(6) Religión e Imperios.


La construcción de religiones institucionales – en aquella época, imperiales – tropezó con una paradoja interesante. Supongamos un único dios benevolente, buena gente en general, que solo desea el bien para la humanidad en general y cada humano en particular. Ha dotado a cada ser con libre albedrío, y siendo un dios sabe de antemano que algunos van a hacer el mal. Pese a saberlo lo tendrá que permitir porque esas son las reglas, aunque después castigará al malvado con sufrimientos crueles y eternos. Es decir, un dios benevolente permitirá el mal a cambio de mantener el orden, priorizará las reglas del juego sobre el bien efectivo.

Frente a esta paradoja, aparecen las religiones dualistas, como las de nuestro conocido Ormuz, que se enfrenta en una lucha sin cuartel con su contrapartida malvada Angra Mainyu. Bien, ya tenemos un espíritu bueno, Ormuz, y las desgracias que ocurren se atribuyen al espíritu malo, Ahriman, que está en lucha con el otro. Así se justifica la existencia del mal, pero queda en el aire el orden. ¿Cómo luchar contra el mal, si ni siquiera el dios guay es capaz de vencerlo?

Existe una forma de dualismo más sutil: asignar al dios bueno la creación del alma, y al dios malo la del cuerpo material. Esta desviación es útil para resolver algunas paradojas. ¿Quién no ha dicho alguna vez aquello de “me lo pide el cuerpo”? ¿O “la carne es débil”?

Aunque como apunta Noah Harari, habría una forma de resolver el dilema de una vez por todas: el dios creador es un cabroncete que se divierte puteando a la humanidad, y la buena gente que se porta bien es impía y pecadora. Si tal religión ha llegado a existir, no se ha extendido mucho, y es fácil de entender: ¿quién va a rezar para que su Dios les envíe desgracias? Aparte del cristianismo original, claro. Pero de eso hablaremos en el capítulo siguiente, y por ahora último, de esta serie.

Llegados aquí, se abren dos interrogantes. Vamos uno a uno.


La expansión de las religiones.

Es obvio que los cazadores-recolectores no tenían razones para extender sus religiones animistas, muy localizadas. Si mi tribu – ojo, que los coleópteros no formamos tribus, es un decir – se alimenta de conejos, porque son abundantes en la llanura en la que residimos, tendrá sentido adorar al espíritu del conejo. Pero en un valle donde no hay conejos, ¿qué sentido tendría? Así que no nos ofende si un valle cercano está habitado por adoradores del jabalí, cuyo espíritu a nosotros nos importa una larva de mosca.

Sin embargo, esto deja de ser cierto cuando hablamos de religiones institucionalizadas. Como ya comentó mi imago en otra publicación, para que mis instituciones sean reales y objetivas, forzosamente si otro las contradice estará equivocado, y/o será un malvado digno de recibir el mayor castigo posible. Pero la afirmación es también cierta desde el otro lado, luego en consecuencia el resultado es que ambas tratarán de imponerse para que la creencia propia no sea deslegitimada. Así, la vencedora tendrá menos posibilidades de ser desafiada y sus fans dejados con el culo al aire. Lo cual es un decir, porque los escarabajos vamos desnudos, y no tengo claro que tengamos culo.

Esta necesidad de expansión generó una diferencia importante entre las religiones monoteístas (o, en su mayoría, monólatras. Lo explico en el siguiente capítulo) y las politeístas. Estas últimas no tienen problema alguno con la paradoja enunciada al principio, porque está claro que los dioses buenos no siempre pueden controlar a los dioses malos, así que una persona hará cosas buenas o malas dependiendo al dios que adore, en particular. Es decir, no cabe esperar continencia de los adoradores de Dioniso (también conocido como Baco), en cambio las seguidoras de las diosas virginales Artemisa, Atenea o Hestia tendrán una vida bastante plácida. Incluso Zeus, rey de dioses, es bastante golfo, ¿qué cabe esperar de sus seguidores?

Además, en el hogar de los dioses hay sitio de sobra. ¿Que se conquista un reino que tiene otros dioses? Pues se les hace sitio en el panteón. ¿Que el emperador se cree divino? Pues se le edifican templos. Ningún problema… hasta que aparecen religiones monoteístas, que no pueden aceptar a otros dioses … o sí.

¿Monoteísmo o monolatría?

Aquí es dónde entra el concepto del henoteísmo. La dificultad que los creyentes tendrán que resolver es la utilidad para los humanos de los grandes dioses de las grandes religiones: son demasiado lejanos, y en ocasiones carecen de intereses que coincidan con los de los fieles. Es el caso de Caos, o del Destino, que ya he mencionado, y en parte también de los dioses cristiano y judío. En las culturas politeístas eso no es problema, si nos falta un dios de una característica determinada, y con unos intereses cercanos a un grupo de humanos en particular, pues se le añade al catálogo – formalmente el panteón – y se le reza y/o sacrifica cosas.

Obviamente, en las monoteístas eso no es posible, no podemos añadir dioses. Así que lo que hacemos es tomar figuras subordinadas al dios, que tengan intereses concretos y con las que se pueda negociar, aún reconociendo su divinidad parcial. Por ejemplo, el cristianismo le asignó ese papel a los santos. A un agricultor le resultará más cercano pedir lluvia a San Isidro que molestar al propio Dios, y cualquier grupo profesional, ciudad, o incluso reino, tendrá a su santo patrón o patrona a la que elevar sus peticiones, digamos más domésticas, más de andar por casa.

Otras figuras tienen asignados roles que van cubriendo huecos. Para resolver el dilema del mal, disponemos de ángeles caídos. Para la resolución de los problemas administrativos del otro mundo confiamos en grandes santos, como San Pedro, o de semidioses como los arcángeles.

Por tanto, es monoteísmo en cuanto a que los fieles reconocen un solo dios, pero el culto diario, la fe sencilla, es en realidad monólatra: sólo se adora a un dios, pero no está solo.


Un caso particular de gran trascendencia para el mundo occidental, y el posterior nacimiento de las divinidades humanistas, ha sido el nacimiento del cristianismo y su expansión por el imperio romano, hasta posteriormente eliminar de la historia todo aquello que no le convenía, propiciando una edad gris que durará mil años.

Pero de todo eso hablaremos en el último capítulo.

Mientras tanto comed bien, cagad fuerte, y no temeréis a la muerte.

¡Salud!

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Referencias

Berger, P. L., & Luckmann, T. (2015). La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu Editores, SA.

Harari, Y. N. (2014). Sapiens. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial, SAU.

Wikipedia. (s.f.). Obtenido de Zoroastrismo: https://es.wikipedia.org/wiki/Zoroastrismo

Wikipedia. (s.f.). Obtenido de Henoteísmo: https://es.wikipedia.org/wiki/Henote%C3%ADsmo

Wikipedia. (s.f.). Obtenido de Animismo: https://es.wikipedia.org/wiki/Animismo

Wikipedia. (s.f.). Obtenido de Mitología griega: https://es.wikipedia.org/wiki/Mitolog%C3%ADa_griega

 

Gracias por dejar un comentario. Nota que no se aprobarán aquellos que superen las 250 palabras, o contengan afirmaciones no demostradas. Por ejemplo, si afirmas que la madre de algún personaje público ejerce la prostitución, tendrás que aportar pruebas.

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