Pongamos que hablo de Madrid (II): historia de una capitalidad

En el capítulo anterior he demostrado que la cercanía a Madrid sale cara cuando hay una emergencia como la actual pandemia. Ahora bien, ¿qué tiene de malo Madrid? En realidad, no más que cualquier otra urbe demasiado grande… si nos olvidamos de que es la capital de España.

Para comprender el problema, como siempre, es recomendable empezar por el principio. Aquí vienen unas notas de historia.


El emperador Carlos recomendó a su hijo Felipe II que eligiese un lugar fijo para la capital de su reino, que hasta ese momento se había trasladado allá donde fuese el Rey. Así, fueron habituales la capitalidad de Valladolid, o Toledo.

¿Dónde situar una Corte permanente? Veamos, lo más normal hubiese sido elegir una ciudad abierta al comercio, fácil de aprovisionar. Es decir, Sevilla o Barcelona, por ejemplo. Otro requisito es que, en caso de elegir una ciudad del interior, existiesen buenas comunicaciones, como Valladolid o Toledo. O que dispusiese de instituciones para no tener que reconstruirlo todo, de nuevo como Sevilla, Toledo o Valladolid. También parecía sensato elegir una ciudad con riqueza propia, a la que le resultase fácil soportar el coste de la corona.

Pero Felipe II eligió Madrid. Una ciudad por entonces de unos 30.000 habitantes (por los 60.000 de Toledo, o los 140.000 de Sevilla y alrededores, por ejemplo), situada a mayor altura que cualquiera de las capitales europeas, sin grandes vías de comunicación ni acceso al transporte fluvial o marítimo, sin instituciones de ningún tipo, situada en una hoya, … O sea, lo contrario de lo que parecía recomendable.

No parece tener sentido, hasta que lo enfocamos desde el punto de vista político. De entrada, Felipe II prefería Castilla a Aragón, lo que descartaba las ciudades importantes de la cuenca mediterránea. Tenía sentido, porque el carácter de ambos reinos era muy diferente por entonces: negociador Aragón, impositivo Castilla, y a Felipe II le molaba aquello de ser príncipe absolutista.

Recordemos también que en la segunda acababa de finiquitar la revuelta de los Comuneros, lo que la hacía más fiable y sometida a la Corona. Pero sobre todo proporcionaba grandes territorios disponibles y baratos, porque sin cabeza nadie pleitea, y muchos Comuneros la habían perdido.

Los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el Patíbulo (1860) por Antonio Gisbert. Fuente: El Mundo – La aventura de la Historia

Además, por no tener, Madrid no tenía ni obispo que pudiese incordiar al Rey, ni nobles con suficiente poder para disputar el patrimonio real. Esa fue la gran ventaja de elegir una ciudad que nada tenía. Además, había tierras disponibles para dar y vender, expropiadas a los comuneros derrotados y apropiadas por la Corona. Ya sabéis: bosques y terrenos para que su Majestad cazase a gusto. Y un alcázar (foto de inicio) a su disposición, por si acaso a algún poderoso se le ocurría una loca idea. El Alcázar desapareció en un incendio en 1734, y fue reemplazado por el Palacio Real, pero para entonces la cosa ya estaba asentada.

El resultado final es que el 8 de mayo de 1561 el Rey Felipe II (o sea, Felipe [VI-IV]) establece una corte definitiva en Madrid, que en menos de cuarenta años triplica su población hasta alcanzar las 100.000 almas (aunque con dudas, incluyo a la nobleza).

Esta fundación tuvo repercusiones. Por un lado, la ausencia de grandes comerciantes, inventores, ingenieros e innovadores en general se suplió con la de solicitantes que aspiraban a conseguir oportunidades de riqueza de los cortesanos. Eso implica artistas, pero también el establecimiento de una industria floreciente: la picaresca. Es decir, ningún innovador y muchos pícaros, lo que aisló en buena medida a la Corte, y por unos cuantos siglos, de los cambios que se sucedían en Europa.

No es extraño, por tanto, que si bien Madrid acapara hoy buena parte del capital financiero español, los negocios innovadores, impulsados por emprendedores, se gesten en la periferia. Baste pensar en modelos de negocio como Mercadona o Inditex, o en el impulso industrial de Cataluña y el País Vasco a lo largo de los siglos XIX y XX. En cuanto al propio capital financiero, sería suficiente con echar un vistazo al nombre de los grandes bancos con sede en Madrid para recordar de donde vino el impulso fundacional: Bilbao-Vizcaya, Santander, Sabadell, etc. En resumen, que en buena parte el capitalismo castizo – ese que llaman de amiguetes – tiene su origen cultural nada menos que en el siglo XVII.

Y esa ciudad que no tenía nada creció, y creció, …


¿Y qué responsabilidad tienen los madrileños actuales de todo esto? En principio ninguna puesto que asumo que nadie que residiera últimamente en Madrid anduvo calentándole los oídos a Felipe II allá por 1561, ni siquiera quienes suspiran por el retorno de aquellos tiempos. Pongamos que hablo de esos retrocedistas políticos que llaman peyorativamente “progres” a quienes miramos hacia el futuro.

En el próximo capítulo hablaré de las consecuencias que trajo esta elección de la capitalidad de España, que son la base para lo ocurrido en la actual emergencia.

Hasta entonces, salud y a cuidarse, humanos.

Referencias

Huguet, G. (3 de mayo de 2019). ¿Por qué madrid es la capital de España? Obtenido de Historia – National Geographic: https://historia.nationalgeographic.com.es/a/por-que-madrid-es-capital-espana_12693/1

Molinas, C. (2013). Qué hacer con España. Barcelona: Destino, S.A.

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