Cuento del ganador que perdió unas elecciones (1): El genio del irrigador.

Vivimos un momento en que la situación en los Estados Antaño Unidos de América (EAUA en lo sucesivo) recuerda esos tiempos históricos en que la Iglesia Católica tenía dos o tres papas simultáneamente, cada uno de ellos proclamándose el verdadero y dedicándose a excomulgar a todos los demás antipapas a diestro y siniestro.

Llegados a este punto de locura, he pensado que no estaría de más añadir una pizca de fantasía y hacer de ello uno de esos relatos que no sabemos a priori cómo acabará.

Obviamente cuento con vuestra colaboración para continuar este primer capítulo.


El Presidente al que habían robado la victoria en las elecciones – o eso se decía a sí mismo, y a todos los demás – paseaba por el despacho hueval de la casa blanca. Hueval, y no oval, porque tenía forma de huevo y no de ovo, que nadie sabe lo que es. Ese es un secreto que solo conocen los presidentes. Se lo había dicho confidencialmente su predecesor, un negro estirado. Melania le dijo que le habían tomado el pelo, pero eso es imposible. ¿Cómo va a tomarle el pelo un negro a un gran hombre blanco? No se atrevería, por muy expresidente ilegítimo que fuera el negro nacido en Jamaica, o en cualquier otro sitio donde nazcan los negros. Además, ni que él fuera un ignorante, ¿qué se habían creído?

En una de las idas y venidas pasó por detrás del escritorio. Un escritorio al que solo se había sentado en cuatro años para hacerse fotos. Es un hombre de su época, no pierde el tiempo leyendo, eso es cosa de atrasados. Cuando necesita saber algo, le pide a alguno de sus lacayos que se lo resuma, y si no lo hace bien lo despide y a otra cosa.

Cuando necesita comunicar algo, usa Twitter. De hecho, ahora que lo piensa, un poco sí que le duele que no le hayan concedido el Nobel de literatura.

Por eso le llamó la atención el sobre marrón que reposaba sobre la superficie del mueble. Su primer impulso fue pasar de largo y pedirle, no, ordenarle a alguien que se lo resumiese. Pero algo le llamó la atención, y fue el texto impreso en unas letras de sangre y fuego – su color preferido – sobre el papel.

Se puso las gafas de leer[1].

Instrucciones para Presidentes.

Abrir solo si no han sido reelegidos porque su contrincante ha hecho trampas.

¡¡Confidencial!! ¡¡Solo para presidentes!!

Vaya, ese es exactamente su caso. Busca con la mirada un abrecartas. Una de sus secretarias… Espera, no se sabe el nombre de la gente que trabaja para él, pero él siempre les pone motes… ¿era Tetona o Culona? Es igual, una de ellas ha abierto cartas delante de él, así que debe estar por algún sitio cerca… ¡Ahí! Eso que parece un cuchillo sin filo.

Toma el objeto con la mano derecha y la carta con la izquierda. Mira ambas cosas. ¿Cómo funcionará? Le da vueltas al abrecartas, pero no se le ocurre nada. ¡Vaya mierda! Si tan importante era, ¿por qué no lo han enviado en un mensaje privado de Twitter? Vaya panda de tarados… Se le ocurre darle la vuelta a la misiva, y descubre que solo está cerrada con una gota de cera.

Entonces tiene una idea: rascar el pegote con la hoja del cacharro ese que parece un cuchillo pero no lo es. Suerte que es un genio, ¿Cómo si no habría llegado él a ser el hombre más poderoso del mundo? Y el más joven, el más guapo, el mejor amante, …

Centrémonos, se dijo, que cuando pienso en mí me deslumbro. Ni siquiera entiendo cómo los demás pueden mirarme sin quedar ciegos. En fin.

Al levantar la solapa del sobre ve un papel. Pero no es un papel normal, parece uno de esos papeles antiguos, hechos polvo… ¿Cómo se llaman? Está tentado de llamar a su mujer para preguntarle, pero últimamente no lo tiene nada contento. Ni siquiera se molesta ya en fingir los orgasmos. Suerte que él no tiene problemas para esas cosas, y que cuando unas piernas se cierran, otras se abren. Peor para ella, que se lo pierde.

Es igual, saca la cosa esa que está en el sobre, se llame como se llame, y la extiende sobre la mesa. Sin duda es antigua, aunque no tiene polvo. Solo un texto escrito a mano con la misma tinta de la portada. ¿O no se decía portada? Tanto da. Vuelve a ajustarse las gafas y lee trabajosamente. Al menos podían haberlo escrito a máquina, joder, que no cuesta tanto. En fin.

Estimado Presidente.

Si estás leyendo esta carta es porque crees que estás a punto de quedarte sin ese segundo mandato al que estás convencido de tener derecho.

Pues claro que tiene derecho, quienes no han conseguido un segundo mandato son perdedores, y él es un ganador. Si lo habrá hecho bien que lo han votado más de 70 millones de súbditos. ¿”…estás convencido…”? Pues claro que está convencido. Que no sepa cómo lo ha hecho Joe no significa que no haya hecho trampas mejores que las suyas. Él las ha hecho, y es buena persona, así que el otro, el puto comunista socialista…

Por esta vez pasará por alto la ofensa y sigue leyendo.

Aún tienes una posibilidad.

Camina doce pasos tranquilos hacia el este.

Bajo las raíces del brezo encontrarás la respuesta.

Y ya está, sin firma ni nada.

Doce pasos tranquilos hacia el este… Ahí tiene que faltar algo. ¿Qué “este”? ¿Este cuadro? ¿Este árbol? ¿Este sillón? Anda y que no hay “estes” en el puto despacho. Tendrá que preguntar, pero su fino olfato de estratega le dice que no hay que confiar en nadie, dará solo información parcial.

¡Ya está! Si alguien sabe algo de este planeta es la NASA. Descuelga el teléfono.

Buenos días, Señor Presidente. ¿En qué puedo ayudarle?

­— Jim, he decidido ir hacia el este, pero aquí hay un montón de estes. Este escritorio, este sillón… ¿Tú sabes cuántos estes hay aquí?

— …

— ¿Jim? Eso que oigo no serán risas, ¿verdad? Porque te despido ya mismo, lo que me cueste escribir el tuit.

Señor Presidente, ¿no será al punto cardinal del Este? Ya sabe, este, oeste, norte y sur.

— ¡Hum! Pues claro, ese mismo quería yo decir. Y ya puestos, eso ¿por dónde queda?

¿Dónde está usted, Señor?

En la Casa Blanca, claro.

— …

— ¿Jim? No habrá puesto el altavoz, ¿verdad?

Claro que no, señor Presidente. Esta conversación es totalmente confidencial.

Entonces, ¿Por qué oigo risas de fondo?

Será un cruce, Señor. ¿En qué parte de la Casa Blanca se encuentra usted, exactamente?

— En el despacho hueval.

— …

Vaya, creo que siguen los cruces en la línea. ¿En el despacho oval, Señor? ¿Ese que está en el ala oeste de la Casa Blanca?

Esta vez no hay duda, lo que se escucha son risas.

— Jim, ¡me ha mentido! ¡Voy a despedirlo!

Verá, señor expresidente, me la suda. A mí me falta un montón para retirarme[2].

— ¡Despedido! ¡Está despe…! Vaya, ¿pues no me colgado el teléfono el muy follamadres[3]?

El Presidente teclea furioso un ratito en su teléfono móvil. Cuando acaba – obviamente ha despedido al director de la NASA – mira hacia el ala Este de la Casa Blanca. O sea, que tenía que caminar doce pasos tranquilamente por el jardín. Pues lo podían haber puesto más sencillo. Abre la puerta de cristales y sale.

— POTUS se mueve. Repito, POTUS se mueve.

Lo tienen harto los del Servicio Secreto con eso de POTUS por aquí, POTUS por allá. Tampoco es que haya potado tantas veces[4]. Cuando se junta con Vladimir admira su capacidad para acojonar a sus escoltas. Claro, que él ha sido un pez gordo de la KGB y los tiene dominados… Un chico encantador ese Vladimir, aunque de mala familia, porque con ese apellido, Putin, tiene que ser por fuerza de mala familia…

¿Cuántos pasos lleva? Mierda, ha perdido la cuenta. Vuelve al despacho y sale otra vez. Uno, dos, …

Cuando llega a doce pasos está justo al lado de un macetón con brezo. Se gira hacia los agentes de seguridad.

— ¡Ayuda!

Lo rodean los agentes con las armas desenfundadas.

— No, hombre, no. Lo que necesito es que vacíen la maceta.

Los rudos hombres y mujeres se miran entre sí. Uno de ellos se lleva la bocamanga a la boca y solicita que acuda el jardinero.

— Estaré dentro haciendo cosas de presidentes. Cuando acabéis traedme lo que aparezca.

Unos quince minutos más tarde se acerca el jefe de seguridad llevando un paquete en la mano.

— Señor Presidente, hemos escaneado el paquete y no parece contener nada peligroso, ¿prefiere que lo abramos nosotros?

— No, no, vosotros id a hacer cosas de agentes secretos, que de esto me encargo yo.

Tan pronto se ha quedado solo, el Presidente deshace el paquete. Solo contiene algo que le suena de cuando era pequeño y le ponían enemas por portarse mal: un irrigador de goma, también conocido como pera de goma.

Lo agita. Parece que hay algo dentro. Aprieta. Por el extremo de la pera sale un humo apestoso de color naranja que, poco a poco, va tomando una forma aproximadamente humana, pero de tamaño reducido. Es un ser que parece macho, con la piel de color naranja y el pelo como la paja caducada.

— ¿Qué pasa contigo, tío[5]? ¿Otro que ha perdido las elecciones y no será reelegido, supongo? ¿O eres de mi gremio, pero te has pasado con el tocino? Porque tú, en el irrigador mágico, no cabes, fijo. Bueno, al grano, soy el genio del Irrigador Presidencial, y puedo concederte tres deseos.

— ¡Quiero diez!

— Vaya, esto no me había pasado nunca. Te digo que soy un genio, y te lo crees a pies juntillas, así, sin dudarlo ni un segundo, pero ya me estás regateando. Tres.

— Diez o me pongo un enema contigo dentro.

— Vaya, eres duro negociando, primo. Cuatro.

— Seis.

— Cuatro y un bonus, lo que hacen cinco. Eso sí, con una advertencia: no puedo cambiar el pasado. Lo hecho, hecho está.

— Vale, yo soy un hombre de negocios al que solo le preocupa el futuro, así que tenemos un trato. ¿Puedo pedir ya?

— Ya estoy fuera del irrigador, así que tú mismo.

— Quiero ser presidente de los EAUA.

— Hecho. Te quedan cuatro deseos.

— ¿He ganado yo las elecciones?

— No, tú me has pedido ser presidente y lo serás hasta el 20 de enero. Si eres tan tonto que pides lo que ya tienes es asunto tuyo.

— ¡Me quedan cinco!

— Cuatro, y no es negociable.

— ¿Puedo pensarlo?

— Mientras seas presidente en funciones, tienes tiempo. El 20 de enero se te acaba el contrato.

— Voy a consultarlo con Melania. Tú quédate aquí.

— Como si pudiera ir a alguna parte. Oye, la tal Melania, ¿está buena? Es que no he salido del irrigador desde 1992 y ando un poquito necesitado… En fin, tú que te pareces a mí, aunque en gordo, tienes que entenderlo.

— ¡Es mi mujer!

— Sin problemas, no se lo diré a nadie.

— ¡Cállate!

— Anda, ponme un güisquito de ese añejo que tienes por ahí, y puedes tardar lo que quieras. ¿Me lo puede traer Melania?

El Presidente sale del Despacho Hueval dando un portazo.


Bien, ya tenemos el contexto. Un Presidente de los EAUA que se niega a aceptar la derrota, y un genio salido de un Irrigador Presidencial, que le debe cuatro deseos.

En este cuento iremos paso a paso, deseo a deseo, por lo que durará cinco episodios como máximo. Podéis proponer un deseo en comentarios y darle a “Me Gusta” y a las estrellitas de las sugerencias de los demás. El deseo propuesto en el comentario más valorado será resuelto el martes siguiente a la publicación de cada capítulo, y a su vez publicado al siguiente sábado.

¿Se entiende? Os lo explicaré al nivel Presidente de los EAUA: tú pedir en comentarios el deseo a satisfacer – OJO: poner uno y solo uno – antes del martes siguiente, y tú valorar votos ajenos si dar la gana.

Obviamente, si nadie dice nada, pues será lo que este irreverente escribidor decida.

Y recordad, el destino de los Estados Antaño Unidos de América depende de vuestra imaginación.


[1] Obviamente, el texto viene en inglés simplificado, porque en un país dónde cualquiera, absolutamente cualquiera, puede ser presidente, tampoco hay que correr el riesgo de usar palabras complicadas. Lo traduciremos al castellano para los espectadores que hablen el mismo número de idiomas que el Presidente. O sea, entre uno y ninguno.

[2] Jim Bridenstine, de 45 años, se refiere al caso del subdirector del FBI Andrew McCabe, que fue despedido dos días antes de jubilarse para que no pudiese cobrar su pensión.

[3] Traducción literal del insulto motherfucker, que equivaldría a nuestro hideputa.

[4] En realidad, POTUS significa en clave de seguridad President Of The United States.

[5] En realidad, dirá “Howdy dude, what’s up man?”. Este apunte es solo para recordaros que esta gente habla toda ella en un inglés simplificado y bastante coloquial.


2 comentarios sobre “Cuento del ganador que perdió unas elecciones (1): El genio del irrigador.

Agrega el tuyo

Gracias por dejar un comentario. Nota que no se aprobarán aquellos que superen las 250 palabras, o contengan afirmaciones no demostradas. Por ejemplo, si afirmas que la madre de algún personaje público ejerce la prostitución, tendrás que aportar pruebas.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

Blog del Gran Baladre

Bacineamos de to lo que se menea

Florent Marcellesi

Blog del eurodiputado de EQUO

BlogSOStenible: Noticias medioambientales y datos... aportando soluciones

Ecología, Economía, y Sostenibilidad, desde los países ricos: Aprender, Ayudar y Disfrutar... desde Málaga (España).

Autonomía y Bienvivir

Bacineamos de to lo que se menea

La proa del Argo

Bacineamos de to lo que se menea

Salva Solano Salmerón

Bacineamos de to lo que se menea

Joven Furioso

Escritos, divagaciones y un chancletazo al libre albedrío.

Vota y Calla

No te metas en lo que SÍ te importa

Blog de Gregorio López Sanz

Bacineamos de to lo que se menea

Colectivo Novecento

Blog de economía crítica y pensamiento político

REMEMORACIÓN

Memoria de las víctimas, Historia y Política

Economistas Frente a la Crisis

El pensamiento económico al servicio de los ciudadanos

A %d blogueros les gusta esto: