¿Seguro que es populismo?

Con frecuencia, en el entorno político, se oye hablar del populismo en relación tanto con la extrema derecha. Y, sin embargo, el populismo tiene poco que ver con la ideología, que generalmente trata de ocultar para atraer al mayor número de seguidores posible.

Por si a alguien le sirve de orientación, me gustaría diferenciar aquí rápidamente dos conceptos que se confunden en este entorno.


Populismo.

El teórico del populismo latinoamericano más conocido es Ernesto Laclau, que lo entendía como un método de construcción política que enfrenta a los de abajo – todos los de abajo que quieran unirse, sin exclusiones a priori – con el poder. Mediante estos métodos es posible construir un Pueblo, partiendo de grupos con diferentes visiones políticas, incluidos aquellas comunidades externas que ni siquiera sabían que tenían una ideología, para enfrentar otro grupo amplio y difuso que se presenta como el enemigo a desalojar del poder.

Dicho de otra forma, es una metodología política para alcanzar el poder, con independencia de la ideología con la que pretendamos ejercerlo en el futuro, porque precisamente lo que se pretende es unir en la lucha a todos los grupos sociales que se presten a ello, y luego, pues ya veremos.

Como bien dijo en su momento Íñigo Errejón cuando Podemos estaba en sus inicios:

“…hay que construir una maquinaria de guerra electoral rápida y eficaz, que permita poner a la casta en su sitio, y devolver a los ciudadanos la soberanía de sus estados.”

Es relativamente fácil reconocer la metodología electoral populista. Siempre existe un fuerte liderazgo mesiánico, un líder que se identifica como el pueblo, o como mínimo afirma hablar en su nombre. La definición ideológica se difumina, o incluso oculta, para atraer a quienes normalmente quedarían fuera del rango de alcance de la ideología dominante en el partido.

Así, Marine le Pen afirma que es la candidata del pueblo contra las élites políticas francesas, Boris Johnson culpaba de todos los males de la Gran bretaña a la burocracia de Bruselas, en 2016 Trump quiso ocupar la Casa Blanca para eliminar y reemplazar una élite política corrupta en nombre del pueblo americano, Maduro lucha por una supuesta revolución bolivariana – curiosamente, Bolívar fue un terrateniente criollo – para defender al pueblo del Imperio,… y Podemos quiso ocupar el centro del tablero para defender a los de abajo de la casta de arriba.

El populismo no tiene que ver, por lo tanto, con la dialéctica derecha-izquierda, sino con construir un pueblo unido – que no es ni de derechas ni de izquierdas – contra quienes mandan. Pese a lo que diga Laclau, yo sí creo que se plantea una cuestión ética al flexibilizar cualquier límite a la hora de buscar el apoyo ciudadano, llenando el discurso de grandes palabras vacías sin contenido concreto: Pueblo, República, Patria, la Gente, … Obviamente, no es esa la posición de quienes aplican esta teoría.

Una vez alcanzado el poder, algunos partidos populistas en origen, como Podemos, se plantearán abiertamente si tiene sentido continuar con el populismo, o cambiar hacia una vía de consensos y compromisos. Otros – los Maduro, Trump, Le Pen, Abascal, Salvini, etc. – no renuncian al populismo que les ha dado vida, tapándolo con convenientes dosis de otros elementos como el nativismo, la demagogia, y, sobre todo, el arma definitiva: la posverdad.

Contraintuitivamente, en España el partido político que se dice Popular no acostumbra a ser populista según esta definición. Sus líderes estatales no se presentan como representantes del pueblo, en su conjunto, sino de un sector: los votantes que no son de izquierdas. Pero al mismo tiempo les dicen que son de centroderecha porque si se definiesen como conservadores neoliberales podrían generar disonancias cognitivas de rechazo. Porque en España el votante medio de la derecha española no se siente conservador, no quiere que lo llamen así. Gustan más de autodefinirse simplemente como gente de bien con sentido común. Un sentido común, eso sí, tradicionalista y liberal.

En este caso, hablaríamos simplemente de buenas dosis de demagogia.

La demagogia.

Un concepto bastante olvidado y que con frecuencia se confunde con el populismo, probablemente porque lo acompaña y refuerza. Como el arroz al marisco, si se me permite la expresión, o las patatas al filete.

La RAE lo define así:

En resumen, demagogos son quienes le dicen a su audiencia exactamente aquello que quieren escuchar, y prometen lo que quieran pedirles, con independencia de que sea, o no, factible, o incluso deseable. El mejor ejemplo es el Trump actual, cuando les dice a sus seguidores que no son racistas, sino que unas élites han declarado una guerra cultural contra los valores de los Estados Unidos de América, y lo correcto es luchar contra cualquier signo de cambio.

NASCAR prohíbe bandera confederada en carreras y en sus edificios

Es decir, si NASCAR, la organización de carreras de automóviles estadounidense, renuncia a colocar en sus eventos la bandera confederada, son débiles frente al agresor. Si el equipo de Pieles Rojas de Washington cambia de nombre, se están rindiendo. Y cuando un grupo de ciudadanos armados hasta los dientes entra en el parlamento de Michigan para amenazar a los representantes demócratas, son muy buena gente defendiendo sus derechos. El mensaje es claro: hagáis lo que hagáis, bien hecho está, los malos son todos los demás.

Varios hombres armados se parapetaron ante la oficina de la gobernadora, aunque en ese momento no estaba en el Capitolio

Dicho esto, el uso de la demagogia no es específico tampoco de una ideología determinada – también autodeclarados revolucionarios de izquierda como el régimen venezolano han utilizado ampliamente esta figura – pero a más largo plazo suele venir unido a un determinado modelo de partido, típicamente transaccional, en el que el líder lo es mientras tenga honores y prebendas que distribuir entre quienes le apoyan.


A uno y otra se acabarán sumando otros condimentos necesarios según quienes guisen el mensaje político. Podría ser la posverdad, que siempre viene bien para enviar mensajes emocionales cuya veracidad los receptores no van a comprobar, y por lo tanto no importa. Técnica que Trump ha elevado a la categoría de arte, permitiéndose emplear en sus discursos paradojas difíciles de calificar, como su declaración de que los manifestantes estadounidenses en contra del racismo son antifascistas – Antifas, en la terminología que está utilizando Trump que forman parte del “fascismo de extrema izquierda”. Sin problemas.

O puede ser el nativismo, aquello de “los míos primero”: Francia para los franceses, América para los americanos, y los españoles primero, por ejemplo. Algo que suele venir muy ligado a la demagogia del “nosotros somos buena gente, tenemos sentido común. Sin despreciar otros estigmas sustentados en prejuicios como racismo, xenofobia, etnocentrismo, negacionismo, aporofobia, etc.

En resumen, que populismo no es sinónimo de extrema derecha, aunque sea cada vez más frecuente encontrarlo en ese extremo, y anteriormente en el opuesto, como tampoco es una ideología perversa porque ni siquiera es una ideología. Sin olvidar que la vieja y confiable demagogia sigue reinando en los discursos de quienes se dicen “populares”.

En ese sentido, poco hay de nuevo en la política actual pese a lo mucho prometido. Sólo las técnicas electorales, cada vez más alejadas de la ética y con menos escrúpulos en el mensaje.

Jorge Heine on Twitter: "Un político como pocos... por Quino v ...

Pero estamos demasiado enganchados porque, en general, eso gusta. Nos dicen exactamente lo que queremos escuchar. Nos lanzan mensajes directos a las emociones, que no tenemos ni siquiera que procesar. Nos alaban. Nos proporcionan enemigos a los que odiar sin que tengamos que esforzarnos por identificarlos.

Así, se debilitan las instituciones y nos acercamos más al abismo, pero cada vez son más porque el pueblo, construido o no, les vota.

Pongamos el culo a remojar.

Los comentarios están cerrados.

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

Blog del Gran Baladre

Bacineamos de to lo que se menea

Florent Marcellesi

Blog del eurodiputado de EQUO

BlogSOStenible: Noticias medioambientales y datos... aportando soluciones

Ecología, Economía, y Sostenibilidad, desde los países ricos: Aprender, Ayudar y Disfrutar... desde Málaga (España).

Autonomía y Bienvivir

Bacineamos de to lo que se menea

La proa del Argo

Bacineamos de to lo que se menea

Salva Solano Salmerón

Bacineamos de to lo que se menea

Joven Furioso

Escritos, divagaciones y un chancletazo al libre albedrío.

Vota y Calla

No te metas en lo que SÍ te importa

Blog de Gregorio López Sanz

Bacineamos de to lo que se menea

Colectivo Novecento

Blog de economía crítica y pensamiento político

REMEMORACIÓN

Memoria de las víctimas, Historia y Política

Economistas Frente a la Crisis

El pensamiento económico al servicio de los ciudadanos

A %d blogueros les gusta esto: