Cagüen las etiquetas políticas.

Por si no lo sabéis, que no lo sabréis ni tenéis por qué saberlo, ando estos días escribiendo una nueva novela para la colección de Bigardo Baladre, pero hoy no me apetece esforzarme. Me siento más motivado a enrollarme desmintiendo tontás.

Veréis, hace unas semanas, un amigo me acusó de ser tan, tan rojo… Y eso me recordó una anécdota de 2010, cuando proveía de contenidos para un blog tecnológico. Buscábamos fuentes un poco por todas partes, incluidos los periódicos. Bien, cuando fuimos a ver a unos clientes se nos quejaron de que éramos demasiado sesgados, unos rojos, porque incluíamos artículos del País. Más tarde, otros me reprocharon que incluyese a los capitalistas defensores del establishment… del País. Y obviamente, cuando publicábamos algún artículo de la sección de tecnología del ABC, pues éramos unos fachas.

Dejadme que insista: eran artículos de tecnología, ¡joder!

Entonces pensé que la política era relativista, dependiente del punto desde el que se mire al otro. Ahora sé que, además, el problema son esas etiquetas adoptadas siglos atrás en campañas de marketing político que tuvieron éxito y todavía perduran como forma de cabrear al que no es exactamente como nosotros. Ya sabéis, para liarla, que es cosa muy española.

Duelo a garrotazos, de Goya. (1820-1823)

Bien, pues disculpad la grosería si me cago en todas ellas y me niego a ser etiquetado de forma tan viejuna como obsoleta. Voy a ver si me explico.

Rojo.

Para empezar, os aseguro que he visto cantidad de series de cirujanos, y puedo jurar por Netflix y Prime que por dentro, todos somos rojos, y cuando alguien no lo es, acaba por diñarla o quedarse tonto. Algún gracioso me dirá que tonto como Pablo Casado, pero resulta que Casado preside un partido político de orden nacional y puede llegar a Presidente de Gobierno. Pensadlo, igual no es un genio, pero tonto, tonto…

Pues resulta que lo de rojo viene de la Revolución Francesa. La bandera roja era la que utilizaba la Guardia Nacional para advertir a los manifestantes de que iba a cargar. El 17 de julio de 1791 se agitó tal bandera, y más de cincuenta manifestantes anti-monárquicos cayeron. Los jacobinos adoptaron entonces la bandera roja como símbolo de la carga del pueblo contra la monarquía.

En 1831 unos manifestantes galeses tiñeron sus banderas con sangre de ternera, luego la adoptaron los bolcheviques, y acabó triunfando como bandera de la Revolución Soviética.

Pero recordad su origen: 1791.

Izquierdista.

Para mí izquierdistas son los zurdos, y yo no soy zurdo, ni lo son la mayoría de los acusados de ser de izquierdas. Además, fijaos en el sesgo sibilino que implica que los de derechas sean diestros, mientras que los zurdos son siniestros. Cuanta mala leche en nombre de la ortodoxia en la lateralidad humana. En fin.

En realidad, los conceptos políticos de izquierda y derecha nacen de una votación en la Asamblea Nacional Constituyente de la Revolución Francesa, celebrada el 28 de agosto de 1789. Se decidía si el Rey tendría en la futura Constitución el derecho de veto sobre las leyes del Parlamento, lo que lo convertía, de facto, en papel mojado. Para facilitar el recuento, los partidarios de introducir ese derecho de veto se situaron a la derecha del presidente de la Asamblea, los contrarios a la izquierda. En la asamblea Legislativa de 1791 esa lateralidad se mantuvo, sentándose a la derecha la gran burguesía, a la izquierda el pueblo llano y la pequeña burguesía, y en el centro los que iban por libre, o sea los liberales que no lo tenían claro.

La tontá ha llegado hasta nuestros tiempos, aunque con variantes. Fijaos por ejemplo en que en España, el Partido Popular no ha querido ceder los escaños de la extrema derecha del hemiciclo a VOX, ni el PSOE los del extremo siniestro para Unidos Podemos. Y ahí lo dejo, pero recordad su origen: 1789.

Progre.

Este siempre me ha divertido mucho, por lo que tiene de imposibilidad tanto física, como ideológica. Veamos, supongo a todo el mundo al tanto de que vivimos en un universo de cuatro dimensiones, tres de ellas espaciales y una temporal. Pues bien, esta última no solo tiene una única dirección que va del pasado al futuro, sino que además permite un único sentido, que es el mencionado. Dicho de otro modo, por más que nos moleste, después del domingo viene siempre el lunes y nunca, nunca, jamás, puede venir un sábado. Tras el uno viene el dos, tras la noche el día, y cada mañana nos levantamos más viejos, por más que Brad Pitt nos quisiera hacer creer lo contrario.

