La política ecológica de Próxima Centauri: la huida

Siguiendo con las tribulaciones del buen agente 666 dentro del cuerpo de alguien llamado Tasio, su misión requiere que viaje a Madrid.

Para desplazar al cuerpo que ocupa, 666 necesita un vehículo, y según parece el mejor disponible es el coche de un tal Venancio, que no se siente motivado para prestárselo al tonto del pueblo.


  • Hola Tasio. ¿Dónde vas tú tan decidío?

666 rebusca en la memoria de su portador. Reconoce al humano con el apelativo de Venancio. A continuación, selecciona entre el escaso vocabulario de Tasio una palabra de saludo. Asume que la palabra más marcada en la memoria del cuerpo sería la adecuada, así que la emite.

  • Chorra.
  • Pa chorra, la que te cuelga, Tasio. – Dice el humano Venancio con una risotada.

Tasio – en realidad 666, pero para el resto del mundo humano, Tasio – sigue la dirección a la que apunta el dedo del otro humano, viendo el tubículo por el que se introdujo en el cuerpo. Supone que debe hacer algo al respecto, pero ¿qué?

Analiza las repercusiones de la opinión de ese humano en concreto sobre el Plan, y concluye que la influencia de Venancio tiende a cero cuando la dimensión temporal se aleja solo un día del presente, con un margen de error de 0,001%. O, dicho de otra forma, la opinión de Venancio no vale nada.

Decide por tanto ignorar el hecho de que su apéndice oscila a cada movimiento, por fuera del pantalón, y centrarse en la misión.

  • Uuuuuh Tasio, ¿todo eso es tuyo?

Esta nueva voz de mayor frecuencia vibracional, o como diría un humano, más aguda, procede de otro ser humano, doblemente abultado en la zona pectoral y en las caderas, lo que hace pensar a 666 que debe tratarse de una hembra de la especie, mujer en el lenguaje local. Además, ofrece signos de admiración: ojos muy abiertos, boca entreabierta, manos en el rostro, mirada fija al tubículo que cuelga ostentosamente.

666 replica con los mismos símbolos expresivos no orales – ojos abiertos, boca entreabierta, etc… – y una escueta afirmación.

  • Sí.

Porque así es, ahora eso que le cuelga en la entrepierna es suyo.

Mientras tanto, el primer humano ha cambiado por completo de actitud al aparecer la hembra. Ahora parece francamente molesto: ojos entrecerrados, ceño fruncido, voz seca y dura.

  • ¡Tasio, pedazo de cerdo! ¡Métete la chorra en el pantalón o te doy un guantazo! Y tú, Carmen, ya estás tirando para casa, ¡y sin chistar!

El riesgo de interacción violenta crece rápidamente. Bueno, para minimizar la amenaza puede hacer la parte que le piden. Sin problemas. Tasio guarda el aparato miccionador, cuyo nombre humano dedujo que era chorra, como le indica el otro.

De todas formas, lo que de verdad le urge es trasladarse a otro poblado más grande, que según su hoja de ruta se llama Madrid, para proseguir con su misión.

Hace caso omiso de la pareja humana, que se aleja discutiendo acerca del tamaño promedio de los órganos miccionadores en los machos humanos, y rebusca medios de transporte en su escasamente amueblada memoria. Aparecen cinco: coche, tren, autobús, burro, tractor.

El humano que lo ha interpelado se relaciona con tres de ellos, según Tasio, pero su deficiente sistema heurístico parece preferir el primero. Puesto que 666 no dispone de información clara al respecto, decide hacerle caso. Puesto que Venancio también dispone de uno de esos sistemas de transporte, según el registro memorístico de Tasio, es simplemente cuestión de tomarlo y marcharse.

Busca con la mirada hasta que visualiza el vehículo que la memoria de Tasio asocia con el humano Venancio. Se acerca hasta el coche, abre la puerta, y se sienta en el lado delantero de la derecha.

666 cede el control al humano que habita con la esperanza de que este haga funcionar el coche, pero lo único que hace su mano es presionar una y otra vez sobre el volante, emitiendo en cada ocasión un sonido estruendoso que su anfitrión reconoce con la expresión tocar el pito. Cuando mentaliza al vehículo circulando, la única referencia que le viene a la mente es llaves.

  • Reina, muéstrame el aspecto de unas llaves.

Aparece un trozo de metal de forma serrada, embutido en un agarre de plástico.

Justo cuando piensa entrar en la casa en la que han desaparecido los humanos para pedir las llaves, aparece Venancio gritando.

  • ¿Qué coño estás haciendo en mi coche, idiota de los cojones? ¡Sal de ahí!

666 descarta las palabras no relacionadas lógicamente, como coño, idiota, y cojones, para aprehender el sentido racional de los deseos de Venancio.Bueno, si salir del coche predispone a Venancio a compartir las llaves, pues bien está. Sale del coche y pide las llaves, así se ahorra dirigir al humano hacia la casa.

  • Venancio, las llaves.
  • ¿Las llaves? ¡Y una mierda! ¡Baja de mi coche o te meto cuatro hostias!

La palabra hostia no venía en el vocabulario estudiado por 666, o igual sí pero no escuchaba al maestro 257 cuando lo explicó.

  • Reina, muéstrame una hostia.

Visualiza un trozo de pan blanco, redondo y fino. Tampoco queda clara la referencia al mojón defecado mierda. Lógicamente, decide ignorarlo e insistir.

  • Venancio dame las llaves.
  • ¿Qué? ¡Tonto o no, te vas a enterar!

666 estaría encantado de enterarse de algo, porque anda de lo más perdido. De modo que se acerca a Venancio – en puridad, cabría decir que fueron los ciento diez kilos de Tasio los que se acercaron – componiendo lo que, según 666 recuerda del curso de iniciación a la posesión de humanos, es una expresión de interés educado: ojos entrecerrados, ceño fruncido, dientes a la vista, mandíbulas prietas, voz gutural.

  • Venancio, entérame.

En algo debió confundirse 666 porque Venancio, en lugar de enterarlo, palidece, mete la mano en el bolsillo, tira al suelo un objeto que la memoria visual de Tasio reconoce como llaves, y sale corriendo.

Tasio recoge la cosa del suelo, asumiendo la elevada probabilidad de que sea ese objeto lo que necesita. Vuelve a sentarse en el coche, esta vez en el lado en el que se abre la apertura para encajar las llaves. Rebusca en la memoria de su anfitrión, sin encontrar ninguna referencia a la conducción , más allá de tocar el pito. Guiándose por tanto por lo que recuerda del curso de preparación, introduce la llave donde corresponde, la gira, y por fin escucha el ruido del motor. La memoria de Tasio confirma el estado del vehículo como coche arrancado.


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Gracias por dejar un comentario. Nota que no se aprobarán aquellos que superen las 250 palabras, o contengan afirmaciones no demostradas. Por ejemplo, si afirmas que la madre de algún personaje público ejerce la prostitución, tendrás que aportar pruebas.

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