De colapsos y otras cosas divertidas (VII y final): las conclusiones

En los seis capítulos anteriores he desglosado aquellos conceptos que creí necesarios para poder alcanzar alguna conclusión con unas bases sólidas, entendidas como aquellas que estén basadas en datos, pero siempre dentro de la incertidumbre de adivinar el futuro.

No se trata de analizar los escenarios post-colapso, eso ya lo hice, sino de averiguar cuan cerca estamos de descubrirlo en la práctica.

Vamos con ello.

Lo que sabemos.

Empiezo por un breve repaso de los hechos comprobados en capítulos anteriores:

  • El colapso de una sociedad no tiene por qué ser un apocalipsis, ni una extinción humana (para las demás extinciones llegamos tarde). Consiste en una disminución brusca de la complejidad social, que lleva a una situación en la que el sistema se ve impotente para cumplir con sus obligaciones durante un período prolongado.
  • Ha ocurrido antes, con frecuencia en la Historia. Sin embargo, un análisis de solo dos imperios – el romano y el soviético – que cayeron desde una situación de fortaleza, sin influencias externas de calado, demuestra que el declive del propio sistema precede al colapso.
  • El sistema social actual está degradando de forma acelerada, aunque queda la duda de si nos situamos en un estadio desde el que se empieza a vislumbrar el abismo a una cierta distancia, o ya hemos llegado a su borde.
  • Sabemos además que no importa lo largo que haya sido el proceso de declive, la caída es siempre abrupta, sin tiempo para reaccionar cuando no se ha sabido prever.
  • El margen del que todavía dispone el sistema para reaccionar es escaso y frágil, basado en unas reservas no recuperables en buena parte, y para colmo volátiles (pongamos que hablo de los mercados financieros).
  • También hemos comprobado que hay numerosos detonantes que pueden llegar a poner de rodillas al sistema, pero no se espera que ninguno de ellos, por sí mismo, pueda hacerlo mientras no exista una masa social que desconfíe de la posibilidad de recuperación.
  • Por último, a menos que aparezca por algún lado un líder global visionario y no se lo carguen a las primeras de cambio, no cabe esperar maravillas de los actuales dirigentes con peso global.

Estos son los cimientos para elevar las conclusiones, y ahora toca suponer qué va a ocurrir a corto plazo, cuando finalice esta puñetera pandemia del Coronavirus, para poder imaginar el escenario del que partimos.

El escenario post-COVID-19.

Al margen de las personas que puedan fallecer, un número marginal de la población mundial por lo que sabemos, habrán ocurrido otros cambios.

El primero, que China ha ganado una trascendental batalla de imagen. Ha demostrado al mundo que su sistema de capitalismo de Estado es capaz de actuar con rapidez y eficacia, y que está disponible cuando se requiere su ayuda. No estoy hablando de ética o solidaridad altruista, sino de disponibilidad, sea ésta o no interesada. Y un intangible importante: ha demostrado que un sistema distinto al occidental puede ser más eficiente en tiempos difíciles.

En el lado contrario, unos EEUU que se han vuelto a encerrar en sí mismos cuando más falta hacían, siguiendo su tradición de la doctrina Monroe (América para los americanos), rejuvenecida por Trump (América primero). Se han convertido en un aliado desleal, poco de fiar. Creo que Macron tenía razón cuando dijo que la OTAN estaba en coma cerebral, y eso tiene que ver con la fiabilidad del aliado gringo.

La Unión Europea saldrá de la crisis muy debilitada por su incapacidad para resolver problemas importantes, con una imagen de insolidaridad del norte hacia el sur que llueve sobre mojado, y en medio de una fuerte presión de los partidos iliberales, ultra-nacionalistas, o simplemente conservadores. Veremos cómo se resuelve la cosa, pero la tendencia más probable es a la fragmentación de la soberanía conjunta, manteniendo el mercado común.

En cuanto a las tendencias sociales, preveo justo lo opuesto a un movimiento solidario. Más bien espero un repliegue de las sociedades sobre sí mismas, con un reforzamiento del Estado-nación en unos casos, y una tendencia a la centrifugación en otros. Me temo que en España seguirán chocando las dos tendencias.

Y todo ello, en medio de una recesión económica que tendrá poco que envidiar a la de 2008, si no la supera porque pilla a los Bancos Centrales sin munición.

Los sospechosos habituales.

Una de las características de los hábitats naturales es que, dentro de unas tendencias generales, tienden a evolucionar no linealmente cuando alcanzan un punto de inflexión. Un ejemplo de este fenómeno son los valores de cambio en los procesos de desertización: el cambio es lineal hasta que se alcanza un determinado hito, y ahí se presenta un salto cualitativo abrupto.

Otro ejemplo son los llamados puntos de inflexión del cambio climático, que señalan el momento a partir del cual un determinado proceso continuará sin que sea posible revertirlo ni frenarlo. Por ejemplo, hablaríamos del momento a partir del cual ya no sea posible impedir el deshielo de la Antártida, y se especula que ocurriría en torno a los 2º de incremento promedio (andamos por 1,14º).

