El predador afortunado (3) – Cena en familia

Fortu regresa de trabajar poco después de las siete de la tarde. En la escalera se encuentra con la vecina del primero segunda que lo increpa.

  • ¡A ver si hacéis algo con el gato, que menuda tabarra nos ha dado!
  • ¿Gato? ¿Qué gato? ¡A mí que me cuenta, señora!
  • ¡Pues bien que lo tenéis en vuestro balcón!

Acelera el paso para librarse de la vecina. En cuanto entra en casa escucha los airados maullidos y unas garras rascando la puerta del balcón. La abre, y entra con furia un gato negro, que de pronto recuerda que él mismo trajo a casa anoche. También recuerda su nombre: Lucifer. Se asoma al balcón y comprueba que todas las plantas de su madre han sido destrozadas, una a una. El balcón está alfombrado de hojas y tierra de las macetas.

Aparta unas pocas que abultaban un poco más, y encuentra dos platos hondos vacíos. Los recoge y los deja en la encimera. Toma otros dos platos limpios, y pone en el suelo uno con agua, otro con lo primero que pilla en la nevera: un yogur con sabor a limón.

Lucifer bebe el agua con desesperación, olfatea el yogur, pero no lo toca. Sigue maullando reclamando comida.

  • Oye, que aquí no puedes ser tan delicado. Si tienes hambre te comes el yogur, y si no, te aguantas.

 “¡Que soy intolerante a la lactosa y alérgico al limón, Imbécil! Dame carne, o pescado, y déjate de esas tonterías que luego me lleno de gases.

Furioso por no ser comprendido, hambriento, frustrado porque su cuidador no sabe nada de gatos, y muy cabreado por haber estado todo el día confinado en un balcón, Lucifer sujeta el tobillo de Imbécil para poderle clavar sus afilados colmillos, antes de salir corriendo a esconderse debajo de una cama.

  • ¡Puto gato! ¡Si te pillo te hago al ajillo!

Pero la mente de Fortu se congratula fácilmente.

  • Anda, ¡he hecho una rima!

Fortu está ya pensando en freírle unas cortadas de pescado a su mascota, cuando suena el teléfono.

  • Residencia de la familia Mediocre. Dígame.
  • ¿La tía Fulgencia?
  • Pues claro que sé quién es, una vieja que vive en el pueblo y que huele muy mal.
  • Ah, que se ha muerto. Pues descanse en paz. ¿Y a mí que me cuenta?
  • Claro, que es la hermana del abuelo. Eso ya lo sabía, no soy tonto.
  • Vale, tampoco hay que ponerse así, yo solo he sido sincero.
  • Se lo diré. Hale, a pasarlo bien.

Cuelga el teléfono. Recuerda vagamente a una vieja toda vestida de negro, siempre con un pañuelo en la cabeza, que probablemente no se duchó en toda su vida. Pues bueno, si se ha muerto, al hoyo. Para eso no necesitan a su padre, pero si quieren que se lo diga, pues se lo dirá.

Mientras busca algo de comer para el gato encuentra un trozo de queso y se dispone a comérselo cuando entra su madre.

  • Buenas noches, cariño.
  • Buenas noches. ¿Qué hay para cenar, madre? Y oye, ¿qué comen los gatos?
  • Ahora me pondré con la cena, ¿qué te apetece, hijo?
  • Unos huevos fritos con patatas y jamón pasado por la sartén.
  • Pues eso haremos. Ahora voy a cambiarme de ropa y buscaré algo para el gato.
  • Es un caprichoso, le he dado un yogur de limón, de mis preferidos, y no lo ha querido.
  • Prefieren pescado o carne. Luego le doy algo.
  • Vale.

Fortu se sienta a ver la televisión mientras su madre se mete en la cocina.

  • Fortu, ve poniendo la mesa.
  • Ahora no puedo, que estoy viendo el telediario. Ponla tú, que eso es rápido.

La madre no contesta, tampoco esperaba ayuda de su hijo, que debe estar cansadísimo después de su día de trabajo fabricando paelleras y sartenes. Deja las patatas al fuego mientras lleva los cubiertos, platos y vasos al comedor, y sortea al gato, empeñado, al parecer, en hacerla tropezar.

“Venga, vieja, dame de comer. ¿Le vas a dar a Imbécil, con lo vago que es, y no a mí que estoy demostrando ser un encanto?”

Es cuestión de tiempo que la mujer acabe por tropezar, dejando caer un plato de cristal irrompible que se esparce por el suelo hecho añicos. La frustración hace mella, Pascuala sale detrás del gato con una zapatilla en la mano, se la lanza y falla por poco, impactando en una de sus macetas preferidas.

  • ¡Gato del demonio!
  • ¡A ver si callas, madre, que no me entero!

Le ha gritado Fortu, irritado ante los ruidos y gritos. Obviamente, no aparta los ojos del televisor. El gato se ha refugiado debajo de su butaca. La madre barre los cristales del suelo con cuidado, no vaya a comerse uno el felino del diablo. Guste o no, habrá que cuidarlo, ya que por primera vez su hijo parece dispuesto a responsabilizarse de otro ser vivo.

Ya cerca de las nueve de la noche aparece Facu, el padre. Saluda con un movimiento de cabeza a su esposa y se encamina al baño, a aliviarse y lavarse las manos para la cena.

Pascuala va a dejar un plato con unas sardinas en lata y otro con agua en el balcón, entonces se da cuenta del desastre que ha dejado lucifer.

  • ¡Madre del Amor Hermoso, mis plantas!

Vaya, ya has visto lo que pasa cuando me dejáis encerrado, ¿eh? ¡A ver si escarmientas, vieja!

Lucifer olisquea la comida. La aprueba y se inclina sobre el plato para comer. Esta vez le han dejado la puerta del balcón entreabierta, no vaya a completar el destrozo de las macetas.

Por fin pueden sentarse los tres a la mesa (el gato no cuenta). Fortu sigue sin quitar el ojo al televisor mientras sus padres charlan de esto y aquello. En un momento dado coinciden en hablar de la familia y Fortu escucha de refilón una frase de su madre.

  • …la tía Fulgencia va a cumplir 90 años, espero que dure muchos más…
  • Ah, sobre eso, va a ser que no.
  • ¿Qué dices, hijo?
  • Que han llamado del pueblo para decir que ha estirado la pata. Que el entierro es mañana. No sé por qué tanta prisa, si ya era una momia…
  • ¿Cómo? ¿Y lo dices ahora? – Se enfada el padre.
  • Pues cuando me he acordado. ¡Si era un vejestorio! Tampoco hay para tanto…
  • ¡Esa mujer me crio cuando murió mi madre! ¡Descastado!
  • Facu, por favor, no te enfades con el niño…
  • ¡Caguen mi puta vida, con el niño!

El padre tira con enfado la servilleta sobre la mesa, se encamina al teléfono, lo descuelga. Fortu no está escuchando la conversación, él sigue más interesado en un concurso de la tele que acaba de empezar ahora. Sólo capta una frase que lo indigna.

  • … No os preocupéis que mañana estamos allí.

Vaya, otra vez se va a quedar solo por una tontería. Qué manía con ir a los entierros, si para eso están los enterradores, que su buena pasta cobran. Ya le gustaría a él ser funcionario municipal.

  • Pascuala, mañana salimos temprano y llegamos a tiempo para la misa. ¿Podrás arreglarlo con tus señoras?
  • Llamaré a la Paqui para que me sustituya.
  • ¿Queréis callar, que no oigo nada?

Facu se acerca a su hijo, lo coge de la pechera y se piensa si darle ese bofetón que ojalá le hubiese dado mucho antes, pero se reprime ante la bronca que sabe que tendrá con Pascuala. Se conforma con apagar la televisión desencadenando un alud de quejas.

Lucifer se ha dado cuenta de lo ocurrido. Menos mal que la buena suerte que le traerá a Fortu lo mantendrá a salvo porque, si bien Imbécil no es ni de lejos el mejor amo que ha tenido, tampoco está para permitirse riesgos.

  • Pascuala, llama tú a Paqui, cuando acabes yo avisaré al encargado. Ya recuperaré el tiempo el fin de semana.

Ambos telefonean para poder disponer del día siguiente. Será una paliza ir con el viejo SEAT 600 hasta su pueblo de Cuenca y volver en el día, pero es lo que toca. Fortu se retira a su habitación con Lucifer pisándole los talones.

Esos humanos no volverán a pillarme despistado, mañana me escapo y espero al Imbécil en la puerta cuando vuelva. ¡Dejar a un gato como yo en un balcón! ¡Amenazar a mi cuidador! Esto lo arreglo yo mañana sin falta.

Y efectivamente, cuando a la mañana siguiente Fortu abre la puerta para salir de casa, el gato se cuela rápidamente entre sus piernas y baja por las escaleras a toda velocidad. El portal también está cerrado, le toca esperar a que su amo abra, y de nuevo sale disparado.

  • Vaya, tú también tienes ganas de juerga, ¿eh, diablillo?

Y así, con una sonrisa en la boca, Fortu se marcha al trabajo. Ya es jueves, 15 de abril de 1971, y el aire huele a primavera por debajo del olor de las basuras y de los tubos de escape.


Capítulo anterior –> El gato Lucifer y los Mediocre

Capítulo siguiente –> Días de vino y rosas

Los comentarios están cerrados.

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

Blog del Gran Baladre

Bacineamos de to lo que se menea

Florent Marcellesi

Blog del eurodiputado de EQUO

BlogSOStenible: Noticias medioambientales y datos... aportando soluciones

Ecología, Economía, y Sostenibilidad, desde los países ricos: Aprender, Ayudar y Disfrutar... desde Málaga (España).

Autonomía y Bienvivir

Bacineamos de to lo que se menea

La proa del Argo

Bacineamos de to lo que se menea

Salva Solano Salmerón

Bacineamos de to lo que se menea

Joven Furioso

Escritos, divagaciones y un chancletazo al libre albedrío.

Vota y Calla

No te metas en lo que SÍ te importa

Blog de Gregorio López Sanz

Bacineamos de to lo que se menea

Colectivo Novecento

Blog de economía crítica y pensamiento político

REMEMORACIÓN

Memoria de las víctimas, Historia y Política

Economistas Frente a la Crisis

El pensamiento económico al servicio de los ciudadanos

A %d blogueros les gusta esto: