Los impuestos y los youtubers, influencers, y otros parásitos en general

Estos días se habla mucho de esos youtubers, o sea influencers, que se han mudado a Andorra para pagar menos impuestos directos. Hay quien los demoniza, otros los apoyan, …

Como eso del Estado del Bienestar no es algo que tengamos aprehendido del todo porque no existe una cultura de la solidaridad fiscal en España, voy a dedicar un ratejo a intentar ponerlo en perspectiva. Espero que ayude.


Empezando por el principio, debería explicar a qué se dedican estos jovenzuelos, y por qué existen los influencers porque tiene su miga, pero tampoco quiero que el artículo se me haga muy técnico. En cuanto a lo de irse a Andorra, no es nuevo en absoluto. Mucha gente de esa que veis luciendo una bandera de España al hombro no paga aquí sus impuestos. Me refiero sobre todo, aunque no solo, a deportistas de élite y artistas de fama, además de empresarios y ricos de toda la vida (aunque a esos no los admiramos tanto).

Esos muchachuelos que corren en moto, o en fórmula 1, y dan vueltas de honor con la bandera al hombro, los chicarrones de las selecciones de fútbol con esas preciosas camisetas rojigualdas, … En fin, todo aquél que gana una pasta injustificada si tenemos en cuenta lo poco que proporciona a la sociedad.

En cuanto al hecho en sí de largarse para no pagar impuestos, creo que sus consecuencias en tiempo de crisis se entenderán mejor con un símil. Imaginad que paseáis por el muelle de un puerto. Escucháis gritos, os asomáis y veis a un montón de gente de todas las edades y géneros que se están ahogando. Al otro lado del muelle hay montones de salvavidas, pero se venden, hay que pagarlos. Frente a esta situación surgen tres actitudes.

  1. La de quien se arruinará comprando salvavidas para echárselo a las víctimas.
  2. La de quien decidirá invertir parte de su dinero y ayudará a unos cuantos, pero sin arruinarse por ello
  3. Y por supuesto también habrá quien mire para otro lado y se marche de allí tan rápido como pueda… si es que antes no compra los salvavidas para revenderlos más caros y, ya de paso, hacer negocio con la muerte.

Obviamente, en el mundo real las tres actitudes – renunciar a la fortuna propia, pagar impuestos, o mudarse a un paraíso fiscal – son legales, eso nadie lo discute. Ahora bien, ¿son moral y socialmente equivalentes? Veámoslo.

En lo que a la moral se refiere, se tome la moral que se tome, religiosa o laica, la solidaridad se considera una virtud, por tanto:

  • El primer tipo, el de quienes se arruinan tratando de ayudar a desconocidos, es indudablemente el más cercano a los valores de la moral religiosa: darlo todo a los necesitados. Este se sitúa mucho más allá de lo que sería una moral fiscal.
  • El segundo, en cambio, es la moral fiscal. Participas sin descuidarte a ti mismo, y si tienes mucho dinero, seguirás viviendo estupendamente incluso después de colaborar con la sociedad.
  • El tercero es propio del individualismo que preconizaba la señora Margaret Thatcher cuando decía aquello de que la sociedad no existe, que tener mucho dinero es bueno, y que lo de ayudar al prójimo, pues eso ya tal… Este egoísmo insolidario en estado puro es, por supuesto, la vía que toma esa gente que se domicilia en paraísos fiscales para no contribuir al bienestar de sus conciudadanos. Y muchos de ellos así lo reconocen al proclamarse liberales.

Luego vienen las razones expuestas para justificarse por no cotizar en España. En general penosas.

Una de ellas, que le escuché a un tal Lolito Fernández, es que España no había hecho nada por él. Vale, pues que me explique de dónde sale el pastizal que se lleva, porque no viene de las Bahamas, de Suiza, ni siquiera de Andorra.

Otra es que les gusta España, pero no su gobierno. Veamos, pedazo de idiotas (en el sentido etimológico del término)[1], las reglas del juego son claras en una democracia: vota, y acepta lo que salga. Y si te crees mejor, preséntate tú, que con la pasta que ganas, tú puedes.

Más. Que los políticos se quedan con buena parte de los impuestos, he llegado a escuchar que incluso la mitad. No es cierto. De hecho, la corrupción suele llevarse el dinero no declarado, ese que otros defraudadores fiscales entregan por debajo de la mesa en forma de soborno, pero no de los impuestos porque eso está, en general, bastante controlado.

Pero incluso si no les gusta cómo se reparte el gasto público porque, en su opinión de influencers de ignota formación económica y política, pagan demasiados impuestos, no hace falta ser doctor en youtubismo para saber que sin esas contribuciones no habría, por poner un ejemplo, una universidad pública.

Me explico. En los países de bajos impuestos, pongamos que hablo de los EEUU de América, cuando nace un bebé los padres tienen que empezar a ahorrar para su educación, que costará muchísima pasta, e incluso su salud porque no existe la sanidad universal, y eso en tiempos de pandemia es para planificarlo. En Europa no necesitamos hacer eso porque los impuestos cubren el gasto sanitario para todo el mundo, y en general, los estudios.

Sí, los estudios, ¿o de verdad creíais que lo que se paga de matrícula cubre los gastos? No está nada claro cual es el coste real porque las universidades no lo publican, pero, por poner un ejemplo, el coste efectivo de estudiar un curso de medicina sobrepasa los 10.000€, de los que el estudiante solo paga un porcentaje entre el 12% (Andalucía) y el 25% (Cataluña). Y si no me creen, compárese con lo que cuesta la matrícula en una universidad pública con la privada:

En fin, creo que las conclusiones son claras. Eludir los impuestos trasladándose a Andorra (o Suiza, Mónaco, Londres, …) es legal, pero también es profundamente inmoral. Es un ejercicio de legítimo egoísmo insolidario. Un ejemplo de la filosofía inhumana que acompañó a la ideología ultraliberal impuesta por los gobiernos de gente como Thatcher y Reagan (y posteriormente, en España, Aznar), anulando el espíritu keynesiano que se extendió por el mundo tras la II Guerra Mundial, cuando se creó el Estado del Bienestar. Una pena, y si no que se lo digan a los chilenos que fueron pioneros.

La doctrina del Shock.
Es un documental largo, pero necesario para comprender cómo hemos pasado de buscar el bienestar social a venerar el individualismo.

En cuanto a mi perspectiva personal del asunto, considero parásitos, inútiles sociales a estos individuos – ya sean youtubers, deportistas de élite, o personajillos de éxito – que alardean de españolismo mientras cotizan en otros países. Cosa que hasta aquí entiendo, me parece una actitud despreciable, pero la comprendo porque en el egoísmo no hay grandes misterios.

Lo que supera mi entendimiento es que nosotros, ciudadanos de a pie, les demos dinero, o incluso los admiremos, cuando no los veneramos. Tanto me da si hablamos de youtubers, futbolistas, corredores de fórmula 1, motoristas, o tenistas. Es como si las ballenas admirasen a sus rémoras, o los chimpancés a sus piojos. Esa actitud se me escapa por completo.


[1]En este adjetivo encontramos la raíz ἴδιος [ˈidios], que en griego era ‘lo privado, lo particular, lo personal‘… Por tanto, en principio, el idiota era simplemente aquel que se preocupaba sólo de sí mismo, de sus intereses privados y particulares, sin prestar atención a los asuntos públicos y/o políticos.” Orígenes, etimologías y gramática histórica del castellano.  http://www.delcastellano.com/2008/07/06/etimologia-de-la-palabra-idiota/

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