Jubilados vs doctores: tercera y última, el tabaco


Antes de empezar, quede claro que lo último que yo haría es defender eso del fumeteo, a mayor beneficio de tabacaleras y funerarias. Es una adicción – no es un vicio, ojo – insana, cara, y maloliente. Pero esos detalles no te los contaban en los años sesenta. No eras un hombre si no fumabas, y ahí estaba el hombre de Marlboro – que, por cierto, murió de cáncer: que se joda – para demostrarlo.

En mi caso, la adicción al tabaco empezó por el deporte. En concreto, el baloncesto. Y os preguntaréis, ¿cómo llegó un individualista a un deporte de equipo? Bueno, esa es una historia que ya he contado: por el modelo de Kübler-Ross. El caso es que acabábamos más de un domingo en una estación de pueblo, esperando durante una – o varias – horas al trenet (Cercanías para los que vivís en grandes ciudades). Hacía frío, o calor, era aburrido, estábamos cansados, los bares estaban cerrados, … Acabé fumando, y lo sigo haciendo casi cincuenta años más tarde, tras múltiples intentos por dejarlo.

Ese y no otro es el principal punto de fricción entre médicos y fumadores añosos. Que les han enseñado que el tabaco es malo y deben asustarnos para que lo dejemos. Pero algunos de nosotros no queremos dejarlo porque ya estamos esperando el último trenet (el del cementerio), sigue haciendo frío (o calor), y las diversiones para viejunos no abundan. Cualquier excusa es buena para justificar la adicción. Pero, sobre todo, porque somos viejos, y para lo que nos queda de convento no nos convence demasiado pasar por una etapa con síndrome de abstinencia.

De modo que desarrollamos también estrategias de resistencia contra el empeño médico en mejorar nuestra salud para que vivamos muchos años, y todos y cada uno de ellos se nos haga una eternidad. De eso hablábamos un tiempo atrás tres personajes imaginarios: Regino, Atufado y yo. Regino, como médico jubilado, ha dejado el tabaco, Atufado sigue con sus cigarrillos con filtro de toda la vida, y yo me he pasado de la pipa a los puritos.

 Os lo cuento.


  • Mañana tengo médico. – Dice Atufado
  • Os veo venir que vais a poner a parir a la clase médica. Ojito con lo que decís, que os conozco. – Avisa Regino.
  • Pues nada, enhorabuena Atufado. ¿Sigues teniendo a aquella chica tan maja? ¿O te has pasado a algún médico añejo que conoció a Hipócrates, como el aquí presente? – Meto algo de bulla, y me gano la mirada entre paciente e iracunda de Regino.
  • Sigo con la chica. Me da penica. Es muy maja, pero le falta un curtido o dos. – Confirma Atufado.
  • ¿Ana? Muy maja y competente. En cuanto se le olviden las tontás que le han enseñado en la universidad será una buena médica. – Apunta Regino.
  • Lo que me tiene más mosqueado es lo del tabaco. ¿Me duelen las muelas? Deja de fumar. ¿Me he torcido un tobillo? Deja de fumar… Estoy por decirle que no me viene la regla, a ver si también me quita el tabaco.

Dicho por Atufado, es cosa hecha. Éste es capaz de soltarle algo así a cualquiera y quedarse tan pancho. Aún recuerdo cuando trabajaba, que un día tuvo que ir al oculista para graduarse la vista, y harto de la curiosidad de sus compañeras, empezó a contarle a todo el mundo que tenía que ir al tocólogo. Se inventó una historia casi convincente sobre una medicación que estaba tomando y le provocaba ciclos de regla que no tenían por donde salir y se enquistaban. Para quitarse el sombrero.

  • Pero tienen razón, deberíais dejar de fumar vosotros también.
  • No me toques los pulmones, Regino, que me enciendo. – No pude menos que terciar. Sabes lo que te ha costado dejar el tabaco, y sabes lo que nos costaría a nosotros.
  • Exacto. – Tercia Atufado. – De hecho, cuando yo aún trabajaba y algún médico me decía eso del tabaco …
  • Si eras funcionario, no exageres. Tú no has trabajado nunca.

Regino suelta la tontería, se me queda mirando, y acabamos ambos en una carcajada. Y es que Atufado es uno de esos tipos que es incapaz de estar parado, y acababa trabajando por todo su departamento.

  • A lo que iba antes de que los bufones del reino me interrumpieseis. Cuando me decían lo del tabaco, yo solía preguntarle al médico cuántas veces lo había dejado. Si respondía lo normal, que ninguna, entonces hacía la pregunta del millón: ¿y tú cómo sabes lo que cuesta dejarlo?
  • Y ahí te decían aquello de “pues yo tengo un tío que lo dejó y tan ricamente…” – Respondo, porque eso lo tengo muy oído.
  • Y claro, te tienes que aguantar, porque encima es culpa tuya por ser tan flojo. ­– Dice Atufado.
  • A eso, yo sé qué contestar – Intervengo – porque me conozco el percal. Cuando emigré a Barcelona…
  • Ya estamos con el catalufo adoptado, que nos va a contar lo bien que funciona todo en Cataluña. ­– Este es Regino, que como viaja a Madrid a ver a sus hijos cada quince días (y ya de paso, asiste a los partidos en casa del Real ídem), se siente madrileño de toda la vida.
  • Pues no, y eres un tonto del culo. Cuando vivía en Barcelona, pasé por unos cuantos centros antitabaco. En la mayoría era lo de siempre. Recuerdo en un ambulatorio que me pregunta una señora “Usted, ¿Cuántos cigarrillos fuma al día?”. Yo le contesto que ninguno, pero que me fumo unas cinco pipas diarias.
  • Eso es un montón.
  • Pues la mujer anota “ninguno”, y me suelta que yo si no fumo, a qué voy allí. Le pregunté si sabía lo que estaba haciendo, y confesó que ella nunca había fumado, que era enfermera y no sabía nada de adicciones. Estaba en la unidad antitabaco porque le pagaban un plus.
  • Plas, plas, plas. – Regino y Atufado aplauden la sinceridad de la mujer al unísono.
  • Pero encontré un centro en el Paseo Maragall, en el que había un equipo para quitarse el sombrero. De entrada, te hacían una entrevista en profundidad y una prueba de potencial adictivo.
  • ¿Qué te dijeron? – Regino se interesa profesionalmente. O sea, en plan jubilado cotilla.
  • Saqué más de nueve sobre diez. Soy un fumador de sobresaliente.
  • Bah, seguro que yo hubiera sacado Matrícula de Honor. ­– Atufado lleva mal esto de que los demás saquen sobresaliente, aunque fuese en Métodos Suicidas Aplicados Empíricamente.
  • Y si fuese por capullez, Suma Cum Laude. – Le corto. – Además, cada vez que iba, dijese yo lo que dijese, me hacían soplar en un aparatito para ver cuánto había fumado. No había forma de engañarles.
  • ¿Y lo dejaste?
  • Pues sí, Regino, dejé de fumar. Pero a partir del tercer mes empecé a sufrir depresiones, y al sexto me fui al estanco, compré un cartón de tabaco, y así pude dejar la medicación contra la depre.
  • La verdad es que son unos cachondos, que te dicen luego que sales caro al Estado porque te tendrán que curar el enfisema, pero a nadie se le ha ocurrido darte quince días de baja para dejarlo, que saldría más barato a la larga. – La visión administrativa de Atufado.
  • Aparte de los impuestos que has pagado a lo largo de toda tu vida. – Apunto.
  • No creas, eso lo calculé una vez y no da para un tratamiento, pero para una baja, desde luego que sí. – De nuevo, Atufado.
  • Aparte, que al médico llega un momento que le da cosica decirle a la gente que tiene que dejarlo, pero sin poder ayudar con nada. Si tuviésemos más centros como ese que dice Bigardo… – Comenta Regino.
  • Pues será a ti, que a los jovenzuelos no parece darles cosica, ni nada. – Protesta Atufado. – Para mí que lo tienen de comodín. Como decía antes, si manchas los calzoncillos por detrás es que fumas demasiado y pegas las caladas con demasiada fuerza. La diarrea te la diagnosticarán cuando hayas dejado de fumar. El forense, si acaso.
  • A ver, que se nos está yendo el hilo. – Digo yo. – Atufado, déjame que tome notas, que esto veo que lo dominas. ¿Qué le dirás mañana a la doctora cuando te diga que Kennedy seguiría vivo si no hubieses fumado, y que su tío lo ha dejado tan ricamente?
  • Pues que cual era el nivel de potencial adictivo de su tío, por comparar. Que yo saqué sobresaliente. Seguro que no sabe responder.
  • ¡Pero eso es Bigardo! – Regino protege mi autoría.
  • Y ahora mío también. Bigardo no me cobrará derechos de autor, ¿verdad? – Me mira Atufado.
  • Verdad. – Confirmo. – Segundo argumento anti-fumador añoso: si sigues fumando padecerás cáncer.
  • Le pediré que me garantice que si lo dejo no tendré cáncer. “Hombre no, don Atufado, eso no lo puede decir nadie” – Imita Atufado con la voz atiplada. – Pues lo contrario, tampoco.
  • Esa es buena. Otra: si no dejas de fumar morirás. – Yo sigo con lo mío.
  • Lo mismo. Y si dejo de fumar, ¿seré inmortal? Pues vaya coñazo, oiga.
  • Pero vivirás más tiempo. – Habla Regino.
  • Claro, porque ningún camión nos atropellará, ¡nos ha jodío mayo con sus flores! – Protesto.
  • Eso, y desde luego, con amigos como vosotros, se me va a hacer eterno. – Responde Atufado.
  • Va, la última. La probabilidad de fallecer antes de los 70 es un 20% más alta si no deja de fumar. – Planteo, porque eso de las estadísticas también es el pan de nuestro de cada día en la consulta de viejunos.
  • ¿En serio? – Pregunta Regino.
  • No, me he inventado los números, y de toda forma te lo va a decir el facultativo, o facultativa de turno. Los futuros antepasados no tenemos por qué saber esas cosas, nuestra única responsabilidad es dejar un cadáver presentable.

Apenas he dicho esto, y noto que el nuevo camarero lleva ya un ratillo a nuestro lado con la bandeja bajo el sobaco. Lo miramos.

  • La respuesta correcta – nos dice con su fuerte acento del Este – es que ninguna estadística puede utilizarse para predecir el comportamiento de un ítem de la muestra en particular.

Nos lo quedamos mirando como si fuese extraterrestre.

  • Es que yo era profesor de matemáticas en nuestro país.

En su país lo echaron, y aquí lo tenemos de camarero. Dios salve a Europa. Nada que añadir, señoría, los dados han sido jugados.

  • Vale, pues a mí me traes un café bendito de orujo. – Cambio de tercio porque no he pillado nada de lo que ha dicho, y me da vergüenza pedir que nos lo explique.
  • Otro, y mejor nos lo sacas fuera, que me voy a echar un cigarrito, o dos. Por si acaso mañana me convencen. – Como si Atufado fuese convencible de algo.
  • Pues a mí me traes un café solo y un purito. Voy a cagarme en el convento. – Ese es Regino en un momento de debilidad.

Salimos a la terraza, y pasó lo que tenía que pasar. Que empezamos a discutir de fútbol, que sólo le interesa a Regino, a ver si se olvidaba del purito. Y se le olvidó en cuanto Atufado dejó caer que había escuchado que Messi se quería ir al Madrid, y Neymar también. Y es que Atufado es muy bueno contando historias increíbles, y cuando te cae la baba apetece menos fumar.

Gracias al fútbol salvamos a Regino de la recaída, alabado sea Messi.


Dejad que insista en lo que dije al principio: este escrito no es en absoluto una defensa del tabaquismo. Con esta discusión imaginaria sólo pretendo dejar tres puntos claros:

  • Primero: que si eres joven, y estás a tiempo, mejor no empieces porque eso de “ya lo dejaré” no funciona. Al contrario, cuanto más tarde, peores consecuencias.
  • Segundo: si el paciente ya es un viejo con el culo carpeta pelado, y no quiere atender a razones, no insistas, porque para lo que le queda de convento, te arriesgas a que se cague dentro.
  • La tercera y última: que me parece normal, y entiendo, que los médicos consideren que las enfermedades de viejunos tienen mal arreglo, pero tampoco nos toméis por tontos y dejad de echarle la culpa al tabaco si no nos viene la regla. Curraos el diagnóstico una miaja más.

Gracias por dejar un comentario. Nota que no se aprobarán aquellos que superen las 250 palabras, o contengan afirmaciones no demostradas. Por ejemplo, si afirmas que la madre de algún personaje público ejerce la prostitución, tendrás que aportar pruebas.

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