El sabio, el dedo, la luna, la vacuna …

Un dicho cuenta que cuando el sabio señala a la luna, el necio mira el dedo. Seamos serios, lo realmente necio es no mirarlo, porque vaya usted a saber qué demonios pretende el sabio. A lo mejor está pidiendo una cerveza al camarero. O alguna otra cosa.

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Pero, en cualquier caso, bien pudiera ser que la luna no pintase nada en toda la historia y, simplemente, coincida con la dirección aproximada a la que apunta el dedo.


Las gentes que siempre, ante cualquier situación nueva, dan un paso atrás y se fijan en el detalle son personas grises, habitualmente aburridas, que no enfervorizan a las masas. Cuando además tienen suerte, acaban siendo sorprendentes muchillonarios (sí, de vez en cuando me invento palabras), pero en su inmensa mayoría viven y mueren totalmente desapercibidos. Lo sé porque yo pertenecí a esta segunda categoría, la de los frikis que se ganan la vida planificando, previniendo qué puede salir mal, sin enriquecerse con ello. Casandras profesionales. También conocidos habitualmente como gestores o, cuando nos venimos arriba, estrategas.

Y, sin embargo, la gente gris cubre con frecuencia la distancia entre el éxito y el fracaso de una sociedad. Os pondré un ejemplo sencillo: la campaña de vacunación de COVID-19.

Si yo hubiese sido nombrado hombre gris a cargo de la planificación de la vacunación en alguna comunidad autónoma, lo primero que hubiese hecho es ir a buscar el documento consensuado entre el Ministerio de Sanidad y quienes tienen las competencias, para verificar las prioridades. A partir de ahí, abriría varias líneas de acción para contactar con las residencias de mayores, crear un calendario de vacunación, diseñar otro calendario de formación del personal, averiguar la plantilla necesaria para aplicar las vacunas,… Como veis, mucho trabajo gris, de ese que no sale en las fotos, ni en los telediarios.

Así, las gentes grises asturianas han planificado cuidadosamente el trabajo a realizar. Cuando una dosis sale de su almacén, ya tiene nombre y apellidos, fecha y lugar. Un trabajo práctico que aplican 148 profesionales distribuidos en 50 equipos.

En cambio, en Madrid las gentes grises no han acudido a la cita. Supongo que las privatizarían allá por 2010 y no les apetece regresar para ser maltratados de nuevo. Eso explica por qué una comunidad siete veces más poblada que Asturias solo dispone de 46 equipos con un total de 92 personas, cinco veces menos que Cataluña o Andalucía, sin ir más lejos. O cómo se les pudo olvidar que venían festivos, o que nadie fuese capaz de hacer una simple división para detectar que a ese ritmo no se iba a llegar muy lejos…

Y es importante acelerar el ritmo por, al menos, tres motivos:

El primero es la situación que viene con la tercera ola (porque hay una tercera ola superpuesta a la segunda): ¿priorizamos ya al personal sanitario en general, o completamos la protección a las personas mayores en las residencias? Lo primero evitará problemas en las plantillas hospitalarias a costa de, como ya ocurrió en primavera, asumir el riesgo de fallecimiento de los ancianos. La segunda opción protege a los colectivos de mayor riesgo, a cambio de arriesgar la capacidad sanitaria en caso de crecimiento exponencial de los ingresos hospitalarios (y ya casi estamos ahí). La única opción buena es la que ha tomado Asturias: prácticamente ha completado la protección en las residencias planificando sin parar mientes en festivos ni presupuesto, y ahora puede decidir qué otro colectivo enfoca teniendo en cuenta que pronto se dispondrá de una segunda vacuna.

Un segundo motivo más técnico es que estamos hablando de un virus que muta poco, pero eso no quiere decir que no vaya a hacerlo. Hay que proteger a la población antes de que el propio SARS-COV2 mute para protegerse de las vacunas, porque aunque no probable a corto plazo, es muy posible.

Sin mencionar que a este ritmo no llegamos a un verano libre de COVID ni de coña, y sin ello nuestra economía puede darse por muy jodida (técnicamente hablando).


En resumen, que es difícil planificar la campaña de vacunación teniendo en cuenta que el contexto varía continuamente: llegada de vacunas con características diferentes y no compatibles entre sí, evolución de la segunda y tercera olas de la pandemia, adaptación del propio virus, debilidades sanitarias endémicas de plantillas escasas, las prioridades variables, … La consecuencia es que cualquier planificación a dos semanas o más tiene escasas probabilidades de cumplirse, pero que si no se planifica en estos plazos el resultado final se irá al garete. Y eso son muchas vidas.

Claro, que mucho más difícil resulta planificar cuando no tienes planificadores, cuando las gentes grises han sido expulsadas, cuando hace tiempo que la inteligencia dejó de ser valorada. Y no es solo la gestión sanitaria, desde luego. Porque cuando se mira la prevención del impacto del temporal de estos días se confirma: la materia gris no abunda en algunos lugares. Si así no fuera, alguien habría previsto la coordinación de servicios de emergencia, tanto los sanitarios como, sin ir más lejos, los bomberos. Porque parece sensato que durante un temporal histórico se requerirán sanitarios y bomberos, ¿verdad?

En fin. Si conocéis gente gris, gente que parece estar siempre pendiente de dedos, sabios y lunas, cuidadla. La necesitamos más de lo que pueda parecer a simple vista.

2 comentarios sobre “El sabio, el dedo, la luna, la vacuna …

  1. Como siempre, comentario lógico e inteligente. me has asustado más de lo que estás tú tras el gato de Schrödinger con lo de que en verano no estaremos libres o en buenas vías.

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    1. No sé cómo estaremos en verano porque, como dije, hay demasiadas variables en el aire, incluida nuestra demostrada capacidad para tropezar un número infinito de veces en la misma piedra, pero de momento no vamos bien.
      Pongo un ejemplo de cálculo que cualquiera puede repetir. Vayamos al INE y averigüemos el número de personas en la Comunidad mayores de 16 años. Para la Comunidad Valenciana son unos 4 millones, aproximadamente. Para obtener la inmunidad de grupo necesitaremos proteger al 70%, pero podemos descontar aquellos que ya han dado positivo, que para la Comunidad Valenciana son el 5%. Ese dato lo podemos obtener de la encuesta de seroprevalencia.
      Es decir, al menos habrá que vacunar al 65%, lo que significa a más de dos millones y medio de personas… si las vacunas fuesen monodosis, pero no es así por ahora y necesitamos inyectar más de 5 millones de dosis en las 26 semanas que median hasta julio. En resumen, 200.000 dosis aplicadas cada semana en promedio. Compárese con la ratio de los últimos 10 días.
      En resumen, que es posible, pero como no le echemos más materia gris, vamos mal, muy mal.

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