Esta es la razón por la que la actual pandemia es peligrosa. Una mortandad del 3%, mayoritariamente de personas mayores y enfermas, no es un riesgo para el sistema. O, por lo menos, no tan arriesgado para la población mundial como si afectase a individuos en edad reproductiva – de 20 a 40 años – como sucedió con la gripe de 1918.

En cambio la saturación de los sistemas sanitarios sí, porque involucraría una de las causas de colapso: la imposibilidad de proveer un servicio básico durante un período prolongado, disparando en paralelo una recesión que impida financiar la adaptación del servicio, y en un ambiente de gran demanda social.

Esta es la perspectiva desde la que se deben analizar los detonantes del colapso, averiguando en qué condiciones la activación de un punto de inflexión podría llevar a una situación irreversible.

Por tanto, a corto plazo.

Dicho esto, ya he descartado un colapso endógeno, similar a la caída de la URSS (o el previo derrumbamiento del régimen zarista en 1917), porque simplemente, a diferencia de aquel caso, hoy la sociedad occidental no tiene un modelo alternativo sólido con el que comparar su situación.

Fuente: https://www.la-politica.com/con-la-dimision-de-gorbachov-desaparecio-la-union-sovietica/

Es decir, es altamente improbable que la mayoría acepte un modelo alternativo de sociedad propuesto por una minoría visionaria, porque ni existe tal modelo alternativo con capacidad de resultar creíble, ni mucho menos sabemos de una minoría visionaria comparable a los bolcheviques rusos. Tampoco – y me congratulo por ello – sabemos de líderes que puedan cumplir la función equivalente a la de Adolf Hitler en los años 30, que propuso un modelo de sociedad realmente nuevo, en el que la perversión iba por dentro.

No es descartable un colapso exógeno debido a la debilidad estructural del sistema occidental, pero requeriría de la combinación de varios detonantes explotando simultáneamente, y llevando a una situación de estancamiento de larga duración.

Pongamos un ejemplo de ficción ma non troppo:

  1. Aprovechando la debilidad de Irán en plena crisis pandémica, Arabia Saudí ataca a su vecino y competidor a través de fuerzas interpuestas. Algo parecido a lo ocurrido en la guerra Irak-Irán de 1980-1988.
  2. EEUU aprovecha para realizar ataques selectivos a Irán.
  3. Rusia se involucra en la defensa de su aliado.
  4. En plena recesión económica mundial, el petróleo se encarece de los 30$ actuales a precios por encima de 140$ por barril, como en los prolegómenos del ataque de EEUU a Irak.
  5. La recesión económica muda a estanflación, una situación inflacionaria de precios altos, con la economía estancada, y sin salida visible.

En este entorno, las bolsas se habrán desplomado, el paro aumentado a niveles nunca vistos antes, las herramientas monetarias ya estarán agotadas y serán ineficaces, los créditos desaparecen de la escena, algunos países – y la Unión Europea – clamarán por un regreso a una austeridad en la que solo creen ellos, los Estados serán incapaces de proporcionar servicios en una situación de colapso económico, y probablemente político.

Ya tenemos una situación crítica con riesgo de colapso inminente. ¿Imposible? Ni mucho menos. En realidad, ni siquiera es improbable teniendo en cuenta que estamos en año electoral en EEUU, que Rusia mantiene ahora mismo una guerra comercial con la OPEP, y que la contienda en Siria se mantiene.

Ahora bien, solo en un escenario de combinación de factores de riesgo – los sospechosos habituales – es previsible el colapso inminente por causas exógenas, y ya he descartado las endógenas… O sea que, resumiendo, no es este un escenario probable, excepto por estupidez supina de varios actores globales simultáneamente.

Ojo, la estupidez supina nunca debe descartarse, por el principio de Hanlon:

“Nunca atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez.”

Y a largo plazo…

…el colapso está prácticamente garantizado por dos factores ciertos, que no ofrecen dudas: el caos climático y el fin de las reservas de energías fósiles.

Defino caos climático como aquel entorno de complejidad añadida a consecuencia del cambio climático, que no permite realizar previsiones en una realidad de desestructuración institucional líquida, cambiante, y volátil.

El contexto climático añadirá más incertidumbre al no permitir la previsión de ciclos de lluvias, disponibilidad de recursos básicos como alimentos o agua potable. A nivel político, las migraciones interiores introducirán inestabilidad al tornarse inseguras las condiciones de vida en las zonas cercanas a la costa. Y una situación en la que no es posible prever con una mínima certeza los sucesos a corto plazo, es precisamente un contexto caótico.

