, Líbano e Iraq son, en buena parte, fruto de una partición irresponsable muy anterior.

Pero no olvidemos en ningún caso lo que ocurre sobre el terreno, aunque no se le califique ya de guerra. Recordemos que algunos grupos rebeldes que consideramos “moderados” lo son porque los financian wahabitas como Arabia Saudí bajo la marca Al-Qaeda, que de pronto parece sonarles menos mal a los norteamericanos.

Y, sobre todo, no olvidemos a las personas que han sido, y son, cosificadas. Aunque ni siquiera lleguen a ahogarse en el mediterráneo.

Mujeres y niños evacuados de las últimas zonas bajo control yihadista, en el este de Siria.
Mujeres y niños evacuados de las últimas zonas bajo control yihadista, en el este de Siria. AFP. Fuente: https://elpais.com/internacional/2019/03/15/actualidad/1552645578_964662.html

 


Notas y referencias:

[1] Práctica religiosa que consiste en rechazar como no musulmana cualquier grupo cuyos dogmas o creencias no coincidan con los propios (consultado en Wikipedia).

[2] Proxy war, en inglés.

[3] De hecho, la financiación ha ido desplazándose de los grupos rebeldes moderados – con un núcleo procedente de desertores del ejército sirio – hacia milicias islamistas (Álvarez-Ossorio, 2017).

[4] El Banco Mundial no proporciona valores de PIB per cápita para Siria después de 2007.

[5] El rango depende del precio del crudo en los mercados, y corresponde al período 2005-2007, según Datos del Banco Mundial. https://datos.bancomundial.org/indicador/NY.GDP.PETR.RT.ZS?locations=SY

[6] Las pirámides que muestra www.census.gov después de 2017 son proyecciones. 2017 es el último año cuyos datos he podido contrastar con otra fuente. En este caso, con el Banco Mundial: https://data.worldbank.org/country/syrian-arab-republic

[7] Los datos de 2017 son proyecciones debido a la dificultad de obtener información fiable en tiempos de guerra. Por tanto, habrán de tomarse como estimaciones, probablemente optimistas.

[8] Elaboración propia con datos de Eurostat: https://ec.europa.eu/eurostat/web/asylum-and-managed-migration/data/database

[9] Resulta complicado averiguar cuanto hay de cierto en las apuestas por proveedores seguros de energía para Europa. Respecto de los proyectos Nabucco (Europa) y South Stream (ruso), Xavier Quer afirmaba: “Lejos de constituir un fracaso, muchos analistas han concluido que la apuesta de Gazprom por el South Stream no fue más que un bluf para perjudicar el desarrollo del Nabucco mediante atraer inversiones y presionar a los proveedores de gas para vender los derechos en Rusia.” (Quer, 2019)

[10] Álvarez Osorio (2017) menciona, por ejemplo, la imposición por parte de Arabia Saudita de una representación de grupos salafistas. Una visión islamista extrema, muy alejada de las posiciones de los manifestantes rebeldes en 2011, que sólo podía conducir al bloqueo de las conversaciones.

[11] El acuerdo 2254 (2015) puede ser consultado aquí: https://www.un.org/press/en/2015/sc12171.doc.htm

[12] La ficha informativa de las sanciones de la UE se pueden consultar aquí: https://www.consilium.europa.eu/media/24491/142428.pdf

[13] El último comunicado de la UE al respecto puede encontrarse aquí: https://www.consilium.europa.eu/es/press/press-releases/2018/05/28/syria-eu-extends-sanctions-against-the-regime-by-one-year/

[14] http://syrianna.org/en

[15] MSF ha publicado un mapa de las instalaciones médicas a las que da apoyo técnico y médico: https://www.msf.es/conocenos/proyectos/siria

[16] Sobre todo en Aleppo: https://www.ifrc.org/en/what-we-do/where-we-work/middle-east-and-north-africa/syrian-arab-red-crescent/

[17] https://www.openarms.es/es/quienes-somos

[18] https://www.oxfamintermon.org/es/accion-humanitaria/emergencia/crisis-en-siria

[19] https://www.savethechildren.org/us/what-we-do/where-we-work/greater-middle-east-eurasia/syria

[20] http://www.syriahr.com/en/?page_id=1030

[21] https://www.hrw.org/middle-east/n-africa/syria

[22] https://www.proemaid.org/

[23] Un caso conocido es el de los pescadores tunecinos detenidos en 2018. Ver por ejemplo en https://www.eldiario.es/desalambre/Nobel-Paz-Italia-inmigracion-clandestina_0_811919519.html


Referencias y bibliografía

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