Pongamos que hablo de Sanidad (1): Más vale prevenir

Tras escribir la serie Pongamos que hablo de Madrid me he dado cuenta de que he reunido un cierto número de elementos que pueden servir para apuntar posibles mejoras en el sistema sanitario, que lo harían más resiliente frente a nuevas oleadas de este, u otro virus. ¿Más dinero para la Sanidad? Pues también, pero mi hipótesis parte del supuesto de que no es tanto una cuestión del volumen de la inversión, como de su calidad.

En concreto, me focalizaré en algunas medidas que, debidamente implementadas, podrían evitar el colapso sanitario ante un nuevo brote de COVID-19, o una nueva pandemia (que la habrá, aunque no sepamos todavía cuándo).

Aunque quizás sea razonable prevenir que algún lector que no conozca este blog se pregunte con qué autoridad me atrevo a exponerlas. Pues me atrevo porque, si bien no soy médico, de sistemas sociales algo entiendo. Y total, para lo que os voy a cobrar por este trabajo…

Dicho esto, empecemos por proponer pequeñas acciones para conseguir un sistema realmente eficaz, frente al actual, meramente reactivo frente a los problemas de salud. La primera consideración es obligada: es sistema debe girar 180º para transformarse de reactivo en proactivo. Eso tan cacareado y nunca cumplido de la prevención sanitaria.

Quizás sea prudente empezar por definir algunos conceptos:

  • Proactivo. La RAE define a los sistemas proactivos como aquellos que toman activamente el control y deciden qué hacer en cada momento – y esto es lo realmente importante – anticipándose a los acontecimientos.
  • Reactivo. Siguiendo la lógica anterior, se trata de sistemas que oponen una acción frente a otra, que es necesariamente anterior. Es decir, primero es el problema, luego la percepción del mismo, y finalmente la reacción.
  • Colapso. Yves Cochet lo define como “el proceso a la salida del cual las necesidades básicas no se satisfacen para la mayoría de la población conforme a servicios encuadrados en la Ley“. Aplicado al ámbito sanitario, un deterioro gradual que lleva a la incapacidad de cumplir con los protocolos sanitarios.

Partiendo de estas definiciones, si las aplicamos al proceso actual frente a COVID-19, se entenderá la diferencia. Un sistema proactivo habría empezado a prepararse cuando llegaron las noticias de China, a principios de enero, evitando el colapso al graduar la respuesta para prevenir – y no tratar de controlar a posteriori – el crecimiento exponencial de la infección. En cambio, un sistema sanitario reactivo habría esperado a actuar hasta que los primeros pacientes llegasen a los centros sanitarios, no implementando medidas extraordinarias hasta que el colapso del sistema estuviese ya a la vista.

Visto esto, ¿es el sistema sanitario español reactivo? Creo que caben pocas dudas.

Sanidad Publica - Viñeta de Miguel Gila

De hecho, salvo programas con frecuencia más propagandísticos que eficientes, con destinatarios muy concretos y una población fácilmente acotable, en general el sistema se limita a reaccionar cuando ya es evidente que existe un problema. Es el usuario quien tiene que tomar la iniciativa cuando detecta una posible enfermedad, pero el usuario no dispone de la formación adecuada para evaluar los síntomas, con lo cual suele llegar tarde.

Pongo algunos ejemplos concretos de lo que entiendo por prevención, pero la lista no es exhaustiva, ni mucho menos. El primero es la potenciación de un devaluado y mal financiado nivel de atención primaria:

  • Incremento del tiempo de atención al paciente, reforzando la atención ambulatoria, y convirtiendo al profesional en un verdadero médico de cabecera.
  • Hacer seguimiento de enfermos en situación de riesgo. Es tan sencillo como una llamada periódica de control. ¿Se está usted midiendo el nivel de azúcar? ¿Le aliviaron los antibióticos? O un simple ¿cómo se encuentra? Teniendo a la vista el historial médico.

Una segunda área se establece en programas coordinados con las autoridades municipales, utilizando para ello una cuarta fuerza de la que hablaré con mas profundidad en el próximo capítulo::

  • Formación en las escuelas e institutos respecto de hábitos de riesgo, como la ingesta de comida y bebidas inadecuadas, prevención del tabaquismo y el consumo de drogas en general, enfermedades de transmisión sexual, … También, adaptando el mensaje, en asociaciones de enfermos, residencias, …
  • Programas específicos para tratar esos hábitos de riesgo una vez arraigados. Para los mayores es probable que la información no sea tan útil como la corrección. Por ejemplo: he asistido a consultas de tabaquismo donde no tenían la menor idea de lo que estaban hablando porque allí nadie había fumado nunca.
  • Detección precoz de problemas acudiendo a visitar a las personas de riesgo en su entorno habitual para detectar comportamientos peligrosos. Especialmente, en el caso de las personas mayores que viven solas, pero también en residencias actuando como una inspección sanitaria, en lugar de burocrática.

Ya a un nivel más centralizado:

  • La creación de un grupo permanente reducido, eminentemente técnico e independiente de las variables políticas, que garantice de forma continuada la coordinación entre Comunidades Autónomas. Tanto para compartir recursos, o balancearlos entre áreas administrativas cuando convenga, garantizando un intercambio fluido y continuado de información sobre la calidad del servicio, sin esperar a que se produzca la emergencia para iniciar su actividad.
  • Un observatorio de incidencias a nivel internacional. No tan solo para la emisión de alarmas por pandemias, sino para el estudio de aquellos fenómenos clínicos que se detectan en sectores específicos en otros países, en prevención de que pudiesen llegar al nuestro.

La mayoría de estas tareas pueden ser realizadas por personal de enfermería, o con formación sociosanitaria, por lo que se prevé un coste relativamente bajo en relación con el beneficio obtenido en materia de ahorro a nivel sanitario, y en fomento del empleo público a nivel social.


Como es fácil comprobar de acuerdo con el listado anterior, no hace falta estudiar medicina para detectar estas carencias que he enunciado, basta con ser un usuario lo suficientemente observador.

De momento dejaré aquí este punto, en el próximo capítulo comentaré que falta un cuarto nivel en el Sistema Nacional de Salud. Un cuarto nivel que ya existe, pero está desconectado: el sociosanitario.

Salud, que falta hace.

NB: Iré publicando estas conclusiones de a poquito para no hacerlo pesado, pero si mientras tanto alguien desea introducir algún comentario o corrección, será bienvenido.

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