Fuente: https://www.la-politica.com/por-la-emergencia-climatica-de-manera-inmediata/

¿Por qué garantiza el caos climático un colapso cierto? Básicamente por tres razones:

  • La superficie cultivable se reducirá, aumentando significativamente las superficies áridas. Este hecho afectará muy directamente a las grandes urbes que aglutinan al grueso de la población, estén situadas donde estén.
  • Cabe esperar en el entorno mediterráneo sequías de larga duración y salinización de acuíferos, lo que impactará no solo en las grandes urbes, sino también en la agricultura. De hecho, ya estamos ahí en poblaciones cercanas a zonas de agricultura intensiva, aunque todavía no se ha generalizado.
  • Todas estas condiciones se mantendrán durante un período de tiempo indefinido, hasta que se alcance un nuevo estado de equilibrio, probablemente en unos siglos. Y, una vez traspasados los puntos de inflexión, sin que exista ninguna forma de revertir la situación en un período histórico medido en parámetros humanos.

El escenario empeorará aún más si la demanda de combustibles fósiles continúa creciendo más allá del punto en que la extracción de petróleo sea económicamente rentable a precios asequibles, lo que se espera en algún momento después de 2050. Puesto que debido a las condiciones expuestas para el caos climático las grandes urbes serán aún más dependientes del transporte de lo que son actualmente, la ausencia de combustibles fósiles baratos conllevará incrementos de precios y serias carencia de suministros básicos.

Sin embargo, este factor podría ser reversible si se dan simultáneamente varias de las siguientes condiciones:

  • Una disminución abrupta de la población que reside en las nuevas zonas de riesgo – grandes urbes y costas – sin que se produzca una saturación humana del entorno rural. O sea, que seamos muchos menos humanos y mejor repartidos.
  • La aparición de nuevas fuentes de energía sostenibles y acumulables que puedan sustituir sin riesgos añadidos a la actuales. Lo que se viene a denominar un milagro tecnológico, para entendernos.
  • Una disminución abrupta del nivel de consumo per cápita, con especial énfasis, pero no solo, en el consumo energético. El muy denostado por los economistas ortodoxos decrecimiento económico.

Cuesta creer que alguna de estas condiciones vaya a satisfacerse, varias simultáneamente… No apostaría yo por ello.

En conclusión.

Que os he engañado al titular esta serie De colapsos y otras cosas divertidas, porque aquí no hay nada que sea divertido para la mayoría. Tan solo quienes tenemos un sentido del humor muy negro, y un cierto concepto irónico del karma, podemos reírnos del hecho de que sea el propio sistema social el que está labrando su fin pese a todos los esfuerzos por evitarlo de unas minorías clarividentes, precisamente aquellos a quienes no les gusta el sistema en absoluto.

Por último, os dije que el colapso no implica extinción, pero no es totalmente cierto. En algunas ocasiones el colapso simplemente ha sido el predecesor del cuello de botella biológico. Una subida de temperaturas por encima de los 5º promedios a finales de siglo…

Vosotros veréis, que yo ya me habré apeado del mundo.

2 comentarios sobre “De colapsos y otras cosas divertidas (VII y final): las conclusiones

  1. Dices que la mortalidad de ancianos no es un riesgo para el sistema. Algunos están diciendo, de hecho, que es una bendición, pues se ahorran gastos, pensiones… y se sugiere que UK no está haciendo mucho con la esperanza de que mueran muchos “mayores”.

    Sobre el colpaso, recomiendo leer el libro “En la espiral de la Energía” (aquí tienes un resumen del Volumen I), especialmente el volumen II, cuyo resumen estará en pocas semanas (D.M., o mejor dicho C.M., Colapso Mediante).

    Un blog muy interesante es el del científico A.M. Turiel, en el que decía hace poco que a final de este año 2020 se espera una crisis del petróleo seria.

    El coronavirus ha venido para impartir una serie de lecciones interesantes. Ahora bien, impartir una lección no implica entenderla ni mucho menos aplicarla. Viviendo en la ignorancia se puede vivir bien, pero no es fácil hacerlo eternamente.

    Para los que prefieran enterarse en poesía, aquí va un “loco” que le da las gracias al coronavirus. Y si prefieres que te lean la poesía, pues aquí va un vídeo:

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    1. Gracias por el comentario, Pepe.
      De entrada, yo diría que lo de UK tiene poco que ver con los mayores, que son un daño colateral sin relevancia negativa en la economía. Como buenos liberales, son económicamente racionales, y así lo reconozco. Ahora bien, como miembro del grupo de riesgo, I’ll shit on their souls, por poco científico que suene.
      No estoy de acuerdo con Turiel. Si no hay otra incidencia inesperada, y la recuperación es en V o U como se prevé, habrá un repunte en la demanda de combustible, seguido de una estabilización a un nivel ligeramente más bajo que el actual, pero no significativo. Mucho menor que el del 73-80, sin ir más lejos. Por otro lado, quienes disponen de dinero se han ido quedando con participaciones en empresas occidentales, por lo que incluso es posible un final del petróleo a precios bajos, quién sabe.
      Me queda por leer el resumen (gracias por el tiempo invertido) del Volumen I, pero eso llevará más tiempo.
      Saludos a ti y al poeta “loco”. 😉

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