Historias de MI puta mili: (3) La imaginaria y el loco.


Era posible ahorrarse el servicio militar por problemas físicos o mentales, y no pocos lo conseguían fingiendo alguna de las enfermedades que se consideraban razón de exclusión, o forzando las otras. Sin ir más lejos, engordando hasta alcanzar la tasa de obesidad.

Confieso que nunca entendí el criterio seguido por el elenco médico militar, pero en general, resultaba desconcertante.


Uno de los compañeros con los que trabé conocimiento era un muchacho de la Safor que, por motivos que ignoro, decidió tomarme como amigo. No recuerdo su nombre, pero él se empeñaba en llamarme Jaume, vaya usted a saber por qué. Era un tipo más bien bajito, con un bonito mostacho, y una sonrisa perenne en la cara. Mi antítesis, de hecho, tanto en lo físico, como en la personalidad. Dónde yo era introvertido, él era extrovertido. Dónde yo medía más de metro noventa, él apenas rasparía el metro setenta. Formábamos una extraña pareja.

Jaume y yo
Con mi buen amigo Jaume, cuando por fin conseguí un uniforme de faena completo.

Pues bien, este hombre al que llamaré Jaume y reaparecerá en algún episodio posterior, solo tenía un pulmón, pero fue declarado apto para el servicio. En cambio, otros con defectos mucho menos importantes, como los consabidos pies planos, eran excluidos.


Una de las razones por las que nos enviaban a casa eran los trastornos psiquiátricos, pero al mismo tiempo eran los que suscitan mayores suspicacias por la posibilidad de fingimiento. Es sabido que en aquellos tiempos las enfermedades mentales tenían poca aceptación social.

Sería la segunda o tercera noche en el cuartel cuando me tocó imaginaria. Para quienes no lo sepan, este servicio consiste en estar de guardia durante la noche unas cuantas horas, armado con una linterna y una bayoneta colgando del cinto. Lo de la linterna lo entiendo razonable puesto que la compañía estaba a oscuras, lo de llevar una bayoneta ya me cuesta más de comprender, porque la probabilidad de que alguien nos asaltase dentro del barracón quedaba como muy lejana.

El caso es que llevaba un rato de imaginaria yendo y viniendo entre las literas cuando oigo gritos estentóreos. Me acerco y veo a un compañero, cuyo nombre no había llegado a conocer, incorporado en la cama, gritando cosas incongruentes y forcejeando con las sábanas, como si fuesen ligaduras. Al poco estaba toda la compañía despierta, intentando tranquilizarle unos, maldiciéndole los otros. Por fin se relajó y cayó rendido.

Tuve que dar parte de lo ocurrido al día siguiente porque el escándalo no tenía posibilidad alguna de ocultación. El sargento le preguntó qué había ocurrido, y el hombre dijo que sufría de frecuentes pesadillas. El suboficial le dijo que no volviese a suceder, y el recluta dijo que lo intentaría. La cosa quedó ahí ese día.

Pero durante las noches siguientes la situación se fue repitiendo. Según parece nuestros mandos habían decidido que estaba fingiendo y en lugar de enviarlo a reconocimiento médico, le echaban broncas y lo castigaban con servicios.

Hasta que un día, en su paroxismo, el hombre cayó de la litera – dormía en la superior, a nadie se le ocurrió cambiarlo – abriéndose la cabeza. Esa noche lo llevaron los soldados de servicio a la enfermería, y nunca lo volví a ver. Su situación debió decretarse secreto militar porque por más que lo intentamos nadie nos quiso dar razón. Ignoro por tanto si la brecha en la cabeza tuvo consecuencias – cosa que no creo porque el herido estaba consciente cuando lo trasladaron -, o si fue excluido por enfermedad, fuese ésta real o simulada. Si fue esto último, mi aplauso por su valor para jugarse la integridad física en el intento, si fue alguna de las otras razones, mi compasión. En cualquier caso, no fue fácil olvidar sus gritos.


Como podréis suponer, este episodio no mejoró mi opinión ni de los mandos, ni del ejército en general, porque tanto si fingía como si no, esperar a que alguien se abra la cabeza para investigar su estado mental es un buen indicador del valor que nos otorgaban.

Un comentario sobre “Historias de MI puta mili: (3) La imaginaria y el loco.

Agrega el tuyo

Gracias por dejar un comentario. Nota que no se aprobarán aquellos que superen las 250 palabras, o contengan afirmaciones no demostradas. Por ejemplo, si afirmas que la madre de algún personaje público ejerce la prostitución, tendrás que aportar pruebas.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

Blog del Gran Baladre

Bacineamos de to lo que se menea

Florent Marcellesi

Blog del eurodiputado de EQUO

BlogSOStenible: Noticias medioambientales y datos... aportando soluciones

Ecología, Economía, y Sostenibilidad, desde los países ricos: Aprender, Ayudar y Disfrutar... desde Málaga (España).

Autonomía y Bienvivir

Bacineamos de to lo que se menea

La proa del Argo

Bacineamos de to lo que se menea

Salva Solano Salmerón

Bacineamos de to lo que se menea

Joven Furioso

Escritos, divagaciones y un chancletazo al libre albedrío.

Vota y Calla

No te metas en lo que SÍ te importa

Blog de Gregorio López Sanz

Bacineamos de to lo que se menea

A %d blogueros les gusta esto: