No era un bulo: mortal con derecho a resurrección.

El viernes 13 de noviembre, día de mi cumpleaños, me sentía bastante satisfecho de mi vida. Así en general.

Para el día siguiente había programado el nacimiento de un nuevo cuento sobre Trump y un irrigador mágico, y había estado preparando un podcast con Jesús Nácher que íbamos a grabar el martes 17. También quería publicar algo en el blog el miércoles, así que eché mano de una tontá escrita mucho antes, un bulo que llevaba dando vuelta por las listas de programación desde el 10 de octubre: Soy Inmortal.

Esto explica por qué el bulo sobre la supuesta inmortalidad de K.Baladring se publicó el día 18, y no antes, ni después. Pero supongo que no aporta ninguna luz sobre el sorprendente carácter de los comentarios que finalizan la publicación de la tontería. Bien, eso lo voy a explicar ahora y creedme, no hay ni una palabra de ficción en ello.


El martes 17 de noviembre, hacia el mediodía, me entraron ganas de orinar. Andaba yo acabando cuando explotó un dolor extremadamente agudo en el pecho, que se extendió hasta las mandíbulas inferiores. Sentía calor, y un fuerte mareo.

Tenía pocas dudas sobre el origen del fenómeno, pero aún así tuve la fuerza de ánimo – o la inconsciencia – de guardarme el órgano urinario en los pantalones y caminar hasta el comedor, dónde estaban en ese momento mi esposa y – una afortunada casualidad – mi hija, médico de profesión.

Luego me dijeron que 9 de cada 10 enfermos en mi situación no llegan a notificar a nadie, simplemente se desvanecen y mueren. Bien, no fue el caso. Laura hizo un diagnóstico de emergencia, informó al 112 local, y unos diez minutos después teníamos una UCI médica en la puerta de casa. Afortunada casualidad que el dispositivo de Emergencias estuviese disponible, no lo es tanto que yo resida a diez minutos del hospital general de la comarca. De hecho, residimos a la misma distancia del Cementerio.

Con un diagnóstico acordado la doctora de emergencias decidió que no se debía perder tiempo, así que me llevaron al Hospital General de Albacete, a unos 90 kilómetros. Durante el trayecto tengo recuerdos confusos, de dónde deduzco que alguna cosilla potente se me inyectó. Espero no haber dicho ni hecho nada inconveniente a la estupenda gente del 112. Muchas gracias, de verdad, y disculpas por las molestias.

En cosa de una hora (o eso intuyo, que ya andaba alucinando, y no un poco) me estaban haciendo cosas de cateterismo. De ese momento solo recuerdo que algo me tapaba la pantalla, lo que por un lado me molestaba, pero por otro me importaba un bledo. Ignoro el tiempo transcurrido cuando me dicen que tienen que llevarme a la Quirón, que está al lado del Hospital de Albacete, para operarme. Me suena haber firmado algo, pero sin ser capaz de decir si di mi consentimiento explícita o implícitamente. Según el informe médico lo hice. No voy a quejarme.

A esas alturas el diagnóstico ya es muy preciso: la aorta ascendente va a estallar de un momento a otro:

El equipo de cirugía de la Quirón decide que debo operarme a las bravas. Dicen que me lo cuentan (a saber por dónde andarían chapoteando mis neuronas), e informan a mi familia.

No voy a entrar en muchos detalles sobre la operación, quien desee saberlos que consulte la amplia literatura sobre el tema en internet.


Me despertaron en la UCI al día siguiente, ya extubado. Tengo que decir que no me sentía particularmente asustado, entre otras cosas porque yo sabía que había tenido un problema grave, pero no cuánto. De hecho, no comprendería lo ocurrido hasta una semana más tarde, al leer el informe de alta.

Y mientras tanto, el bulo de mi inmortalidad se publicaba en este blog…

Un pequeño inciso para rendir tributo al personal sanitario de la UCI de Quirón Albacete. Oye, gente, que sepáis que estáis como un cencerro, y que ese es justo el comportamiento adecuado para llevar rectos a colgados como nosotros. Os haría la ola si no me doliesen tanto los puntos. Lamento decir que solo me quedé con el nombre de Madre, pero aluciné con todos vosotros el tiempo que pasé allí.

A los lectores: sabéis, ¿ese comportamiento de quién lo hace todo por ti, pero sin tomarte tan en serio que te asuste? No sé si es liderazgo por vuestra parte, o lo cuajado que iba yo, pero oye, ¡genial!