¿Y cómo se denominaría a quienes no creen en la evolución progresista del universo? ¿Retrocedistas? ¿Regresistas? ¿Haciaelpasadadistas? Por tanto, si alguien preguntara si somos Progres, la respuesta es “Pues sí, y tú eres un ignorante físico y metafísico”.

Falta saber de dónde viene en lo político. Pues como siempre, de muy atrás, nada menos que de los progressives británicos de finales del siglo XIX que, frente a los revolucionarios, creían que era posible llegar al socialismo de forma progresiva. La traducción correcta, como opina el articulista de la Wikipedia, habría sido Progresivistas, pero en las lenguas romances Progresista y Progresismo suenan mejor.

Por tanto es un término unas décadas más reciente que los anteriores, pero de todas formas añejo y, en mi modesta opinión, físicamente superfluo e ideológicamente absurdo.

Facha.

Cosas de haber vivido las décadas suficientes, me han llamado todo lo anterior, y también esto otro. Sin embargo, en este caso en particular, puesto que la RAE definía originalmente la facha como mamarracho o adefesio antes de que tuviese sentido añadir la acepción coloquial de ideología política reaccionaria, debo reconocer que algo de razón podrían tener. Pero vamos, ser feo, desaliñado y algo gañán no debería ser motivo para la descalificación política, digo yo.

Ni definirse como conservador, o incluso reaccionario, implica necesariamente ser fascista. Por ejemplo, estoy convencido de que la mayoría de los dirigentes de VOX ni siquiera sabrían definir la doctrina en cuestión.

En cuanto a la palabreja en sí misma, fue un magnífico hallazgo de marketing que permitía equiparar al denostado fascismo con todo aquello que no fuese socialismo o comunismo. Llegó la cosa a un punto que en 1944 el propio George Orwell – nada sospechoso de ser profascista – llegó a escribir:

Credit: Getty Images/Hulton Archive

… Es en la política interna donde el término ha perdido los últimos vestigios de su significado. Por ejemplo si miras la prensa encontrarás que no hay quien —y por supuesto ningún partido político u organización— no haya sido denunciado por ser fascista durante los últimos diez años. (…) Parecería que, tal como se usa, la palabra «fascismo» ha quedado casi totalmente desprovista de sentido. (…) La he oído aplicada a granjeros, tenderos, al Crédito Social, al castigo corporal, a la caza del zorro, a las corridas de toros, al Comité 1922, al Comité 1941, a Kipling, a Gandhi, a Chiang Kai-Shek, a la homosexualidad, a las transmisiones de Priestley, a los albergues juveniles, a la astrología, a las mujeres, a los perros y a no sé cuántas cosas más. (…) Lo más que podemos hacer por el momento es usar la palabra con circunspección y no, como se suele hacer, degradarlo al nivel de una palabrota.​

George Orwell, 1944. What is Fascism?

Para terminar de popularizar la palabreja, solo faltaba que a alguien se le ocurriese acortar la palabra fascista, de tres sílabas, en las dos de facha para triunfar. Lo mismo que han hecho, desde el otro lado del simplismo, al recortar progresista en progre. O eso, o era por ahorrarse en escribir, que es sabido que esa gente no es muy de estudiar, leer y/o escribir.

Por tanto, hablamos de una palabreja fruto del marketing político de principios del siglo XX, que no podría ser anterior porque el fascismo es una reacción a los acuerdos de Versalles tras la Primera Guerra Mundial, y no hubiese tenido sentido antes de 1919. En cualquier caso, el apelativo facha ya ha cumplido el siglo, que no es poco.

En conclusión.

Por tanto, sabed que no soy de izquierdas sino un manazas diestro, sí soy felizmente progresista hasta que la física cuántica llegue un día y me rompa los esquemas, rojo solo lo soy por dentro porque por fuera más bien quedo entre paliducho y blancuzco, y facha… Bueno, a título personal, lo considero un insulto muy injusto, porque no todos podemos ser guapísimos de la muerte.

Enlace Monasterio-Espinosa de los Monteros. Para que luego hablen de fachas, si están divinos.

A más ver.


Referencias:

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