Crónicas de Ptaguj (5): fornicio


Para aceptar el envío de esta misiva, K. Baladring me obligó a masajearle los pies y rascarle la espalda. En su momento me pareció raro, incluso desagradable, aunque no entendí el objeto de su petición hasta que leí el escrito presente. Desde entonces llevo guantes de goma, y no pienso quitármelos mientras ese bicho ande por aquí.

Aquí os cuelgo la explicación del fornicio en Ptaguj. Y nunca más, eh, nunca más.


Queridos humanos… ¡Ja, ja! Es broma: no os quiero lo más mínimo, especie de blanditos amorfos.

Hoy me dignaré condescendientemente explicaros el tema de las relaciones sexuales con objetivo de reproducción, o no, entre Gujdaris de ambos sexos, o no.

Empecemos por lo más básico del fornicio reproductivo: somos ovíparos marsupiales, para que nos entendáis. Es decir, los machos llevamos los huevos sin fecundar, al aire, cuando estamos en celo. Las hembras los fecundan y se los quedan hasta que les crecen los dientes a los cachorros, si son machos, o empiezan a hablar, si son hembras. No es que los machos no hablen, es que nuestro desarrollo es un poco más lento y tardamos unos meses más en hablar. En saber lo que decimos, ya pueden pasar décadas (recordad que podemos vivir de forma natural siglos).

Pero me estoy adelantando. Vamos a centrarnos en los machos. Habréis notado que no necesitamos ropa. Vosotros os la ponéis por alguno de estos motivos: clima (aunque ya me explicaréis lo de los bañadores en la playa), vergüenza de vuestros cuerpos (y hacéis bien), por imagen (para engañar a los demás, básicamente), o por convencionalismos sociales (o sea, porque os dicen que os gastéis los cuartos en ropa, y vais y lo hacéis).

O eso he deducido, que igual no es del todo cierto, pero como me importa un pijo, da igual. A lo que voy es que los Gujdaris no tenemos ese problema. Ni machos, ni hembras. Los machos, porque somos prácticamente perfectos. Las hembras, porque en la época de celo gustarán a los machos de todas formas, que no nos ponemos exquisitos. Y la temperatura ambiente no nos afecta entre ±40º Celsius, así que como mucho nos ponemos conjuntos a juego cuando queremos pasar desapercibidos entre la humanidad, como hizo el compañero en la foto que adjunto.

Gujdari macho en misión de reconocimiento

Bueno, a lo que iba. No tenemos orificios genitales permanentes, ni de los que permiten reproducir, ni de los evacuadores. Respecto de estos últimos, para que lo entendáis, ni uretra, ni ano. No nos hacen falta. Nuestro organismo supereficiente apenas deja desperdicios, y los que deja los evacúa en forma líquida mediante unas glándulas alojadas en los sobacos, y en las plantas de los pies y manos. Por eso, si alguna vez un gujdari os da la mano y la notáis húmeda, no penséis que está sudando, o si camina dejando huella, tampoco deduzcáis que el suelo está recién fregado. Obvio decir que nunca a dos gujdaris se nos ocurrirá saludarnos dando la mano, eso sería motivo de gran regocijo, pero un tanto guarro.

Inciso para el Administrador Baladre: es, efectivamente posible, por tanto, que mi sobaco sea hediondo, pero como los gujdaris machos no podemos sacarnos las pelotillas de la nariz por aquello de que nuestras garras nos dejarían chatos, no olemos una mierda, en sentido literal. En resumen, que me da igual su opinión al respecto. Y gracias por el masaje de pies, me encantó. Fin del inciso.

Sigamos. Tanto machos como hembras tenemos ciclos de celo aleatorios una vez al mes. En los machos se nos nota por los colgajos. Me explico. Cuando nos cruzamos con una hembra en celo, que sabemos que lo está porque al mirarnos se les caen las pestañas y se les marca la vagina receptora en el abdomen, exhibimos nuestros dientes, garras, corazas, y colgajos. Éstos últimos entre uno y cuatro, superdotados aparte. Si a la hembra le gustamos, se para a entre cinco y diez metros de nosotros (recordad que ellas sí huelen porque tienen uñas y no garras para sacarse las pelotillas, de ahí que no se acerquen).

La naturaleza ha superado ese pequeño problema de que las hembras consideren a los machos apestosos y se mantengan a distancia, dotándonos de pene-lanzadera-de-huevo. En términos generales, nuestro pene, que no es extensible como el vuestro sino rígido, queda escondido en el abdomen, y sólo aparece cuando es necesario. Es decir, eso que creíais que era un ombligo no lo es, es la cloaca del pene. Este vídeo os puede dar una idea de como funciona, aunque sería un cañón más que un misil.

Para entendernos, en lo sucesivo llamaremos al pene-cañón peñón.

Bien. Si la hembra nos acepta, como decíamos, se queda parada a una distancia que a ella le parezca adecuada, y abre la vagina que se oculta, también, detrás de eso que pensabais que era un ombligo. Ronronea provocadoramente para confirmar que está dispuesta. Entonces, y sólo entonces, nuestro peñón se orienta mientras uno de los colgajos, que contiene un huevo semifecundado, empieza a subir hasta situarse en posición. Los machos aprendemos desde pequeños a apuntar desde la zona central, y quien no pueda acertar a cinco metros no merece reproducirse. No hace falta decir que yo he llegado a hacer pleno a quince metros, y después de unos cuantos carajillos, modestia aparte.

Volviendo al acto en sí, el huevo, protegido por una resistente capa gelatinosa, sale disparado. Si falla, la hembra escupirá al macho y se marchará para lavarse, pero si acierta el huevo cae en la vagina ventral, que se cierra y lo aprisiona, proporcionando grandes orgasmos a la hembra, y la satisfacción del deber cumplido al macho. La gelatina se disuelve, el sistema sanguíneo de la hembra aporta los genes que faltan, y se crea la bolsa dónde se desarrollará el feto. Si durante el período de celo el macho no encuentra hembra con la que reproducirse, los colgajos se secan y caen.

Durante la incubación, la hembra vive en un orgasmo permanente, aunque de menor intensidad que el inicial, como un incentivo natural para reproducirse. De ahí que tampoco sean muy exigentes con el valor del macho.

Cuando el machito tenga dientes y muerda a la madre, o, si el cachorro es hembra, se ponga a hablar y le ponga la cabeza como un gong, lo expulsará. Así la madre recupera la tranquilidad, aunque a costa del orgasmo.

Una vez el cachorro ha sido expulsado de la bolsa marsupial, se entrega a una cachorrería, como veremos en un próximo capítulo. La bolsa cae, y se forma una nueva vagina.

Éste es el motivo por el que los intentos de reproducción entre gujdaris y hembras terrestres ha sufrido tantos accidentes, generalmente mortales para la mujer. De hecho, desde A.Baladring, los gujdaris hemos intentado reproducirnos con variados, pero casi siempre letales, resultados.

Por ejemplo, se cuenta que E.Baladring visitó un burdel en Tesalónica. Como los legionarios romanos tampoco se lavaban mucho, y E. iba equipado con un casco que le había robado a Calígula, a la trabajadora sexual no le importó, hasta que se dio cuenta de que E. se situaba a una distancia que le pareció excesiva. Ansiosa por acabar, la mujer agarró a E. y lo atrajo hacia sí, introdujo su peñón en su vagina interinguinal y se puso a mover las caderas a lo largo del peñón. A diferencia de la vagina ventral gujdariana, la humana no está blindada con una capa ósea, de modo que cuando E. disparó el huevo la mujer, que estaba tumbada, fue atravesada, quedando el óvulo alojado en la cabeza. Los legionarios, convencidos de que E. era Calígula y disponía de un súper pene, lo vitorearon y festejaron.

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E.Baladring (izquierda) con el general (medio) y su esposa (derecha) en pleno acto carnal.

La cosa se le complicó cuando E. mantuvo un trío con un general y su esposa, resultando ambos muertos en el orgasmo. Pero eso ya sería otra historia.

Diréis que todo esto es muy soso, que algo falta. Pues tendríais razón, criaturitas intelectualoides, faltaría hablar del sexo recreativo, aunque tiene poco recorrido. Ojo, poco recorrido pero mucha práctica.

Por motivos olfativos, el sexo recreativo suele llevarse a cabo entre miembros del mismo sexo. Hay muchas formas de hacerlo, así que para no extenderme sólo os explicaré algunas de las formas que se practican entre Paraibatai y Heniochoi, o simplemente entre amigos. Advierto que no se practica entre desconocidos, porque siendo una especie agresiva no nos fiamos de darle la espalda a nadie.

Disponemos de superficies escamosas extremadamente sensibles entre los omoplatos, y en la zona que se extiende entre los muslos. A partir de ahí usamos la imaginación. Por poner un ejemplo, la frase humana “tú rascas mi espalda y yo la tuya” es de origen Ptagujiano y equivale a una relación satisfactoria, habitualmente homosexual. Por ello, inicialmente llegamos a pensar que los humanos practicáis desenfadadamente la zoofilia al ver como rascáis la espalda de vuestras mascotas. O como lo está haciendo el humano con su mascota en la fotografía siguiente:

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Pervertida práctica zoofílica entre humano y gato.

Otra forma de practicar sexo recreativo consiste, siempre entre machos, en lanzarnos uno contra otro con las piernas abiertas, engancharnos y frotar virilmente nuestros bajos vientres. Es una práctica que denominamos “tijera“, que requiere de grandes dotes atléticas.

Por último, aunque esto sólo lo practicamos en las milicias durante campañas de más de un mes, sorteamos a la pajita más corta quién se apoya de espaldas en un muro, y los demás le lanzamos huevos con nuestros peñones, tratando de acertar entre sus omoplatos. Lo llamamos “fusilamiento orgásmico“.

Obviamente, el sexo se practica exclusivamente en privado, lo que os explicará algo que de seguro os ha mantenido despiertos durante meses: por qué los Gujdaris nunca nos abrazamos en público. Pues por eso, porque podría degenerar en un pispás. Por ejemplo, este cuadro refleja, en nuestra perspectiva, el instante previo a una explosión orgiástica:

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Bueno pequeñines, homínidos, homúnculos, y demás alimañas. En el próximo capítulo hablaremos de la familia en Ptaguj.

Hasta entonces, sed buenos y K. os impondrá la mano a todos para otorgaros una aromática bendición.

PS: si alguien quiere hacerme un masaje en los pies, puede llamarme al 555 666 999. Seré agradecido, me ofrezco a rascarle la espalda. No importa sexo.

Enlace al anterior capítuloEnlace al capítulo siguiente

4 comentarios sobre “Crónicas de Ptaguj (5): fornicio

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    1. Tu pregunta es muy humana, en el sentido peyorativo del término. Respecto del onanismo, dime un Gujdari que posea un rascador de espalda y te diré dónde hay un onanista.
      Otra cosa es la pornografía en imágenes. ¿De dónde crees que he sacado las fotos de nuestras hembras?
      En cambio, lo de la pornografía filmada no tuvo mucho éxito entre nosotros (entre las hembras no lo sé por razones que ya explicaré). He de indicar que un listillo cuyo nombre no citaré, pero empieza por P. y acaba por Baladring, trató de vender películas de humanos disparándose en el paintball. Pero cuando llevas la escopeta siempre contigo, ¿a quién le interesa ver cómo disparan otros? Aparte de que las hembras no eran muy creíbles, extremadamente flacas, con pechos asquerosamente blanditos, y carentes de músculos en general.
      Hale, date por respondido.

      Me gusta

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