El 20, viernes, ya estaba en planta. El nivel de diagnóstico general en el que nos movíamos era algo así: ¿cuántos camiones crees que te atropellaron? Si contestabas menos de dos, es que no eras paciente de cardio, más de cuatro… deberías seguir en la UCI.

Voy a pasar rápidamente por los cinco días de estancia en planta. Solo dejaré para el recuerdo las chácharas con el compañero de habitación, el aburrimiento de la comida sin sal ni azúcar, el profundo cansancio, y el inmenso alivio de tener como cuidadora a la persona de tu vida.

Y como siempre, el equipo sanitario de planta, tan amable y profesional como todos los demás que me atendieron. Excepto uno, que me guardo.


Es en ese momento, cuando ya te marchas a casa, cae en tus manos el Informe de Alta, y empiezas a leer cosas que te dejan un tanto traspuesto:


Resumamos. El 17 de noviembre mi probabilidad de seguir vivo al llegar la noche era ínfima. Para eso, los síntomas tenían que declararse con tiempo suficiente para avisar al servicio de Emergencias, que debería mantener vivo mi cuerpo hasta poderlo operar en Albacete. Tras mantenerme en parada cardíaca casi cuarenta minutos, regando mi cerebro por separado para poderlo reactivar después, mi cuerpo de sesenta y cinco años tuvo a bien reiniciarse.

Muerto y resucitado.


Bien, para que os situéis, me ha costado casi una semana escribir estas líneas, así que cabe esperar un largo silencio operativo de este blog.

Si queréis comentar, sabéis que seréis bienvenidos, aunque advierto de mi beligerancia hacia dos tipos de comentarios bienintencionados, pero irritantes:

No he tenido una suerte inmensa al sobrevivir a la disección aórtica. Suerte es levantarse cada mañana con el mismo número de dolores que ayer. Suerte es no tener ni idea de que una vena o arteria muy importante puede reventar así como así. Suerte es que no te atropelle el camión. Sobrevivir solo es el relativamente afortunado resultado de una enorme putada.

Duele. Que me digan que eso es normal para lo ocurrido me importa un pijo. Duele. Tampoco me gusta que insinúen que podría ser peor. Me da igual si puede ser mucho peor. Duele.

Dicho esto, y teniendo en cuenta el tiempo que el dichoso bulo andaba rondando por el blog sin ser publicado, y que finalmente lo fuera justo al día siguiente de un apechusque gordo por mi parte, ¿mera casualidad, o mucha mala leche de algún ser invisible y posiblemente imaginario? ¿Hay duendes en la Mancha?


5 comentarios sobre “No era un bulo: mortal con derecho a resurrección.

  1. Joder con las palabrejas que se gastan los resurrectores. Joooder…

    No voy a decirle que ha tenido suerte para que no le salten los puntos. En realidad, la suerte la hemos tenido nosotros por seguir teniéndolo ahí.

    Y deje en paz al vino que algo tan rico no puede tener la culpa de nada.

    En cuanto a lo del blog, con eso Jung le hubiera llenado tropecientas páginas hablando de la “sincronicidad”.

    Un abrazo, y feliz cumpleaños 😉

    Le gusta a 1 persona

  2. Madre mía que putada!!
    Pero esto es así.
    No somos muy consciencientes de que en décimas de segundos nos puede cambiar la vida.
    Que si seguimos aquí, es porque no ha llegado nuestro momento.
    Que hay que disfrutar todos los momentos del día, todos los días del año.
    Pasar tiempo con nuestros seres queridos, no enfadarse con nadie y por nada, reír a carcajadas, beber una copita de vino, tomar una cerveza con nurstr@s amig@s.
    Hacer alguna escapada donde te apetezca y con la persona que te hace feliz.
    En fin, solamente desearte una pronta recuperación y mucho ánimo .
    Estás aquí, y tienes aún cosas por las que vivir
    Un abrazo!!!

    Le gusta a 1 persona

    1. ¿Sabes lo que me da más miedo? Que puedan haber ganado. Shhhtttt….. Me refiero a los sanos.
      De momento miro con cara de sospechoso habitual hasta al buen vino, que me acompaña desde que en él fui bautizado.
      En fin procuraré mantener mi fachada de vejestorio rebelde… en cuanto se me pase el susto.
      Mientras tanto, ¡muchas gracias por los ánimos!

      Me gusta

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