Teoría del Dominó: la caída del Pacto de Varsovia

Este artículo intenta explicar la situación en los países satélites de la URSS en la Europa del Este entre 1988 y 1989, para explicar la caída de las fichas de dominó. El sistema era corrupto, ineficiente y carente de apoyo popular. Bastó con que Gorbachov anunciase que la URSS no volvería a utilizar la fuerza para mantener los regímenes comunistas, para que toda la estructura se viniese abajo.

Una película que recrea esos días desde la mirada de los propios checoslovacos es Kolya (1996). Un film muy recomendable, cuyo contexto histórico trata de explicar este artículo.


Mapa 1 – Países del Pacto de Varsovia. Es significativo que Checoslovaquia tuviese fronteras directas con todos los países involucrados en el área soviética, pero también con Europa Occidental. Fuente: https://slideplayer.es/slide/6214677/

La impresión que queda tras leer los textos de referencia y visionar los documentales, es que el contrato social que liga al Estado con la ciudadanía estaba completamente roto en la Checoslovaquia de finales de la década de 1980. La gente, simplemente, esperaba el inminente colapso del sistema soviético.

Otra línea de continuidad es la adaptación de los ciudadanos a las formas oficiales, que ignoran por completo siempre que pueden. Probablemente sea esto lo que señala Judt cuando afirma que la mayoría de los checoeslovacos “no eran manifiestamente infelices con su destino” (Judt, 2006, pág. 887). O, como explica Hobsbawm (2018, pág. 485), ni siquiera los dirigentes más jóvenes creían ya en el comunismo, y estaban dispuestos a mudar de chaqueta en cuanto fuera posible.

Para describir el contexto histórico creo necesario relatar por separado, al menos, la situación en la URSS, una espada de Damocles permanentemente colgada sobre los países del Pacto de Varsovia, la evolución de los Estado vecinos de Checoslovaquia en 1989, el contexto del propio país del relato, y uno de los catalizadores del proceso: los acuerdos de Helsinki.

Los acuerdos de Helsinki: 1973.

Aun sin intención de detallar el período transcurrido entre 1973 y 1988, considero necesario empezar por señalar la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE) celebrada en Helsinki en 1973, como una de las bases del futuro cambio en la vida de las repúblicas del Pacto de Varsovia. Breznev y el politburó soviético podían sentirse satisfechos de los acuerdos adoptados, porque les proporcionaba la seguridad de que los países occidentales no intentarían cambiar las fronteras establecidas tras la Segunda Guerra Mundial (Judt, 2006, pág. 725).

Sin embargo, lo que probablemente en aquellos momentos consideraran unos compromisos – derechos civiles y políticos – hacia los ciudadanos individuales que podían ignorar como lo habían hecho hasta el momento, se revelarían luego fundamentales. Al año de la firma, empezaron a aparecer movimientos ciudadanos en forma de redes y agrupaciones que exigían el cumplimiento de los principios VII y VIII sobre derechos de las personas y de los pueblos. (Judt, 2006, págs. 726-727)

Por tanto, entre 1973 y 1989 empezarían a crearse tendencias políticas y sociales, amortiguadas por la represión, que se encaminaban a abrir una brecha en los contratos sociales establecidos.

La Unión De Repúblicas Socialistas Soviéticas: 1985-1989

En 1982 se inicia un vaciamiento de la gerontocracia gobernante en la URSS. Ese año Andropov, un reformista, sucede al fallecido Breznev, pero no dispone de tiempo para actuar porque muere en febrero de 1984. Es nombrado Chernenko, que también fallece muy pronto, en marzo de 1985. Finalmente alcanza el poder Mijail Sergeivich Gorbachov, otro reformista que había desarrollado su carrera como aparatchik bajo la protección de Andropov (Judt, 2006, págs. 855-856).

Gorbachov era entonces un comunista muy consciente de las gravísimas deficiencias del régimen soviético. Necesitaba cambiar de arriba abajo el sistema económico, pero tendría que hacerlo a costa de reformar primero al mismo Partido Comunista (PCUS), al que pertenecía y lideraba, y enfrentarse a los propios ciudadanos soviéticos que se sentían mayoritariamente cómodos en el sistema (Hobsbawm, 2018, pág. 474).

Para ello, el Secretario General lanza dos conceptos: el de perestroika como símbolo de transformación, y glasnost como mensaje de transparencia. La primera se basó en un utópico programa de 500 días para transformar el sistema de planificación centralizada en otro mixto de mercado. La transparencia era algo obligado tras el desastre de Chernobil, cuyos efectos cruzaron las fronteras de la URSS (Judt, 2006, pág. 860).

Sus políticas acabarían por destruir al mismo régimen que quería salvar. Pero a efectos de los países entonces controlados por el Ejército Rojo, lo más significativo son las declaraciones al exterior del entonces máximo mandatario soviético. El 7 de diciembre de 1988, tras anunciar un drástico recorte unilateral de las fuerzas convencionales de la URSS, declara: “la libertad de elección es un principio universal. No debería haber excepciones”. Se interpretó como el reconocimiento de que la URSS no volvería a utilizar la fuerza para imponer el socialismo en otras naciones (Judt, 2006, pág. 870). Los regímenes comunistas impuestos en Europa oriental y mantenidos en el poder por el Ejército Rojo ahora dependían exclusivamente de ellos mismos.

Los países del entorno de Checoslovaquia: 1988-1989

En Polonia, el sindicato Solidaridad había erosionado el poder del estado comunista, hasta el punto de que, en 1987, el país fuese admitido en el FMI gracias al asentimiento expreso del ilegalizado sindicato. Desde finales de 1988 el Estado polaco había iniciado negociaciones con un recién constituido Comité de Ciudadanos de Solidaridad. Se celebraron elecciones en junio, y el propio Gorbachov afirmó al general Jaruzelski, mandatario de Polonia en ese momento, que los resultados debían ser respetados (Judt, 2006, págs. 872-875).

Al igual que en Checoslovaquia, en Hungría la vida era tolerable, aunque el margen para el descontento era amplio debido a las desigualdades y a numerosos problemas sociales. En mayo de 1988 un grupo de jóvenes comunistas reformistas consiguieron apartar a la vieja cúpula del poder. En noviembre se autorizaron los partidos políticos independientes. A principios de 1989, el parlamento aprueba las medidas que auguraban una transición hacia un régimen democrático. En mayo se retiraban las alambradas en la frontera con Alemania occidental. Kádár, el dirigente que había gobernado desde la intervención soviética de 1956 hasta 1988, falleció pocas semanas después de que se inhumaran simbólicamente los restos de Imre Nagy, el dirigente que intentó llevar a cabo la apertura ideológica y política de 1956. El régimen comunista húngaro falleció con Kádár (Judt, 2006, págs. 876-879).

En cambio, la República Democrática Alemana (RDA) parecía estar en una situación mucho más sólida, y así lo creían incluso los dirigentes de la República Federal Alemana (RFA). Sin embargo, pese a lo que estaba sucediendo en otras repúblicas, los mandatarios de la RDA siguieron gestionando las cosas como siempre lo habían hecho, de ahí que les sorprendiera el rechazo masivo al amaño descarado de las elecciones de mayo 1989 (Judt, 2006, págs. 879-884).

Mientras, unos 60.000 alemanes de la RDA habían viajado hacia Hungría y Checoslovaquia, oficialmente de vacaciones, esperando su momento de pasar a Austria o a la RFA. La RDA protestó enérgicamente, pero las autoridades húngaras y checas se limitaron a afirmar que no hacían más que cumplir con los acuerdos de Helsinki. Las manifestaciones masivas se iniciaron en Leipzig y fueron creciendo por todo el país, hasta que el 4 de noviembre de 1989 medio millón de alemanes se reunieron en Berlín, y el 9 el gobierno se veía forzado a abrir el muro. A la mañana siguiente, el mundo había cambiado (Judt, 2006, págs. 879-884).

Checoslovaquia 1988-1989.

En la Checoslovaquia perteneciente al pacto de Varsovia, después del aplastamiento de la primavera de Praga de 1968, el régimen comunista logró mantener el control hasta el final. En agosto de 1988, las manifestaciones que trataron de conmemorar la invasión soviética fueron aplastadas, Havel y otros conocidos disidentes fueron arrestados. En mayo de 1989 llegaron las protestas de las Madres de Praga, en junio las manifestaciones ecologistas de Bratislava. Poco después de la apertura de las fronteras húngaras, la gente volvió a las calles a manifestarse en Praga. Esta vez, ante el cambio de actitud en Moscú, la policía se contuvo algo más (Judt, 2006, págs. 886-889).

En paralelo con los sucesos de la RDA, el 5 de noviembre Checoslovaquia anunció que ya no se requería visado para viajar hacia occidente. El 17 del mismo mes se autorizó una manifestación estudiantil para una conmemoración histórica. Cuando la multitud empezó a corear consignas anticomunistas, la policía cargó. Durante los dos días siguientes, decenas de miles de estudiantes primero, una multitud de ciudadanos más tarde, salieron a las calles, y la policía se limitó a mirar. Una semana más tarde el presídium al completo había dimitido y Václav Havel regresaba de su exilio a Praga. El comunismo había perdido. (Judt, 2006, págs. 886-889).

Impresión personal.

A título personal, las películas que relatan el fin del comunismo en Checoslovaquia me recuerdan en varios aspectos la perspectiva en España durante los últimos años de vida de Franco. Por un lado, el humor negro con que la población se tomaba las pequeñas – o grandes – miserias del régimen; por otro, por una esperanza en el cambio solapada, que negábamos en voz alta ; por último, por la otroridad de unos actores políticos con los que no unía más relación que la estrictamente formal.


Referencias y bibliografía

Hobsbawm, E. (2018). Historia del siglo XX 1914-1991. Barcelona: Planeta, SA.

Judt, T. (2006). Postguerra. Una historia de Europa desde 1945. Taurus Santillana.

Ramón Muñoz, R. (s.f.). Guerres, crisis i esfondrament de la Primera Globalització. Barcelona: UOC.

Veiga Rodríguez, F. (2009). Aparición, apogeo y atenuación de la primera guerra fría. La descolonización: 1945-1973. Barcelona: UOC.

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