Divinas entrevistas: Ormuz.

Tras intentar conseguir audiencia con la diosa Gea, Zeus, y Yahvé, el Sabio Escarabeo ꗝው꘠ ha tropezado en la cafetería de Endeca – ya sabéis, el multiverso endecadimensional de los dioses – con el viejo dios Ahura Mazda y lo ha acorralado en la mesa del rincón.

Tengo pues el honor de presentar, por primera vez, y probablemente última porque no se deja, una entrevista con este dios indoiraní, el primer titular de una religión monoteísta, o casi.


Escarabeo: Buenos días y bienvenido. ¿Cómo prefieres que te llame?

Ahura Mazda: Por contestarte a la primera tontería, te recuerdo que tú deberías saberlo, cara de escarabajo pelotero, porque eres el encargado de hacer salir en tu país a mi hijo el Sol cada mañana. En cuanto a la segunda, Ormuz estará bien.

Hay que disculpar a Ahura Mazda por su mal carácter. Son ya unos cuantos milenios, y aunque se le ve algo desgastado, todavía conserva su genio.

E: Divino Ormuz, es un placer hablar con el dios más antiguo del panteón monoteísta.

O: Ya vamos mal. Veo que no te has preparado la entrevista leyendo previamente a Zoroastro, también conocido como Zaratustra.

E: Ah, sí, he leído Así habló Zaratustra.

O: ¡Escarabajo lerdo! Yo hablo de mi profeta Zaratustra, que vivió miles de años antes de Nietzsche, cuando la mayoría de los humanos todavía eran animistas.

E: Discúlpame, oh dios, y ya que estás, ilumíname. ¿Qué es un arrimista? ¿Un feligrés que se arrima?

O: Animistas, de ánima, cara de insecto, eran la mayoría de los humanos durante su período cazador-recolector, cuando tenían que negociar con los seres espirituales de su entorno más inmediato: el espíritu de los árboles que les proporcionaban frutos, o de los animales que cazaban. Esto era cuando todavía los humanos se consideraban a sí mismos como parte de la naturaleza, y no les negaban el ánima a los seres vivos.

E: ¿Parte de la naturaleza?

O: Claro, tanto derecho tenían ellos a comerse una gacela, como el león a merendarse a la suegra del humano. Tenían que negociar su día a día con las reglas de la naturaleza.

Vaya, esto parece recurrente, tarde o temprano los dioses mencionan a la suegra. Es curioso.

E: Y eso de la identificación con la naturaleza, ¿cuándo cambió?

O: Como casi todo, con el paso a la sociedad agrícola. Como los humanos poseían algunos animales y plantas, no iban a negociar nada con sus propiedades. Las criaban como querían, y las mutilaban o mataban cuando les diera la gana. Y claro, acabaron dando por supuesto que todo lo demás también era suyo, solo tenían que cogerlo sin pedir permiso.

E: Y ahí llegó el politeísmo.

O: Sería más exacto decir que ahí llegaron los dioses, que las religiones son construcciones sociales. Los humanos tenían que negociar otras cosas, como la fertilidad del rebaño, la lluvia, las plagas, … así que inventaron dioses para tener con quién resolver estos temas. Y esos dioses, una vez creados, controlaron al mundo y exigieron tributos y sacrificios.

E: O sea, el politeísmo.

O: No exactamente, feísima cara de bicho. Porque, aunque oficialmente todos los dioses son casi iguales, siempre dependen de otro. Los dioses griegos y romanos, por ejemplo, dependen del Destino, al que asignan diferentes nombres. Lo que ocurre es que como esos dioses controladores de dioses y creadores supremos no están interesados en el día a día de la humanidad, no merece la pena rezarles. Nadie le reza por ejemplo a Caos, predecesor de todos los dioses griegos, ni a Ananké, madre de las Moiras que rigen el destino.

E: O sea, ¿Zeus no es el padre de todos los dioses?

O: Zeus soy yo. Y si me apuras, Yahvé también. Aquí lo que cambia es la perspectiva del profeta que se saca de la manga la religión correspondiente, pero grandes dioses primigenios, hay pocos. Estamos Yo, Gea, y poco más. Por encima de nosotros, Caos, el Destino, y ya está.

E: ¡Dioses! Menos mal que los egipcios no tenemos tanto lío.

O: Insisto en que no eres muy listo, cara de insecto. ¡Claro que sí! Ra y Mitra, mi hijo Sol, son el mismo, por ejemplo. Cosas de los humanos, que como no dan para mucho utilizan el sincretismo.

E: ¿Sin… qué?

O: Sincretismo. Palabra que, como veo que ignoras, significa que los humanos crean sus religiones tomando lo que hay por ahí, pegándole unas modificaciones para adaptarlo a su cultura, ignorando las contradicciones, y tan divinamente. Pero los dioses primigenios no somos tantos. Te pongo un ejemplo, ¿sabes cuáles eran los fundamentos del zoroastrismo?

E: Ni idea, oh sabio Ahura Mazda.

O: Pues bien, Yo soy el principio y el fin, cosa que los cristianos llamaron el alfa y el omega, pero es lo mismo. Predico la libertad de acción y responsabilidad, pero llámalo libre albedrío. Mis fieles esperan al fin de los tiempos para resucitar y ser juzgados, tras resucitar y ser llamados por el salvador Saosyant, ¿te suena todo esto?

E: Me suena, me suena.

O: Pues espera. Los principios del zoroastrismo son: la igualdad, sin diferencias por sexo o color de la piel; respeto a todas las formas vivientes, condenando la opresión y crueldad ejercidas contra cualquier animal, incluido el hombre; la naturaleza es el principio y centro de todo el culto; ¿Te sigue sonando?

E: Pues sí, muchas religiones han tomado estos principios.

O: Aunque luego los dioses humanistas y capitalistas los hayan pervertido, pero escritos están.

E: Cierto, pero eso no explica por qué unas épocas tienden a ser politeístas, y luego monoteístas de nuevo.

O: Porque en realidad el monoteísmo nunca se ha dado en estado puro, lo impide la propia dinámica del plagio sincretista. Y eso lleva al henoteísmo.

E: ¿Eh?

O: Pero eso ya no te lo voy a contar que se me enfría el carajillo de Soma. Hale, búscate a otro, cabeza de moscardón.

E: ¿Moscardón?

Pero Ahura Mazda ya se alejaba con andares renqueantes hacia la barra de la cafetería, de modo que aquí termina la entrevista.


En un próximo artículo intentaremos desentrañar algunas de las ideas que nos ha dejado Ahura Mazda. El sincretismo parece claro, pero ¿qué dioses es el henoteísmo? ¿Por qué afirma Ormuz que nunca hubo religiones realmente monoteístas?

Y, sobre todo, ¿qué tiene todo esto que ver con los imperios y sus caídas?

Con esto, aquí acaba esta transcripción. Hasta la próxima semana, ¡mucha mierda!

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Referencias

Berger, P. L., & Luckmann, T. (2015). La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu Editores, SA.

Bohannan, P. (2010). Para raros, nosotros. Madrid: Akal, S.A.

Harari, Y. N. (2014). Sapiens. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, SAU.

Nixey, C. (2017). La edad de la penumbra. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, SAU.

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