De colapsos y otras cosas divertidas (VI): los detonantes


En el capítulo anterior hice un rápido repaso de la situación actual (o, al menos, tan actual como los datos disponibles permiten), llegando a dos conclusiones:

  1. Que, salvo cambios importantes en el contexto, no es previsible a corto plazo un colapso causado por una deslegitimación aguda del sistema. Lo que llamé causas endógenas.
  2. Que el entorno actual se encuentra en los últimos estadios previos al colapso por causas exógenas, sin saber con seguridad si estamos en el último o el penúltimo escalón antes del abismo.

En este artículo voy a echar un rápido vistazo a algunos posibles detonantes de una caída brusca para, dependiendo de la cantidad de recursos que se requiera para solventarlo, intentar deducir si el colapso es inminente, o solo cercano.


Como primer aviso a navegantes, quiero dejar constancia de que solo mencionaré tangencialmente tres causas que suelen ser recurrentes en estos estudios, y me gustaría explicar por qué las dejo aparte.

La primera es el caos climático. Básicamente no la tengo en cuenta porque no es una posibilidad, sino una certeza que se impondrá de forma gradual. Por tanto, a corto plazo consistirá en un empeoramiento de las condiciones y una fuerte aceleración del declive sistémico. Pero por ahora, no es un detonador. Es decir, lo que estoy buscando es una causa de un posible colapso antes de que el cambio climático se transforme en caos, probablemente en tres o cuatro décadas.

La segunda es el agotamiento de las reservas de combustible fósil. De nuevo la razón es que se trata de una certidumbre, pero que no actuará a corto plazo. Las actuales previsiones es que no ocurra antes de 2050, por tanto ya estaría en líneas temporales del caos climático, y no se trata de un detonante anticipado. Tema diferente es el precio del petróleo, que sí incluiré por tratarse de un fenómeno de origen geopolítico, y por tanto sujeto a decisiones unilaterales de los actores globales.

La tercera es, en mi opinión, la más importante: la complejidad del sistema. Si hago caso omiso de ella en este punto es por una obviedad, y es que la complejidad es un tema muy complejo y poco intuitivo. Además, lo que implica, más que un detonante en sí, es un determinado comportamiento de los sistemas. Ya habrá tiempo de desarrollar este punto en el próximo (y último) capítulo de esta serie.

Pero que nadie se preocupe, quedan muchas otras posibles causas de disparo del colapso. Como afirma Mario Martín Merino:

De acuerdo con un modelo de predicción matemática encargado por la NASA al Centro de vuelo espacial Goddard, que ha sido bautizado con el nombre de HANDY, se han podido determinar cinco factores cuya incidencia es determinante para provocar el colapso de una civilización, los cuales son: el clima, la población, los recursos hídricos, la agricultura y la energía. Cuando esos cinco elementos confluyen simultáneamente, se produce el “colapso perfecto”, que desencadenará una sobreexplotación de los recursos disponibles a consecuencia de la degradación de las estructuras económicas y una mayor jerarquización social que se traducirá en un incremento de las desigualdades entre la población de esa sociedad.

Mario Martín Merino. El colapso de las sociedades complejas (2017)

Algunas de estas causas las he obviado, como explico en el principio de este artículo, y he añadido otras que considero significativas. Veamos las que considero más importantes y comprensibles.

Pandemia.

Inicio el análisis por este tema porque está de actualidad, pero como veremos no es una causa probable por sí misma de desencadenar un colapso.

Las grandes pandemias no son en absoluto algo nuevo. Empezando por la Peste Negra que en el siglo XIV mató a una de cada 5 personas, siguiendo por la mal llamada Gripe Española – en realidad, su origen se sitúa en EEUU – que se extendió como la pólvora debido al silencio impuesto por la Primera Guerra Mundial y se calcula que mató entre 20 y 100 millones de personas (teniendo en cuenta la guerra, es difícil decir cuantos muertos son debidos exclusivamente a la gripe), y terminando por el reciente Coronavirus.

