Crónicas de Ptaguj (4): sexo y género.


Me parece sorprendente que el muy egocéntrico K.Baladring se haya esforzado de forma altruista, sin recibir nada a cambio, pero lo ha hecho. He recibido hace poco esta misiva suya que publico, declarando que ninguna sustancia ilegal ha sido entregada en pago a este artículo, ni animal alguno (humanos incluidos) ha sufrido daños de consideración, aparte de tener que soportar su Muy Hediondo Sobaco (MHS).


Degenerada humanidad, a la que escribo sin saber por qué. Vale, sí que lo imagino. Será por si acaso algún humano útil lo lee y se le ocurre algo para ayudar en nuestra Gran Crisis Gujdarian, que no pensaréis que os quiero porque vosotros lo merecéis. Ni de coña.

Bueno, al grano. En mi anterior misiva os decía que hablaríamos de sexo y género como atributos individuales. O sea, que quien espere detalles fornicatorio/reproductivos, que se vaya olvidando por ahora. A eso ya llegaremos, si Yo quiero.

A lo que íbamos, que la paella se me está subiendo a la cabeza. Como os decía, sexo y género. Obviamente en vuestra civilización, que en la nuestra no es necesario. Las hembras de nuestra especie son muy diferentes de los machos, en todos los sentidos. Casi no nos parecemos en nada.

Para empezar, ellas son blanditas. No quiero decir que sean de gomaespuma, o hinchables como esos sucedáneos que tan a menudo utilizáis. No, quiero decir que carecen de la brillante, multicolor, y hermosísima coraza escamosa que protege el cuerpo de los machos. Pensaréis que como vuestras hembras, las mujeres. Pues no, más bien como vosotros, los hombres. No los varones, que de esos hay de todo, me refiero a los hombres, hombres. Como éste:

Aunque desde luego, nuestras hembras tienen un rostro mucho más expresivo y agradable.

Hay muchos otros detalles menores, de los que ya habrá ocasión de hablar más adelante. No sé, como que ellas tienen uñas y nosotros garras, ergo ellas pueden sacarse las pelotillas de la nariz, y nosotros pues mejor no. No me voy a entretener con estos detalles, otro día.

A nivel de características mentales, nuestras hembras tienen atributos de escaso valor que las hacen socialmente útiles, a veces, pero sin pasarse. Así como los machos tenemos fiereza, estamos blindados por nuestras escamas, somos bravos y honrados en el combate, y muchas más cualidades que nos hacen prácticamente perfectos, ellas sólo tienen cualidades de esas que aceptas como útiles para que no se te enfaden y te dejen sin reproducir (el sexo lúdico lo llevamos por otro lado). Por citar alguna tontería que ellas aportan, pues por poner un ejemplo, inteligencia, sensibilidad artística, o creatividad.

Debo reconocer que en estas valoraciones sociales nos parecemos humanos y Gujdaris. Vosotros también minusvaloráis las habilidades más femeninas, como la ciencia, la literatura, o la poesía, y en cambio sobrevaloráis la capacidad de sacudir hostias – poco más, porque no tenéis garras ni dientes afilados – y de tiraros pedos y/o eructos en público. Y eso que no os lo hemos enseñado nosotros, es totalmente cosecha vuestra.

Por eso, nosotros, los machos, hacemos aquello realmente importante como viajar a otros planetas, o matarnos entre nosotros en viriles batallas. Ellas, pobres, son científicas, literatas, estrategas militares, esas cosas. Por poner un ejemplo, ellas diseñan las naves espaciales teniendo cuidado de que el puesto de pilotaje esté al nivel intelectual masculino, con dibujitos. Y nosotros nos vamos en ellas, para la mayor gloria de Ptaguj.


Hago aquí un inciso. Ellas no suelen viajar en las naves que diseñan, dicen que se sienten satisfechas con su parte. Nunca lo he entendido: si ellas diseñan las naves, y nosotros las construimos poniendo en ello casi toda nuestra atención, ¿qué puede ir mal? Al fin y al cabo, sólo tienen un 42% de probabilidades de explotar en el despegue, los machos somos muy cuidadosos con los estándares de calidad. Fin del inciso.


Alguna vez ha ocurrido en Ptagujguj que alguna hembra, o algún macho sospechoso, se haya rebelado contra el destino de su sexo de nacimiento, pero generalmente las cosas se arreglan solas. Recuerdo el caso de una hembra que, en medio de una batalla, se planteó por qué estaba matando a machos de su propia especie. Como a ninguno se nos hubiera ocurrido que alguien pudiera estar pensando – los machos no pensamos, ¡actuamos! – creyeron que se había muerto de pie y le cortaron la cabeza para llevarse un trofeo. En otra ocasión otra mujer hizo algo parecido, pero se le ocurrió pensar antes de la batalla. Sus propias tropas, con un dolor de cabeza insoportable porque la hembra les exigía que razonasen, le cortaron la cabeza y se la entregaron al enemigo como trofeo.

También la inversa ha ocurrido, aunque sucede menos porque cuando los machos descubrimos un ejemplar dubitativo entre los nuestros solemos usarlo de probador de espadas. Más en concreto, del filo de las espadas. No lo hacemos por algún tipo de fobia, sino por mera supervivencia: somos conscientes de la que un macho puede liar si piensa demasiado. Por mencionar un caso, una vez se escapó un macho con aspiraciones científicas y se encerró en un laboratorio de química, territorio femenino. No supo dónde estaba, lo confundió con una cocina, y pensó que guisar una sopa con los ingredientes disponibles era una buena idea. En vez de tenerlo que sacar de allí bastó con esperar a que se despegasen los restos del techo para recogerlo.

Como veis, en Ptaguj las cosas están claras en este sentido, hay pocas dudas así que eso del género es algo totalmente accesorio. En cambio, vosotros sois unos bellacos por naturaleza, que eso no os lo ha enseñado nadie, y os habéis inventado que algunas tareas son femeninas. Una desvergüenza, porque siendo las capacidades de cada sexo muy similares – excepto la función reproductiva, de la que los machos os libráis por diseño – os habéis inventado la cosa esa del género para poderos pegar la vida padre a costa de las mujeres. ¡Ay qué cabroncetes…!

Y eso que os sale caro, porque entre lo que invertís en las escuelas para dejar las hembras tecnológicamente (también) a medias, lo que os cuesta devaluar cualquier cosa que ellas hagan mejor que vosotros para que no se revalorice, y lo laborioso que resulta invisibilizar su talento, ¡es que no paráis! ¡Qué jodíos!

La semana próxima sí hablaremos del fornicio en Ptaguj.

¡Hale, a cascarla!

Enlace al anterior capítulo. Enlace al capítulo siguiente

3 comentarios sobre “Crónicas de Ptaguj (4): sexo y género.

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  1. Es que nosotros los machos tenemos testosterona, que es una substancia que se cría en los cojones da dos vueltas por los riñones y sale por la punta de la faba, lo cual nos produce deficiencias cognitivas pero a mucha honra porque mantenemos el equilibrio matándonos indiscriminadamente sin escrúpulos, cosa de las hembras.

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