COP25 (1): la cosa global


La conferencia de países del clima, COP25, nos ha tenido entretenidos durante quince días con las idas y venidas de unos y otros, las tontás de demasiada gente, representantes electos incluidos, y el aparente descubrimiento por parte de los medios de que existe una cosa que llaman cambio climático, y que se puede meter en los telediarios.

Ahora bien, todo ese derroche de atención y medios, ¿ha servido para algo? Veámoslo.


Los hechos.

Es difícil encontrarlos en las declaraciones de los responsables políticos asistentes, pero los científicos han tenido la oportunidad de contárnoslo y contárselo.

No insistiré en la información básica sobre el problema climático, ya lo hice desde el punto de vista de la Termodinámica y de la hipótesis Gaia, aparte de otros artículos de la serie sobre la paradoja de Fermi. Lo que nos han dicho, en resumidas cuentas, es que la aceleración de la temperatura media del planeta es mucho más rápida de lo que se había pronosticado hasta ahora, y que si se quiere mantener el objetivo de un crecimiento inferior a 2º hay que reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) con mucha mayor rapidez. Para entender la relevancia de ese medio grado entre 1,5º y 2º sobre el nivel preindustrial, estamos hablando de la desaparición irreversible de todos los glaciares continentales, lo que conlleva mayor elevación del nivel del mar, alteración de ciclos del agua (inundaciones y sequías), y otras bromas de mal gusto de la naturaleza.

Pues bien, si se continúa con la inercia actual, el escenario más probable es un aumento de 3,4º para finales de siglo en lugar del objetivo de 2º de la cumbre de París. Eso dejaría a la humanidad en zona desconocida, pero probablemente bordeando la extinción (palabrita de Stephen Hawking), o como mínimo en un cuello de botella biológico.

Las COP.

Las Conferencias de las Partes (COP por sus siglas en inglés) se numeran desde la primera, celebrada en Berlín en 1995, hasta la actual COP25, presidida por Chile, pero realizada en Madrid. A estas conferencias organizadas bajo los auspicios de Naciones Unidas acuden representantes de la mayor parte de los países del globo, unos para ponerse de acuerdo en prevenir el desastre, otros para ver qué pueden obtener, y unos cuantos para hacer todo lo posible por descarrilarlas. No es, por tanto, algo uniforme, sino que cada estado aporta sus propios intereses.

¿Sirven para algo las COP?

Dejadme que os proponga un símil. Imaginemos que un centenar de especímenes humanos se dedican como locos a golpear con un martillo unas columnas, lo que les reporta beneficios inmediatos, mientras muchísimos más individuos e individuas están pacientemente sentados mirando. Ahora sabemos que esas columnas sostienen un piedrolo enorme que, si llega a caer, puede matar a casi todos – si no a todos – los reunidos ahí debajo.

Bien, pues los representantes de los que pican las columnas se reúnen una vez al año en unas conferencias denominadas COP (Cachondeo Organizado de Piedroleros) para discutir si el piedrolo existe, y en caso de que así fuera, si se caerá cuando se partan las columnas, y si, en caso de caerse, habrá sido por su culpa. Pese a que los chamanes de la tribu les confirman que sí a todo, los dirigentes se acaban dividiendo en tres grandes grupos:

  1. Los que dicen que vale, y fijan una fecha relativamente cercana porque necesitan tiempo para sustituir sus fuentes de riqueza.
  2. Los que dicen que vale, pero que no piensan parar de picar hasta que hayan sacado al menos tanto como los primeros que se pusieron a la tarea.
  3. Los que dicen que eso de que partiendo las columnas se caerá el piedrolo es un invento de los degenerados sociales que no tienen nada mejor que hacer.

Desde un punto de vista pragmático, eso significa que, si los primeros cumplen sus compromisos, y además ayudan económicamente a los segundos para que adelanten el cese de los martilleos, la probabilidad de que el piedrolo se desplome a corto plazo será menor, y el problema se aplaza.

¿Es eso mejor que tenerlos a todos picando como locos hasta que caiga el piedrolo genocida pasado mañana? Pues indudablemente sí, pero desde luego que nadie espere que salga de ahí una solución al problema porque los del grupo 3 son los que martillean con más entusiasmo y eficacia, y no piensan parar.

¿Cuáles han sido los mayores obstáculos?

El objetivo de la COP era empujar a los países a objetivos de reducción de GEI más ambiciosos, proponiendo planes de actuación para marzo de 2020. La respuesta de la mayoría ha sido que, si eso, hacia octubre, y ya tal. Ese retraso, aparentemente mínimo, se traduce en casi dos años perdidos. Sin hablar de los que están ahí para boicotear, como Arabia Saudí o Brasil, que no ven la necesidad de acelerar nada.

El segundo punto conflictivo, que se resolvió sobre la bocina fue la inclusión de una hoja de ruta que permita asegurar que se tienen en cuenta los derechos humanos, de las minorías y los de género en los planes de acción. Para colmo, es un objetivo que ya figuraba con anterioridad, por lo que habría sido un serio retroceso. Al final se consiguió, pero hubo que doblar el brazo de, como no, Arabia Saudí y Nigeria, por citar a dos países que llevan mal eso de los derechos humanos, en general, y de los femeninos en especial.

Un tercer punto de conflicto es el mercado de emisiones de CO2. Para entendernos, si un país ya emite menos GEI que otro, pueden intercambiar derechos de emisión de modo que el resultado sea neutro. O eso dice la teoría. Desde luego a las empresas eso les gusta porque les permite retrasar acciones de freno de emisión a cambio de dinero, y a países que no contaminaron en el pasado pero ahora sí, pues también, porque lo que esperan es beneficiarse a través de la doble contabilidad – yo te vendo derechos de emisión, y los dos nos lo contamos en positivo – o del uso de emisiones no consumidas en el pasado – ahora emito como un loco, pero me lo contabilizo a cambio de lo que no emití en el siglo XX -. Aquí entran muchos países, entre ellos Brasil o Australia, e incluso algunos que, oficialmente, ni siquiera han venido, como los EEUU. Y es que con tal de dar por el tubo de escape del metano órganico…

Por último, y aun a riesgo de dejarme cosas en el teclado, están los países relativamente pobres, o pobres de solemnidad, que dicen que los ricos, que son en el fondo los culpables de todo este marrón, suelten dinero para que puedan ponerse al día en tecnologías más limpias, porque si no seguirán tirando de carbón. O sea, martillazos a las columnas con el mazo más gordo.

¿Quién tiene razón?

No es fácil decidir si realmente los países que ahora más contaminan globalmente no tienen una cierta justificación. Mirad, por ejemplo, este gráfico de emisión de CO2:

Histórico de emisiones GEI
Fuente: Global Carbon Atlas. http://www.globalcarbonatlas.org/es/CO2-emissions

Cierto es que la India, por ejemplo, está liberando GEI a base de bien, pero fijémonos en que aún siguen lejos de la UE28 y de EEUU. En cuanto a China, hace relativamente poco que ha superado a la UE y aún menos a EEUU.

Pero para entender mejor las posturas de India y China habría que enfocarlo desde otro punto de vista:

Emisiones GEI per cápita y territorio
Fuente: Global Carbon Atlas. http://www.globalcarbonatlas.org/es/CO2-emissions

Mirémoslo ahora en emisión per cápita y superficie. En ese caso, un ciudadano chino (7 toneladas de CO2 por habitante) emite hoy algo más que uno europeo (6,7 tCO2) en promedio, y un ciudadano medio indio (2 tCO2) como menos de un tercio. ¿De verdad deben conformarse con quedarse como están? En cambio, EEUU anda tirando gases como un loco a razón de 17 tCO2 desde hace mucho tiempo, y nadie les puede chistar. ¿Justo? No, pero mientras discutimos si galgos o podencos, la temperatura sigue subiendo, así que los ricos, o pagamos, o nos hundimos como los pobres.

Menos Trump, que se ve que ese flota en el metano.

Lo conseguido.

La declaración final, no exenta de polémica por la gestión de la presidencia chilena, a la que tuvo que rescatar nuestra eficiente ministra Teresa Ribera, salió tan meliflua como cabía esperar: anima a los países a aprovechar la oportunidad en 2020, instando a cada país a presentar nuevos planes… Pero el caso es que salió, que no es poco teniendo en cuenta los elementos dañinos que pululaban por allí, y que en estas asambleas las decisiones han de tomarse por unanimidad.

Mientras tanto, un grupo de 84 países – muchos de ellos europeos – se han comprometido a presentar planes de recortes mucho más ambiciosos en 2020. También 14 regiones, 398 ciudades – incluidas algunas norteamericanas tanto en las unas como en las otras – 786 empresas y 16 grandes inversores. No es para tirar cohetes, pero es más de lo que se tenía. Por el contrario, China, EEUU, India y Rusia – que suman un 57% de los GEI – se han hecho el loco, y habría que sumar las trampas al solitario de Australia y Brasil, que pretenden usar los créditos del carbono que les sobraron desde 1997.


Y hasta aquí este artículo. En fechas próximas publicaré una continuación hablando de cómo andamos a un nivel más local, de la muchachada activista, y de las muchas tonterías que se dicen a nivel de acción individual.

Hasta entonces, a pasarlo bien, como dice el amigo Merdero a aprovechar las comidas de Navidad, que igual no nos quedan tantas como pensamos.

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