Año de inicioPandemia% Muertes sobre la población mundial estimadaPoblación mundial estimadaVíctimas según estimaciones
1350Peste negra19,1772%391.089.16875.000.000
1889Gripe Rusa0,0606%1.650.000.0001.000.000
1918Gripe española5,4579%1.832.196.096100.000.000
1957Gripe Asiática0,1392%2.873.306.1124.000.000
1968Gripe de Hong-Kong0,0563%3.551.599.1042.000.000
1981SIDA0,6612%4.536.996.86430.000.000
2003SARS0,0000%6.381.185.024900
2005Gripe aviaria0,0000%6.541.906.94464
2009Gripe A0,0041%6.872.766.976284.500
2014Ébola0,0001%7.295.290.8804.500
2012Coronavirus I0,0000%7.125.828.096500
2014Zika0,0000%7.295.290.880?
2020Coronavirus II0,0001%7.770.157.300?

Elaboración propia. Fuente Wikipedia – Anexo: Cronología de las pandemias

Es más interesante su evolución a lo largo del tiempo. Lo vemos en la tabla adjunta, de la que he excluido las epidemias que no se extendieron por varios continentes. Las pandemias alcanzan actualmente una mayor extensión, pero pese al crecimiento de la población mundial, también causan menos víctimas. Ambos efectos son esperables debido, en el lado negativo, a la facilidad de movimiento de personas y productos que facilita la diseminación del virus o bacteria de turno, y en el positivo al desarrollo de la medicina institucionalizada.

En estas condiciones, salvo excepciones especialmente graves como una nueva epidemia parecida al SIDA o al ébola, o una mutación de algún virus conocido hacia una forma de mayor letalidad, ya no cabe esperar mortandades como la de la Peste o la gripe de 1918. Aunque hay un hecho inquietante: el ciclo actual de pandemias se ha acelerado, de modo que es razonable esperar que después del actual COVID-19 veamos otra antes de 2030.

Una advertencia al respecto: que no veamos las epidemias en curso más allá del Coronavirus no significa que no las haya, solo que no afectan a Occidente (todavía).

Mapa de alertas sanitarias en la pasada semana. Este mapa puede configurarse para cada epidemia activa en el momento de la consulta. Fuente: HealthMap.org

Porque, con el cambio climático en marcha, cabe esperar un desplazamiento de las temperaturas subtropicales hacia el sur de Europa, y la aparición de enfermedades endémicas del norte de África. Preparémonos para sufrir dengue, zika, etc. a medida que avance la desertización, porque lo hará.

Fuente: eldiario.es – El 80% de España, en riesgo de convertirse en desierto este siglo por el cambio climático

Ahora bien, cada pandemia genera un importante impacto económico. Conocemos el del SARS (54.000 millones de US$) y la OMS estima el de una pandemia de gripe severa en unos 3 billones de US$[1]. Por ahí andará, como mínimo, esta pandemia que estamos viviendo a principios de 2020. A esta cantidad habría que sumarle el importe del PIB afectado por la recesión económica que seguirá, que podría andar en torno al 5% si se parece a la de 2008.

Pero volviendo a nuestro tema, aunque tiene un claro impacto económico en el PIB mundial, a menos que la pandemia fuese extraordinariamente grave, es dudoso que pudiese desencadenar por sí sola un colapso global. Lo que no quiere decir que, cuando la epidemia se limita en una región concreta, esta no pueda hundirse por ello ante la mirada despreocupada de las demás naciones.

Dicho esto, ¿qué hubiese ocurrido de haber coincidido, por ejemplo, la pandemia de COVID-19 con el punto más bajo de la crisis de 2008? Mejor no pensarlo, al menos por ahora.

Crisis económica.

Algo parecido sucede con las crisis económicas. La Gran Depresión de 1929-1932 supuso una caída del PIB del 15% aproximadamente, mientras que la Gran Recesión de 2008-2014 apenas implicó una tercera parte, y sin embargo el sistema financiero global se tambaleó debido a la dependencia global de los mercados financieros. Pero ni uno ni otro lo han tumbado, ni la Gran Recesión ha servido para corregir errores del pasado.

Comparativa 2008 vs 1929. De izquierda a derecha, producción mundial, comercio mundial, mercados financieros mundiales. Fuente: Barry Eichengreen, Kevin Hjortshøj O’Rourke 2012. A tale of two reductions redux.

Para entender estos últimos cambios de ciclo, hay que recordar que en 1973 se instaló en la economía el conjunto teológico – porque, en definitiva, se basa en creencias y una fe ciega en el dios mercado – pseudo-económico del consenso de Washington. El aspecto que más nos importa de dichos paradigmas ultra-liberales es que, de pronto, el desempleo y la pobreza pasaron a ser, simplemente, una variable más de la economía.

Con este cambio en las prioridades políticas, en 1999 Bill Clinton revocó la ley Glass-Steagall de 1933, diseñada para separar el área comercial y especulativa de los bancos. A partir de ese momento las crisis grandes y pequeñas proliferaron, arrastrando ahora a sectores de la economía productiva real, ligada a la especulación financiera por una banca poco (en realidad, casi nada) escrupulosa .

Tendencias del índice Dow-Jones en EEUU. En gris, las épocas de recesión. Fuente: macrotrends.net.

Y así como en las crisis de otros ámbitos siempre existe una causa originaria, en la economía financiera ni siquiera es necesaria para desencadenar un problema financiero. Porque, en definitiva, el valor de mercado no es más que el valor contable más (o menos) la percepción subjetiva del inversor de la capacidad de obtener más dinero, y esa percepción es fácilmente susceptible de variar con los estados de opinión.

Por tanto, el gran problema de base es la extrema complejidad del sistema, en la que un estado de opinión mínimamente contagioso perturba todo el sistema global, como ocurrió, por ejemplo, durante el lunes negro de 1987. Uno de estos estados de opinión contagiosos más simples es el miedo, y el dinero siempre es cobarde y huye.

Y sin embargo, por grande que haya sido la crisis – y baste citar las terribles de 2008 y 1929 – el sistema siempre se ha levantado. En mi modesta opinión, creo que la razón es que siempre se espera que lo haga porque los gobiernos acaban cediendo y salvando a quienes tienen que salvar para que nada cambie: a los acaparadores que invierten, llamémosles ultrarricos para no resultar groseros. Y tiene sentido que los dirigentes políticos salven al sistema porque si este cambiase, también nuestros líderes tendrían que hacerlo, y eso no le conviene a nadie que hoy detente el poder.

Teniendo todo esto en cuenta, la primera pregunta es cuan cerca estamos de una próxima gran crisis. Pues según todos los indicadores, mucho, en este mismo año. Esta vez el detonante sería la recesión causada por la pandemia, pero la causa de la implosión será la burbuja de empresas zombis[2] que se han ido alimentando de las facilidades de crédito que han ido proporcionando los Bancos Centrales para que el sistema se recuperase de la crisis anterior[3]. Y que nadie espere una respuesta solidaria de los grandes actores, porque no ocurrirá[4].

Pero la pregunta principal sigue siendo si una crisis económica puede generar el colapso. Entiendo que la respuesta es sí, pero solo cuando no es posible ni deseable prever una recuperación posterior del sistema en dificultades, que es lo que sucedió en los casos estudiados de Roma y la URSS. Es decir, ni los romanos, ni los ciudadanos soviéticos creían que su sistema social fuese recuperable, y tampoco les hacía especial ilusión, así que no dedicaron el necesario esfuerzo a ello. No es probable que aparezcan estímulos similares para que la población empuje al cambio, porque la tendencia es a esperar la recuperación de un sistema deseado, sobre todo, por ser el único conocido hasta ahora.

Guerras.

Tradicionalmente, la concurrencia de nacionalismos con crisis económicas se ha saldado con una guerra lo más grande posible, y en esa dirección vamos. Ahora bien, que sea una guerra no implica que los muertos lo sean por disparos, ahora hay otras formas no convencionales de luchar a nivel global. Por ejemplo:

  • Guerras financieras. Baste recordar que China tiene un botón casi tan preocupante como el nuclear: los 1,12 billones de US$ que posee en deuda pública norteamericana[5].
  • Ciberguerra. Tanto China como Rusia ya han demostrado su capacidad para alterar el curso de las decisiones en los países en los que convenía. Imaginad un ciberataque que hiciese desaparecer fondos bancarios, sin ponernos sangrientos.
  • Guerra comercial. También hemos tenido apuntes recientes de ello gracias a las políticas agresivas de Trump con sus competidores principales, China y la UE.

Pero esto es a nivel global, a nivel regional las geoestrategias de los países con sus guerras subsidiarias[6] van a continuar, agravadas por otros factores como las crisis climáticas, las guerras por el agua[7], y en todos los casos por el uso bélico de las migraciones que provocan tanto los enfrentamientos armados, como la pobreza y el hambre.

Estos son los conflictos armados activos en 2019, casi todos ampliamente ignorados por la sociedad occidental.

Seguimiento global de conflictos. En rojo los que están empeorando, en naranja los que continúan sin cambios, en verde los que están en vía de solución (y no busquéis, no hay ninguno). Fuente: Council on Foreign Relationships.

Es previsible que los dos detonantes de enfrentamientos regionales sean el acceso a los recursos – terrenos de cultivo, agua, minerales raros, etc. – y las migraciones. O, que incluso las migraciones sean utilizadas como armas, Turquía ya lo está haciendo. Creo que tampoco nadie se sorprendería demasiado si Trump decidiese invadir el norte de México para controlar su frontera sur, ya poniéndonos a un nivel más especulativo.

En resumen, podemos seguir esperando a corto plazo guerras regionales convencionales que generarán mayores migraciones de las que hemos conocido hasta ahora, y guerras no convencionales a nivel global. Si bien las primeras tienen un efecto mucho más localizado, los enfrentamientos no convencionales pueden fácilmente disparar una crisis global, que terminaría en una, otra, Gran Recesión mundial, cuando menos.

Aquí sí podemos hablar de un posible colapso global si se produjese una escalada militar como continuación de una guerra no convencional, sobre todo si afecta al suministro de energía, del que hablaré en el próximo capítulo.

Encarecimiento de combustibles fósiles.

Existe una cierta tendencia a considerar que el efecto de la disminución de las reservas de petróleo es el gran motor de su precio. Es decir, habrá quién diga que no estará tan cerca el pico de petróleo cuando no se ha notado ni en el precio, ni en la oferta, ni, por supuesto, en la demanda. Es más, la demanda sigue aumentando como si las reservas de combustible fósil fuesen a durar eternamente.

Consumo anual de petróleo en miles de barriles por día. Fuente: indexmundi.com

Comparemos ahora este gráfico de consumo con la evolución de los precios.

Evolución del precio del petróleo. Aparecen marcados en gris los períodos de recesión económica Fuente: macrotrends.net.

Es evidente que las variaciones del consumo respecto del precio son menores, o como diría un economista, la curva de la demanda no es elástica. Y tiene sentido, porque ¿quién se preocupa por el precio de la gasolina teniendo el depósito lleno? Y el depósito planetario aún debe andar por la mitad, pizca más o menos.

Claro, que habría que plantear una pregunta adicional, entonces ¿por qué fluctúa tanto el precio del barril de petróleo crudo? Y la respuesta es que lo hace por motivos geopolíticos unas veces, o puramente estratégicos en otras. Veamos algunos ejemplos:

  • El petróleo cuadriplica su precio entre 1973-1974 por la decisión de la OPAEP[8] de disminuir la producción un 4% para embargar petróleo en occidente durante la guerra del Yom-Kippur contra Israel. Se desencadena un efecto de estanflación en occidente y cambia la tendencia hacia el ultraliberalismo de Thatcher y Reagan.
  • En 1979 vuelve a subir el precio debido a la revolución en Irán, con la consiguiente nacionalización de la producción, seguida de la guerra Irán-Irak iniciada en 1980.
  • La crisis generada por ambas subidas – el precio del barril subió de los 2,90$ de 1972 a 35$ en 1980 – trajo una contracción de la demanda que llevó a un superávit de producción de los países petroleros, y eso a su vez a una bajada de los precios.
  • Entre 2000 y 2004 el precio del petróleo fue subiendo por la amenaza de una nueva guerra en Irak, y finalmente por la propia guerra que se inició en 2003. El precio no volvió a bajar hasta que lo hizo la demanda por la Gran Recesión de 2008.
  • Posteriormente se produjo una nueva bajada, que según se rumoreó fue decidida para echar fuera del mercado a los hidrocarburos no convencionales – léase fracking –. Actualmente está de nuevo bajando, ahora según parece porque la OPEP le está echando un pulso a Rusia, o viceversa, según a quién le preguntes.

Vemos por tanto que la correlación entre demanda, reservas y precio es relativamente débil. En general, estamos hablando de variaciones en los precios inducidas por decisiones de estrategia competitiva – enfrentamientos con Rusia o empresas de fracking – o geoestratégicas – apoyo a los países de mayoría suní o wahabita en conflictos armados -, que a su vez causan un cierto impacto en la demanda por motivos macroeconómicos como la estanflación o la recesión, y requieren ajustes. Pero en las últimas décadas, el detonante ha sido comercial para las bajadas de precios, geopolíticos para las subidas.

¿Podría alguno de estos movimientos causar un colapso? De nuevo sí, y solo sí, en caso de que no se pudiese prever un retorno de la producción a precios asequibles tras la crisis. Mientras las reservas de petróleo sean suficientes, o estén disponibles para el mercado occidental, por sí solo el petróleo no será un detonante.

Ojo, porque las agencias de la energía hablan de que las reservas podrían ser incapaces de satisfacer una demanda creciente a partir de 2050[9], pero el secretismo alrededor de estas hace que sea imposible en la práctica asegurar nada.

Migraciones internas.

El cambio climático ya está impactando directamente en la estructura de nuestra sociedad, lo que tendrá consecuencias a corto plazo. La primera de ellas será sobre la distribución de la población: más del 10% de los humanos reside en la costa, a menos de 10 metros de altitud sobre el nivel del mar, y el 44% a menos de 150 km de la costa[10]. El incremento de fenómenos atmosféricos violentos, unido a la presión sobre los recursos de una población tan extensa,  tenderá a empujar a estas personas hacia el interior. Como dice el autor del estudio:

Irónicamente, la gran riqueza de las áreas costeras, sea en términos de pesca, turismo, comercio internacional, o recursos naturales, es lo que atrae esas poblaciones abundantes, haciendo de ello la semilla de su propia destrucción.

UN Atlas of the oceans. Human Settlements on the Coast: The ever more popular coasts

Por poner un ejemplo, en conjunto, en España el 90% de la población reside en el 30% del territorio, lo que implica densidades de población del orden de 15.992 h/km2 en Barcelona (por comparar: unos 9 h/km2 en las provincias de Teruel y Soria).

En cuanto a la tendencia, es evidente si miramos el cambio de la distribución de población en España en el último siglo:

Fuente:  INE – La población de España

El segundo fenómeno es la continuación de la presión para elevar la densidad de población en las grandes urbes, que llevó en 2017 al 55% de la población mundial a residir en entornos urbanos. Urbes en su mayoría poco o nada sostenibles debido a su nula capacidad de auto-generar recursos para su población. De hecho, es desde 2006 cuando el peso de la población urbana y rural se ha invertido: hoy hay mucha más gente consumiendo productos básicos que teniendo la capacidad para producirlos.

Fuente OurWorldInData.org – Urbanization across the world today.

Hoy, por ejemplo, se estima que para alimentar a Madrid se necesitaría la superficie equivalente a cuatro provincias españolas. Como eso, obviamente, no es posible, hay que traer los alimentos desde lejos, recorriendo los alimentos en promedio unos 5.000 kms[11], dependiendo para ello de dos factores: la producción agrícola intensiva y el transporte marítimo[12].

Estos hechos implican varias tendencias económicas que acaban generando mayor desigualdad, acaparamiento de tierras, desplazamiento de poblaciones nativas minifundistas con la consiguiente migración forzosa, y hambrunas cuando los inversores deciden que las tierras se dediquen a la producción de vegetales para usos industriales[13], sustituyendo a los alimenticios.

En conjunto, se crean enormes debilidades del sistema a la hora de proporcionar productos básicos: debilidad respecto de los combustibles fósiles para el transporte de alimentos y bienes primarios, disminución de las superficies cultivables para alimentación, dependencia de derivados del petróleo para la agricultura intensiva, etc.

Y la escasez de comida sí sería un motivo de colapso para cualquier población humana, en mayor medida si esta se localiza en zonas limitadas de gran densidad habitacional, y con tan escasos recursos propios.

Miopía de electos y electores.

Pero ningún colapso ocurriría probablemente si los líderes con capacidad global fuesen competentes: pudieran, quisieran, y supieran cómo controlar las crisis. Creo que no hace falta estudiar mucho el tema para intuir que no lo son, pero ya que estamos en esto vamos a darles una oportunidad.

Para empezar, los dirigentes deberían tener una visión global de futuro, pero la tendencia es justo la opuesta. Baste recordar que, con la excepción de los dirigentes chinos, son elegidos por períodos relativamente breves (adiós a la visión de futuro) y la tendencia es a desarrollar perspectivas fuertemente nacionalistas (adiós a la globalidad).

En estas circunstancias, puede darse cualquiera de las siguientes situaciones:

  1. No se consigue prever el problema antes de que se plantee. Lo estamos viviendo con la propia pandemia de Coronavirus actual. Sabíamos que los viajes facilitan el transporte de virus, sabíamos que en el mundo se producen epidemias, sabíamos que han surgido de China las últimas grandes infecciones de este siglo, pero nadie vio venir que un virus pudiese extenderse tarde o temprano desde China… y mientras tanto nos dedicamos con ansia a recortar asignaciones presupuestarias a la sanidad y la investigación públicas.
  2. Aunque el problema se manifieste, no es percibido como tal. Aquí el mejor ejemplo es la Gran Recesión de 2008, que fue anunciada – pese a lo que han dicho los muchos mandatarios irresponsables – pero nadie detectó el menor problema en que basura financiera circulase por todo el mundo mientras se producían burbujas de crédito hipotecario.
  3. Una vez que se ha percibido, pueden no conseguir siquiera tratar de resolverlo. Ahí tenemos a nuestros líderes utilizando una pandemia para atacar al contrario, o cerrando las fronteras y haciendo caso omiso de lo que ocurre en el país de al lado. En este momento parece que la única excepción es, precisamente, China, el único Estado que se ha ofrecido a ayudar a Italia, el primer país europeo en grandes apuros.
  4. Es posible que traten de resolverlo, pero no puedan. Es lo que le ha ocurrido a los gobiernos italiano y español con la pandemia, y lo que es más que probable que ocurra con el cambio climático, si es que alguna vez los dirigentes se lo toman realmente en serio.
…y va Trump y dice…

Hay otras dos razones que frenan la solución a cualquier problema que no sea del tipo agudo, es decir, de los que surgen y se desarrollan en un espacio de tiempo breve.

La primera es la edad de quienes alcanzan el poder. Trump tiene 76 años, Xi Jinping 66, Putin 67, … En 2050, año en el que se prevé que estalle el problema de los combustibles fósiles, si siguen vivos tendrían 106, 96, y 97 años respectivamente. Técnicamente, podríamos decir que el problema se la trae al pairo, o más específicamente, se la suda.

La segunda es la enorme resistencia al cambio que existe en cualquier sociedad, que es ciega ante las transformaciones lentas, y tiende a favorecer a lo urgente frente a lo importante. El resultado es que se produce una fuerte presión social en la dirección del tercer escenario que he señalado más arriba: hay un problema manifiesto, pero la propia sociedad no lo percibe. Ante la disyuntiva, algunos líderes comprenden como Juncker que “sabemos lo que hay que hacer, pero no sabemos cómo ser reelegidos después de hacerlo”, otros simplemente se dedican a echar dardos a quién intenta hacer algo. Así que se le acaba dando al pueblo lo que pide, aun sabiendo que no solucionará nada.


Hasta aquí algunos de los riesgos que, en mi modesta opinión, son susceptibles de desencadenar un colapso del sistema social en el que vivimos en Occidente. Son todos, pero no están todos.

En el próximo artículo os presentaré mis conclusiones, que obviamente son mías y solo mías, y abiertas a discusión.


Bibliografía

Diamond, J. (2019). Colapso. Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen. Barcelona: Penguin Random House Grupo Editorial SAU.

FMI. (Setiembre de 2019). El rastro del dinero. Finanzas y Desarrollo (F&D). Recuperado el 5 de Marzo de 2020, de https://www.imf.org/external/pubs/ft/fandd/spa/2019/09/pdf/fd0919s.pdf

SIPRI. (s.f.). Stockholm International Peace Research Institute. Obtenido de Militaryu expenditure: https://www.sipri.org/research/armament-and-disarmament/arms-and-military-expenditure/military-expenditure

Tainter, J. (1990). El colapso de civilizaciones complejas. Recuperado el 22 de feberero de 2020, de https://es.scribd.com/doc/112869581/Joseph-Tainter-El-Colapso-de-Civilizaciones-Complejas

TWB. (s.f.). World Bank Open Data. Recuperado el 24 de FEBRERO de 2019, de THE WORLD BANK: https://data.worldbank.org/

WID. (s.f.). World Inequality Database. Obtenido de https://wid.world/es/pagina-de-inicio/


[1] CNBC: Counting the costs of a global epidemic.

[2] Sobre este tipo de empresas que son muertos vivientes, que sobreviven gracias casi exclusivamente a la refinanciación constante de sus deudas. Ver, por ejemplo, Empresas zombis, ¿qué son y cómo afectan la recuperación? O Empresas zombies y el peligro de la política monetaria más laxa jamás vivida.

[3] Hay bastantes opiniones de expertos en esa dirección. Cito algunos (todos ellos en inglés): How interest rates Will trigger the next financial crisis, We are due a recession in 2020, The Fed is creating a monster bubble.

[4] Si los países del norte de Europa no son solidarios a la hora de prevenir otra Gran Recesión, ni lo son a la hora de enfrentar crisis sanitarias como la del COVID-19, tampoco cabe ser optimistas respecto de China o EEUU.

[5] elEconomista.es: La deuda estadounidense es el arma secreta de China en la negociación comercial con Trump.

[6] Guerras en las que las potencias no enfrentan sus ejércitos, sino que delegan en milicias de terceros. El mejor ejemplo actual es la guerra de Siria.

[7] Hasta ahora, limitadas a países tan lejanos como Bolivia o Nigeria, pero se están extendiendo y ya ha llegado a los entornos más secos de Europa y EEUU. En total, UNICEF calcula que unos 750 millones de personas viven sin agua potable. En buena medida, acabará siendo un enfrentamiento entre comunidades rurales y grandes urbes.

[8] La OPAEP es la Organización de Países Árabes Exportadores de Petróleo, y no debe confundirse con la mucho más concurrida OPEP.

[9] US Energy Information Administration eia.gov: Does the world have enough oil to meet our future needs?

[10] Fuentes: Earth Syst. Sci. Data – Global distribution of nearshore slopes with implications for coastal retreat. UN ATLAS OF THE OCEANS – Human settlements on the coast.

[13] Para más información recomiendo leer los informes sobre monocultivos y biocombustibles de la FAO.

[11] Fuente tierra.org, ¿Cuántos kilómetros recorren los alimentos antes de llegar a tu plato?, citado por varios periódicos. En concreto, para animales (entre 5.890 km y 7.900 km), el pescado (entre 5.796 km y 6.928 km), las legumbres (entre 4.016 km y 6.175 km) y el café té y especias (entre 5.314 km y 6.227 km).

[12] En realidad, el 90% del comercio internacional se realiza por barco. Fuente: UN ATLAS OF THE OCEANS – Human settlements on the coast.

2 comentarios sobre “De colapsos y otras cosas divertidas (VI): los detonantes

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  1. Magnífica colección de detonantes posibles de un colapso inevitable.

    Sin duda, durante el colapso la humanidad tendrá que lidiar (o ya lo está haciendo) con todos esos “detonantes”. Faltan más, por supuesto, pero ahí están los más importantes. Uno de los que más falta es la escasez de otros recursos no energéticos (agua, cobre…). El mundo tecnológico necesita grandes cantidades de minerales y energía y, cuando escaseen… ¿llegará el momento de cerrar Internet?

    Por supuesto, la movilidad privada está en grave riesgo (ningún coche privado es sostenible, ni eléctrico). El problema no es solo el litio de las baterías, sino algunos elementos más básicos en la electrónica, que también limitarán los teléfonos, ordenadores…

    Sin embargo, faltan detonantes y tengo la impresión que algunos de ellos aún nadie sabe que lo serán.

    Le gusta a 1 persona

    1. Tienes toda la razón en que seguramente la combinación de detonantes llevará algún elemento que ni se nos ocurre, probablemente porque lo tenemos demasiado a la vista.
      En cuanto a los materiales escasos, los he obviado intencionadamente porque dependen de la tecnología, y ese es un factor muy volátil. Basarme en ellos, por ejemplo, me llevaría a calificar de no sostenibles a los paneles solares (telurio, cadmio, indio y plata), a los molinos eólicos (neodimio y disprosio), y ni te cuento a las baterías. Todo ello sin incluir los derivados del petróleo que se utilizan. Pero con el incentivo adecuado, seguro que alguien descubre la forma de utilizar mojones de perro (es un ejemplo) para baterías.
      Además, la tecnología evoluciona de forma no lineal, por lo que dentro de 10 años el contexto podría ser totalmente distinto. Por eso, he asumido que mientras la situación económica sea positiva, la tecnología no será problema. Y viceversa, sin economía no habrá tecnología.
      Obviamente es posible que me equivoque, pero he preferido darle una vela al diablo y suponer que tarde o temprano, mientras haya una economía de beneficio, alguien sacará alguna tecnología disruptiva que cambie las necesidades de materias primas.
      Por eso, en mi modesta opinión, a corto plazo el detonante es el crecimiento económico – que ambos sabemos insostenible – y no la tecnología, que es dependiente del primero.
      Un saludo.

      Me gusta

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