Cuento del ganador que perdió unas elecciones (3): últimos deseos.

En el episodio anterior del cuento del genio en el Irrigador Mágico, el Presidente vuelve a gastar deseos sin ton ni son, aunque con el tercero se entera de que su esposa está a punto de divorciarse de él.

¿Qué hará? Sólo le quedan dos deseos, no está más cerca que antes de permanecer en la presidencia, y encima solo, sin Primera Dama.

Esta duda, y cualquier otra que podáis albergar, se resolverá en este capítulo. Entre otras cosas, porque aquí acaba el cuento.


— ¿Cómo que te vas a divorciar¿ ¿De mí? – Gritaba él. – De eso nada, monada, ¡yo te saqué de la mierda, y allá te puedo devolver cuando quiera!

— Hombre, Presi – Susurraba el genio, un tanto acojonado. – Tampoco te pongas así…

— ¡Quince años llevo aguantándote, pichafloja! – Gritaba ella. – ¡Si hasta he permitido que me preñaras!

— ¿Pichafloja? Llevas quince años follando con el mejor amante del mundo, ¿y te quejas?

— ¿Mejor amante del mundo? Pues que sepas que cualquiera del Servicio Secreto folla mejor que tú. Incluyendo a las mujeres,

— Cómo, ¿me has sido infiel?

— ¡Cinco por cada infidelidad tuya!

— A ver, cinco por… – Calculaba él. – ¡¡Eso es un montón!!

— Esta va de farol – Calculaba para sí el genio. – No ha tenido tiempo.

— Y porque he rechazado a muchos de tus amigos. – Insistía ella.

— ¿Rudolf? ¿Mike? Los mato, a esos los mato… – Rugía él.

— Ya te citará mi abogado. ¡Y ahí te quedas!

La mujer sale pegando un fuerte portazo del despacho hueval, amortiguando con el ruido las habituales voces de “ – FLOTUS se mueve…”.

El genio se levanta, prepara un par de güisquitos en las rocas y le lleva uno al Presidente, que se ha dejado caer sobre una butaca. El presidente toma el vaso y pega un buen trago. Como cabía esperar, sin darle las gracias al genio, no fuera a contabilizarlo como un deseo.

— De nada, Presi, de nada… – Murmura el genio.

— Tengo que vengarme, y me vas a ayudar.

— Hombre, yo encantado, pero ya sabes que sólo te quedan dos…

— Ya lo sé, y vas a gastar uno en buscarme el ligue más sonado del mundo. Uno de esos ligues que te sacan en portada de toda la prensa, hasta de la falsa.

— O sea, el New York Times y similares.

— Eso, los de la prensa que dice mentiras de mí. Ya sé, ¡¡búscame una princesa heredera de algún trono europeo, que esté disponible para un rollete!!

— Presi, ¿estás seguro…?

— Sí, lo estoy. Se van a cagar. Genio, deseo que traigas a mi presencia a una princesa heredera europea que esté disponible.

— Bueno, yo lo he intentado…

El genio gesticula de forma alocada mientras murmura unas palabras en un idioma extraño. La atmósfera empieza a llenarse de una neblina de color anaranjado, hasta el punto de que el Presidente no ve nada.

— ¡No veo nada!

Efectivamente, es lo que íbamos diciendo.

Poco a poco, el ambiente se va aclarando gracias al eficiente sistema de ventilación del despacho. En el sofá está sentada una mujer de unos sesenta años. Alta, delgada, de nariz ancha y labios casi inexistentes. Viste un traje muy elegante de amazona, con un foulard rojo y amarillo al cuello.

Mira alrededor suyo con cara de asombro.

Dónde… ¿Dónde estoy?[1]

— ¿Por qué habla esta tía en mejicano? – Protesta el Presidente, que no parece nada satisfecho con lo que ve. – ¿México no era una república?

— Permitidme que os presente…

Viendo que de momento no parece que vaya a producirse una respuesta violenta del Presidente, el genio sale de su escondite debajo del sofá, pasando para ello entre las piernas de la princesa.

— Presidente, te presento a la Princesa Elena María Isabel Dominica de Silos de Borbón y Grecia, tercera en la sucesión al trono de España, y actualmente divorciada. Princesa Elena, os presento…

— Lo he entendido perfectamente, idiota. – Responde la mujer en perfecto inglés británico. – ¿Cómo íbamos a hacer negocios en mi familia si no hablásemos inglés? ¿Y tú qué eres?

— Princesa, soy el genio del Irrigador Mágico…

— Ya, los cachondos de mis hermanos ya me gastaron muchas bromas de esas durante nuestra infancia, no cuela. Oye, me largo que ya me tocaba a mí montar.

La princesa se levanta y se dirige hacia los ventanales que dan al jardín, sin duda creyendo que sigue en el Club de Campo de Madrid. A sus espaldas el Presidente le hace gestos al genio de que sí, que la mande dónde estuviera antes de llegar al despacho hueval.

— Pero Presidente, ¿estás seguro…?

El Presidente afirma enérgicamente con la cabeza, mientras hace gestos con las manos para indicar que mande la princesa a algún lugar lejano.

— Presi, mira que…

El Presidente se levanta y se encamina decidido hacia el genio con la manaza en alto. Mientras, la princesa ya ha llegado a la ventana y está tratando de comprender el mecanismo de apertura.

— Vale, conste que he avisado…

Se repite la escena con todo el despacho perdidito de humo naranja.

Cuando se despeja vuelven a estar solos el Presidente y el Genio, que se dirige hacia el mueble bar para servirse su último güisquito antes de reincorporarse al Irrigador Mágico, vaya usted a saber para cuántas décadas.

— Bien, ahora vamos a hablar de los dos deseos que me quedan…

— No, lo siento Presi, pero no te queda ninguno. Primero, trae la princesa, y luego llévate la princesa, eso son dos deseos.

— De eso nada, pringado. Al devolver la princesa hemos anulado el primer deseo, y me siguen quedando dos.

— Ninguno.

— Dos, o empiezo a hacerles enemas a todos los miembros del Servicio Secreto contigo dentro del irrigador.

— ¿El Servicio Secreto?

— Digo yo que, si paran balas por mí, podrán ponerse un enema. Y son muchos, que lo sepas.

— Vaya, Presidente, sí que negocias duro. Vale, te concedo uno más.

–¡Dos!

— ¡Uno!

— ¡Vete a la mierda!

Y el genio desapareció en ese preciso momento.

Lo único cierto es que desde ese día el expresidente de los EAUA sufrió de frecuentes ataques de flatulencias varias, con graves ataques de pedorreras durante las comidas oficiales o de eructos durante los discursos. También aparecían caras casi igualitas a la suya en radiografías y ecografías de su abdomen, lo que fue interpretado como milagroso por numerosos líderes religiosos.

Todo ello, en realidad, acabó redundando en su victoria electoral en 2024, porque sus votantes interpretaron eructos y pedos como mensajes crípticos contra el sistema, fomentando el clima de conspiraciones globales a las que el expresidente se enfrentaba en su nombre, mientras que el apoyo religioso a su candidatura se disparó. Hasta tal punto, que llegaron a presentarlo como el Gran Mesías Americano que se comunica con su pueblo en el lenguaje del pueblo. Exageraciones afortunadas de los publicistas, sin duda, pero funcionaron: arrasó.

Del genio, nunca más se supo.


Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

FIN


[1] En español en el original. Lo cual es una chorrada, porque todo el original se ha escrito en castellano, pero como estoy fingiendo que el resto se ha escrito en inglés… En fin, que ya me entendéis.

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