El síndrome del resucitado, o la putada que le gastaron a Lázaro.

Supongo que sucesos como el ocurrido en el último mes deben llevar a las mentes biempensantes de las gentes de bien a decisiones juiciosas, profundas reflexiones, cambios de vida… Desgraciadamente mi mente siempre ha sido desviada, deficiente, crítica o, en una palabra, retorcida. De ahí que se me ocurra buscarle las vueltas incluso a aquello que a priori parece más positivo y digno de alabanza.

Siendo así como soy, pues no me siento ahora más cercano a ninguna religión o creencia, y menos mal porque podría resultar en algo chusco. Por ejemplo, ¿sabéis eso de que ves un túnel de luz en el que te espera un familiar muy querido…? Pues yo recuerdo perfectamente ver a un Trump muy rejuvenecido, vestido de un blanco impecable y reluciente en una habitación tan brillante que ni siquiera se apreciaban esquinas. El individuo manejaba un cilindro brillante de aluminio – sospechosamente parecido al depósito de cartuchos Nespresso para el reciclaje que guardo en la cocina – con alguna intención que no llegué a conocer, porque no abrí la boca y el personaje me ignoró. Ahora imaginad que llego a acercarme a la religión desde esa visión.


Antes de dejar la planta de Cardio de la clínica la jefa me comentó que tuviese cuidado porque a partir de la semana desde la operación eran frecuentes los episodios depresivos. Y era cierto. Se produce una especie de síndrome del resucitado en el que tienes la sensación de estorbar por todas partes. Ese sentimiento me llevó a leer con mayor atención el episodio del Evangelio de Juan que narra la resurrección de Lázaro.

Os lo resumo.

De entrada, resulta que avisan a Jesús de que su buen amigo Lázaro estaba muy enfermo. Él se encontraba cerca, con su banda, pero durante dos días no hace ademán de acercarse. Pasados esos dos días, y sabedor ya de que su amigo había muerto – ¿Cómo lo sabe? Pues ni idea, pero es sabido que el pergamino aguanta lo que le echen – se ponen en marcha.

Cuando llega la tropa de Jesús a Betania, Lázaro ya lleva cuatro días muerto, y su cuerpo – se supone que ya un poquito descompuesto – está en una tumba cerrada con un pedrusco.

Parece que, ante los reproches por no haber salvado a su amigo, Jesús se cabrea bastante, y al mismo tiempo se enternece y llora viendo el dolor de las hermanas Marta y María. Yo no lo he acabado de pillar, pero así es como lo cuenta Juan, y no estamos aquí para llevarle la contraria.

Jesús resucita a Lázaro (Jn 11,1-45)

Total, que ordena que quiten le piedra del mausoleo, y le dice a Lázaro que salga de ahí. El resucitado sale con las manos y pies atados, y la cabeza envuelta en un sudario. Entonces Jesús ordena que le quiten los vendajes y lo dejen ir.

Y aquí acaba la historia en sí.


Y ahora es cuando florecen las dudas en mi – sin duda – defectuosa mente.

De entrada, Jesús, voy a pasar de puntillas por el hecho de que hayas esperado dos días para que no solo estuviese muerto, sino que ya fuese un muerto blandito y apestoso, de los que no ofrecen dudas.

También ignoraré que lo resucites y te largues sin dejarle instrucciones, darle un abrazo, o algo.

Hombre, el milagro así te queda muy bien desde el punto de vista de marketing divino de ti mismo, Cristo, pero que sepas que se ve bastante el plumero propagandístico.

Luego, una vez allí y ya puesto en materia: eres Dios, vas a resucitar a un tío que es un buen amigo tuyo, ¿no puedes soltarle antes las vendas para que pueda caminar con una cierta dignidad? ¿Aunque sea en plan zombi? ¿Solo lo justo para que eso de “levántate y anda” no suene a cachondeo?

En fin, vamos a los detalles.

Y aquí viene la gran duda. Han pasado cuatro días. Algo se habrá descompuesto el gachó, y va a oler mal, fijo. ¿Piensas hacer algo al respecto, o permitirás que los guasones digan eso de “me huelo que Lázaro viene hacia aquí”?

Además de que algunas cosillas, pues poco o mucho, pero se habrán debilitado. ¿Le fallarán las rodillas? ¿Qué tal las manos? ¿Y el cerebro, rige o no rige? Ese tío, ¿ve algo o va ciego?

Otra pregunta que yo me hago a mí mismo es que el hombre sufrió una enfermedad lo bastante grave como para matarlo, y en ningún sitio se dice que eso se haya curado. ¿Qué pasa cuando un resucitado sigue teniendo la enfermedad? ¿Puede volver a morir de la misma? ¿Va a ser inmortal, pero siempre enfermo?

Y el aspecto social de la cosa… ¿Le van a hacer un sitio en la mesa común a la hora de comer o cenar, o mejor lo dejan al aire libre para que se ventilen bien los olores corporales? Tampoco explican si estaba casado, pero de estarlo… No sé, pero tiene que ser una putada dormir con alguien que destiñe tanto y anda dejando trocitos suyos por ahí.

Pero aún falta el aspecto económico. Porque después de cuatro días la herencia ya se ha distribuido y, si cabe, ventilado. Lázaro no tiene nada, porque nada tienen quienes han muerto, y no creo que los vivos suelten la herencia por muy resucitado que fuera el heredado.


En resumen, que lo que Jesús le hace a Lázaro será un milagro, pero también es una putada muy gorda. Sí, vale, no está muerto, pero seguro que lo echa de menos. Y sus herederos, y su familia…

Como siempre, el Evangelista no dice nada sobre lo que ocurre cuando Cristo abandona el edificio. Él cuenta la historia, y ahí te quedas con tus dudas. Pero si me preguntáis mi opinión, lo que realmente hace Juan es inventar las historias de zombis, y esas, nunca acaban bien.

Pobre Lázaro.

2 comentarios sobre “El síndrome del resucitado, o la putada que le gastaron a Lázaro.

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