1. El explorador.

Un nuevo cuento para alegrar el fin de semana.


En su cuerpo de unos doscientos cincuenta kilos – aunque él ignora su peso, y, en realidad, también ignora qué es eso del peso – a duras penas cabe tanto orgullo.

Tan joven y ya lo han nombrado explorador.

Vale, es un explorador de categoría ínfima, y le han asignado el nombre de caca-líquida, pero mejor eso que ser un oyes-tú sin función alguna.

Mientras rumia mira de reojo al líder del grupo de exploradores. Hierba-de-primavera es un año mayor que él. Quizás sorprendiera su juventud, pero es lo habitual en su función. Para la exploración solo caben los machos muy rápidos y resistentes. No es este trabajo para maduritos, hembras, o jovenzuelos despistados.

Sospecha que pronto tendrán que iniciar la migración, y cuando ocurra más le vale estar en buena forma porque solo hay una clase de miembro que dure menos que un explorador lento, y es un maduro cojo.

A unos quinientos metros ve una hembra muy joven, casi un cría, que se aleja despreocupadamente hacia el bosquecillo en busca de algún bocado tierno, golosa e inconsciente.

Inicia la carrera hacia ella con la testa baja, bufando con fingida furia. Ella escucha su galope y se detiene, curiosa, hasta que observa la actitud de quien se está acercando y deduce que sería más seguro regresar. Da media vuelta iniciando un trote desganado, provocador, como de lo-hago-porque-quiero-y-no-porque-tú-me-asustes.

El explorador novel se detiene. Observa de lejos el movimiento de las ancas de la hembra, y lo encuentra sensual, pero la época de apareamiento no ha llegado todavía. O no ha llegado todavía para él, según se mire. De todas formas, ella es demasiado joven, piensa para no pensar que él es demasiado joven también, aún lejos de la posibilidad de reproducción en la jerarquía de la manada. En su imaginación, él se ve a sí mismo como un cruce de todos los cazadores que conoce, seres veloces, fuertes, con largas garras y fieros colmillos… Un cruce de león, leopardo y hiena, para entendernos, aunque esos nombres no le digan nada.

No es ninguna de esas cosas. Son delirios de juventud, aunque él ignore por completo qué es un delirio.

Mientras regresa trotando hacia su puesto de vigilancia ve a alguien junto a hierba-de-primavera. ¡Uf! Es nada menos que el líder del Consejo de Ancianos, el primero entre todos, el ejemplar más viejo, aquél que ya se acerca a las treinta primaveras, aunque eso de treinta lo decimos nosotros, porque él también ignora los números.

Lo llaman mata-cazadora-grande porque se enfrentó una vez a una gran come-ñus. La espantó, salvando así a su hembra favorita, a cambio de unas heridas a las que consiguió sobrevivir gracias a la protección de sus pares.

Una hembra que, por cierto, es la madre de explorador-caca-líquida, pero de eso, él nada sabe.

Bueno, vale, en realidad el viejo nunca ha matado a ninguna leona, solo consiguió alejar a aquella, pero no deja de resultar impresionante con las cicatrices que muestra sobre su piel, que los años casi han convertido ya en cuero.

El viejo mata-cazadora-grande ya se aleja hacia otro grupo de exploradores, mientras hierba-de-primavera se aproxima a su posición.

Caca-líquida, iniciamos la migración. La próxima vez que brote la bola de fuego celeste. Lo dejamos sobre el flanco de luz. Guiamos.

El jefe de exploradores ya se aleja.

La migración era de esperar porque el alimento empieza a escasear en la zona, y el caudal del río ha disminuido en los últimos tiempos. Tiempos que no sabe cuánto se han alargado porque no sabe de números, pero que en su mente son bastantes, entre unos pocos y muchos, aunque seguramente más cerca de pocos que de muchos.

Saldrán la próxima vez que aparezca la bola de fuego celeste, lo que significa que aún tiene que desaparecer una vez para aparecer de nuevo. La luz gorda, claro, porque si no desaparece, tampoco puede reaparecer, ¿no? Tal conclusión le parece un potente acto de inteligencia abstracta que aplaude para sí mismo. Lo que no ha pillado es eso de dejar lo que sea sobre el flanco de luz, pero lo único que tiene que hacer es esperar a ver qué hace el líder y orientarse como él.

Genial.

Es listo de testículos. Órganos que, como es sabido, albergan la capacidad de raciocinio. Por eso las hembras son estúpidas y mata-cazadora-grande muy listo.

Se produce un cierto revuelo en el grupo, e intuye que se tratará de algún come-ñus que ronda cerca. A estas horas, probablemente algún grupo de cazadoras-pequeñas, de esas que parece que se ríen, pero no dan risa. Por suerte, no están cerca de su posición, así que le toca lidiar con ello a otro grupo de exploradores.

Camina unos pasos y vuelve a descubrir a la misma hembra de antes que aprovecha el lío que se está organizando con las cazadoras para dirigirse disimuladamente al bosquecillo.

Vuelve a galopar con el aspecto más amenazador que puede componer. La hembra vuelve discretamente su joven grupa hacia él, como si nunca hubiese intentado alejarse.

— Hembra, ¡vuelve a tu lugar en la manada in-me-dia-ta-men-te!

— Vale.

— ¡Te lo ordena un explorador! ¡Obedece!

— Sí, ya el explorador caca-líquida.

Vaya, la hembra sabe cómo le llaman. Se está haciendo famoso.

— ¡Eso es! ¡Honra mi nombre, hembra!

— Lo que tú digas, caca-líquida.

Ella se ha girado hacia él con una mirada mansa que le hace sentir orgulloso de su poder recién adquirido. Aunque no acaba de estar convencido. ¿Por qué tendrá esa sensación de que lo ha burlado?

No, imposible, sin testículos no hay inteligencia, y sin inteligencia no puede haber burla. Eso lo ha escuchado una y otra vez de hembras-madres. Aunque siempre le dio la impresión de que se reían mientras lo decían…

Imposible. Si una hembra no puede humillar a un macho porque eso requeriría una capacidad proporcionada por unos órganos que no tienen, entonces ella no se ha burlado de él, y las madres no reían. Eso es, solo le ha parecido que se burlaba, pero no.

Son manías suyas. Pero si lo son, ¿por qué no se siente aliviado?

Regresa hacia su puesto de vigilancia con una pose gallarda, que provoca la envidia de ejemplares demasiado jóvenes, o demasiado viejos, para ejercer una función relevante en la manada.

En esa manada de ñus que emprenderá la marcha al día siguiente, cuando salga el sol, dejándolo sobre el flanco de luz, signifique ello lo que signifique.


Entrada siguiente.

Un comentario sobre “1. El explorador.

  1. DON BIGARDO, DISCÚLPEME DE NO PODER SEGUIR SUS ÚLTIMOS RELATOS, COMO SOLÍA HACER. Lo lamento de verdad. Para mí es un placer leerlo.
    Espero tiempos más calmados aunque siempre le echo un vistazo.

    Me gusta

Los comentarios están cerrados.

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

Blog del Gran Baladre

Bacineamos de to lo que se menea

Florent Marcellesi

Blog del eurodiputado de EQUO

BlogSOStenible: Noticias medioambientales y datos... aportando soluciones

Ecología, Economía, y Sostenibilidad, desde los países ricos: Aprender, Ayudar y Disfrutar... desde Málaga (España).

Autonomía y Bienvivir

Bacineamos de to lo que se menea

La proa del Argo

Bacineamos de to lo que se menea

Salva Solano Salmerón

Bacineamos de to lo que se menea

Joven Furioso

Escritos, divagaciones y un chancletazo al libre albedrío.

Vota y Calla

No te metas en lo que SÍ te importa

Blog de Gregorio López Sanz

Bacineamos de to lo que se menea

Colectivo Novecento

Blog de economía crítica y pensamiento político

REMEMORACIÓN

Memoria de las víctimas, Historia y Política

Economistas Frente a la Crisis

El pensamiento económico al servicio de los ciudadanos

A %d blogueros les gusta esto: